sábado, 20 de junio de 2015

Tulio



Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Auto retrato  
Antonio Machado.



Tulio nació entre pétalos, mirando las nubes y oyendo cantar a los turpiales y a los tucanes. De eso no hay duda si se mira su discurrir de amor por la vida,  por la tierra, por las gentes de la tierra y por todo lo bueno que en ellas pueda haber.

Su caminar alegre y enérgico lo llevó por sendas que a muchos desconcertaron: la libertad de la muchachada de los 60s, la alegría de las músicas irreverentes de Wooodstok y de Ancón, los acordes de los ídolos de entonces y las melodías del cuarteto de Liverpool y de todos sus imitadores y seguidores. La música, el derrumbe de paradigmas y la construcción de nuevos límites y necesidades, forjaron su carácter para ponerlo en el papel, primero de estudiante y luego de docente en la Universidad. Su paso, a veces mesurado, a veces con asomos de tromba, sacudió los postulados de la Educación Médica y permitió que muchos disfrutáramos de su capacidad de agitar estructuras y derrumbar construcciones herrumbrosas que impedían que la salud en nuestro entorno y los profesionales que formaba la institución, se aproximaran a la ética y la capacidad científica y humanística que se esperaba de los médicos y enfermeras que entregaba a la sociedad. 

Su tremenda cruzada por la honradez, por la efectividad y por la capacidad resolutiva de los médicos, lo llevó a aceptar cargos directivos, no siempre acordes con su sueño y sus metas. Pero allí supo siempre acopiar inteligencia, dedicación y responsabilidad, para entregar resultados que superaban lo esperado.

En medio del caminar por esa agitada senda, sus dos princesas María y Laura, han sabido  acompañarlo y aprovechar al padre que por suerte les tocó. 

De Tulio Marulanda mucho se podría decir sin asomos de exageración, pero baste decir que como en el epígrafe de Antonio Machado, es en el buen sentido de la palabra: bueno!
Quienes hoy disfrutamos de su amistad, de su amor por Diana y de su vida bucólica, hemos aprendido y seguiremos aprendiendo el objeto de vivir.

Desde todos los rincones de su actividad y de su camino, le podemos decir: gracias Tulio. Has sido un ejemplo de vida!



Carlos Ricardo

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en efecto, es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que se separa es, evidentemente, un simple instante. Luego ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien? Ten siempre presente, por tanto, esas dos cosas: una, que todo, desde siempre, se presenta de forma igual y describe los mismos círculos, y nada importa que se contemple lo mismo durante cien años, doscientos o un tiempo indefinido; la otra, que el que ha vivido más tiempo y el que morirá prematuramente, sufren idéntica pérdida. Porque sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder" Marco Aurelio (Meditaciones, Libro II, Gredos, pp. 64-65)

Un abrazo para la familia y los amigos de Tulio.

Óscar A. L.