sábado, 21 de abril de 2012

Las lilas ya no están



Carlos Ricardo


De 1970 tengo el recuerdo del Teatro Olimpia en la calle 19 de Manizales. Íbamos a cine y nos ubicábamos en los balcones operáticos, comiendo chitos y siempre había uno que otro besito entre las parejas de novios de los colegios que eran invitados a esos cines, con fines de recaudo de fondos para excursiones y similares. Habían pasado los años de gloria del bello teatro y ahora distaba mucho de los majestuosos espectáculos que albergó. Unos años después, sus propietarios lo demolieron y juraron prosternados en tierra, que allí harían unos locales provisionales y pronto veríamos otro teatro. De eso hace más de 34 años y siguen los locales provisionales y un parqueadero.

Uno de los lugares más concurridos en el centro de la ciudad, era el Café Caracol Rojo, situado en frente del Banco de la República y paso obligado de las colegialas de varios planteles cercanos. Hoy, luego de ser fraccionado, está ocupado por tiendas de venta de ropa y de zapatos.

Cruzando la carrera 23 y en esa misma cuadra, estaba la Fuente de Soda La Ronda: un aséptico lugar, sede de quinceañeras y aledañas, de las cuales las más avanzadas, lucían un cigarrillo en forma estudiadamente descuidada,  en sus dedos de arregladas uñas. Allí se entraba, sólo si el objeto de nuestro enamoramiento había anunciado su presencia. Ahora, un almacén que alquila vestidos de novia, parece evocar la continuación de las historias de novios.

Pero bueno, para eso de las andanzas de rumba, estaban muchos sitios en la ciudad. : La Cascada, grill en el Parque de Caldas, con luz negra y rincones para enamorados. Hoy es una panadería. Dominó, otra Fuente de Soda cuyo fin fue un incendio: hoy funciona allí otra venta de pollos.

Y claro, no podía faltar la la Alianza Colombo Francesa: un sitio que conocí como sede de conciertos de Rock. Estaba ubicada en el segundo piso de un edificio en frente de la Catedral y del Banco de la República. Los conciertos eran los sábados en la tarde y agrupaban a muchachos y muchachas de los colegios inn y de otros que no lo eran tanto. Abundaba la marihuana y al final, cada uno se iba con su cada una y no puedo contar más. Hoy esa sede de música y excesos, es un pobretón hotel para parejas de paso y para solitarios quedados.

Mis primeros arrestos por el teatro salieron del día que en el Teatro Olimpia presencié la obra  "Soldados", de Carlos José Reyes basada en textos de Álvaro Cepeda Samudio realizada por el Grupo de Teatro de la Universidad de Caldas: a mis escasos años de adolescente en bachillerato, era sorprendente ver a los universitarios haciendo despliegue de creatividad y recuerdo la chillona voz de Lukegi Mejía en el escenario, con Jesaín Idárraga y Ramiro Erasmo Jiménez. De allí a pedir ingreso en el TIM (Teatro Instituto Manizales), con Toño Leiva de Director, pasó poco tiempo.

Pero claro, antes había entrado a estudiar al Instituto Manizales, que funcionaba en un antiguo edificio ubicado a continuación de la Inspección de Permanencia, en donde hoy está la abandonada Terminal de Transportes de Manizales. La pala del progreso acabó con el Instituto en su antigua sede, aunque aún intenta funcionar en la que fue sede del Liceo Femenino Isabel La Católica.

Del teatro surgieron sitios de reunión: la cafetería de Bellas Artes, en donde nos sentábamos a tomar pintadito con tostadas con mantequilla. Eran tenidas de conversación variada, casi siempre de risas y agudezas, que clausuraban la jornada de ensayo de la obra de teatro en ciernes. Los integrantes del Grupo Arpón dejábamos parte de nuestros escasos recursos en la caja registradora del sitio. Esa cafetería aún existe, pero temo que ya no vendan tostadas con mantequilla.

Y a continuación, la cita era en al flamante Repostería La Italiana. Allí Octavio, confeccionador de una inigualable Cassata, respondía en un italiano siciliano a las preguntas que le hacíamos y cuando estaba de mejor humor (lo sabíamos porque aparecía en sus labios algo parecido a una sonrisa) contaba sus recuerdos de la guerra y de cómo su padre abandonó el país nativo por temor a morir a manos de las tropas de Mussolini. Una noche anunció que La Italiana cerraría sus puertas al día siguiente: nada volvimos a saber de Octavio y menos, volvimos a probar la estupenda Cassata. Hoy allí hay una pequeña venta de pollos y lechona tolimense.

Y cuando la agitación política de los 70 vino con más fuerza, la huelga de Única y las movilizaciones estudiantiles y populares se tomaron el centro de Manizales. Y claro, aparecieron los sitios de reunión para comentar los hechos del día. En primer lugar estaba Patilandia un feo local en inmediaciones de la Universidad de Caldas, que acogía desde la pareja en tratos de acercamiento, hasta los grupos de amigos que aupaban su discusión política con el sabor de cervezas y uno que otro blanco. Hoy no hay lugar para ecos, en medio de los fierros y otras cosas de la ferretería que reemplazó a Patilandia.

 Y en el centro de la ciudad, un grupo de maestros despedidos por su actividad sindical, puso a funcionar La Pantera Rosa, una especie de saspelucantina, en donde se redactaban comunicados, se componían y descomponían romances o simplemente se ingerían bebidas embriagantes, sin mas compromiso que ingerirlas. Hoy, una venta de cachivaches chinos y taiwaneses ha dado clausura a cualquier recuerdo de lo que allí pasaba.

Ahora, mayores y ocupados, los recuerdos surgen cuando por accidente pasamos por esos sitios. Pero están tan transformados, que razón tiene Aznavour en lamentar los cambios de París, en La Bohemia. No recuerdo entre mis amigos a algunos que fuera pintor y en  ninguna parte de Manizales había lilas, pero créanme que las he buscado.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dejando a un lado dos o tres lugares de los que mencionas, esta misma ruta de bellas artes hasta el parque Caldas la hicimos, diez años más tarde, con los queridos amigos y compañeros de la Agrupación Teatral la Brecha.

Mario

Anónimo dijo...

buena foto

leta ada dijo...

Una buena poética visual haces Carlos Ricardo, me asiste una añoranza idílica del pasado. Recuerdo también el más antiguo y famoso almacén Artístico donde Don Evelio y sus narrativas de ciudad.

Abrazo para ti.

Mónica