martes, 27 de marzo de 2012

A MODO DE CARTA ABIERTA A WILSON ESCOBAR RAMIREZ, UN DIA ANTES DE CELEBRAR EL DIA INTERNACIONAL DEL teatro – sin mayúsculas-



Manizales, Marzo 26 de 2012
 
Mire Wilson:

En el número 1.000 de PAPEL SALMON (Enero  8 de 2012), editado por el periódico LA PATRIA, se destaca  en las páginas  centrales (4 y 5), su artículo sobre el teatro manizaleño: “ Una escena que se busca”. Creo que los temas y las ideas allí señaladas son un instrumento para participar en una conversación implícita con el lector y así asumo este derecho de réplica, en doble vía. ¿O, no?

Y qué pena pero tengo que comenzar con un calificativo para su escrito, que bien intencionado, supongo, es INCONSISTENTE (así con mayúscula). Y qué puede ser confuso, difuso e impreciso (¿más adjetivos?). Bueno, coherente en lo formal de la presentación y las marcas que se destacan: 1) Fingir el asombro; 2) La obra por hacer; 3) Escena Incontaminada; 4) Investigar el teatro. También podría interpretarlo en las líneas que aproximan datos de su autobiografía como espectador de teatro (25 años, es decir de 1987 a 2012 si nos atenemos a la fecha de publicación de su artículo) ¡Pero qué va!  Es una sutil necedad para entrar en confianza.

En el juego de interpretación me interesan  las “PALABRAS CLAVES”  en las que entreveo una guía para deconstruir (¿se dice así?) su artículo. Veamos: “…butacas – patio de -, vocación,  parrilla internacional, tesitura, factura, despuntar, permear, recalar, fundacional, TEATRO (sic), obra acabada, calidad y altura, sentido integral del arte escénico, teatro contemporáneo, moderno, posdramático, intertexto, fragmentación, multiplicidad, performatividad, imagen electrónica, tradición, legado, memoria…” Bueno, hasta aquí suficiente para señalar que éstas palabras claves indicarían una mirada estética. ¿O, no?  O como dice Hans Thies Lehmann:  “…tales palabras claves no pueden(…) ni ser pertinentes si se las toma individualmente (…)ni,  si se las toma en su globalidad proponer otra cosa más que slogans que resultan demasiado generales o aún designan impresiones muy heterogéneas (en El Teatro posdramático: una introducción)

Empiezo por la frase final del artículo: “…Entre tanto la ciudad seguirá a merced de “obras”, no del TEATRO con mayúscula…”. Original, ¿no? Me puse entonces a la tarea de revisar en los libros sobre teatro que poseo, donde pudiera encontrar el concepto “TEATRO con mayúscula”, y, no encontré. O si, tal vez en Tadeus Kantor (En El teatro de la muerte), pero como marca paratextual (sic), pero no  como concepto. O, no sé si valga el siguiente enunciado de Jorge Dubatti: “…tal vez no el teatro como TEATRO con mayúscula, pero sí como morada habitable; en esencia una micropolítica humana…” (Filosofía del teatro I).  Estoy convencido, por ahora, que no.  Su “TEATRO con mayúscula se teje en incertidumbres,  en raras sospechas, y se confabula, a su pesar, con otras prácticas del desprecio. No creo que su TEATRO, sea el “show business”, el de la supuesta espectacularidad (¿?). Por lo que sé de usted, no lo creo. Con razón Jorge Dubatti proponía cuestionar los usos de la palabra espectáculo, cuando se habla del teatro con minúsculas (digo yo), que bien podría ser “el teatro tosco (Peter Brook), la escena callejera (Bertolt Brecht),  la escena policíaca (que refirió Antonin Artaud), el tercer teatro (Eugenio Barba). A estas alturas ya irás notando la diferencia. O puede ser que no. De manera autocrítica, puedo compartir, y sólo en forma parcial, que estamos a “merced de las obras”. Alguna vez lo he planteado por ahí. Recuerdo que se lo planteé a Pedro Zapata: “…es que nos convertimos en montadores de obras…” y le señalaba otras prácticas necesarias al interior del hacer teatral, como para decir que el teatro funciona de otra manera a una manufacturera, por ejemplo. Déjeme, usted, recordarle una expresión que leí en Cristóbal Peláez (Matacandelas) citando de memoria a Davit Mamet: “…No es el teatro (con  minúscula, provocación mía) el que está enfermo, es la sociedad…”. Y pensándolo bien estas cosas no se resuelven sólo con vocación como también con micropoéticas y micropolíticas. (Sabe usted, en que lugares - Bartis en Argentina y De la Parra en Chile) (Sabe usted, a dónde nos fuimos los de La Brecha cuando nos desplazaron de la sala teatro El Galpón, bajo la complicidad de otros teatristas). (No propiamente a donde quisieron ciertos funcionarios del aparataje universitario).  (Esta si es la memoria tatuada en el cuerpo). Bueno, pero “, entonces podríamos conversar en otro plano y no solo en el de los recursos  de la “modernidad propia del teatro que se ve hoy en la escena mundial”, como lo afirma usted. ¡Ah!. Escena, que por demás está también bastante contaminada como lo sugieren las palabras claves que repito: “…parrilla internacional, tesitura, calidad, facturar, obra acabada, calidad…” (Ay la calidad). O, ¿es que los críticos e investigadores teatrales no se dan cuenta? Yo creo que sí, o por lo menos algunos, y, otros creadores teatrales también. Vea le cito y me especifico:
Ricardo Bartis en “Cancha con niebla”:
“Una idea sería no ilustrar. Es, por otra parte, el gran problema del arte contemporáneo. NO ACEPTAR EL MODELO IDEALISTA DE LA BELLEZA Y LA OBRA TERMINADA (Subrayado mío). No someterse a las reglas del mercado y a las apetencias del público…”
Marco Antonio de la Parra en “Creatividad o caer” :
“Antes venderse era despectivo. Hoy hay que saber venderse. Incluso hay que saber producirse…” Y de esto hay muy buenos ejemplos, ¿verdad? Y contemporáneos, ¿verdad?
Ricardo Piglia en “Notas sobre Brecht” (Revista de Revistas):
“En el fondo los críticos trabajan todos con una ficción teórica. El de un sistema de valores independiente del dinero (…) y el gusto estético no es otra cosa que una sublimación de la capacidad adquisitiva…”. También discutible, ¿verdad?

Eugenio Barba (leído vía internet):
“El teatro es un intento de estar en el río sin dejarse arrastrar por la corriente…”. ¿Sólo palabras?
Jorge Ricci en “Teatro Salvaje” – Epílogo Tardío:
“…que el teatro como todo hecho creador, es un cuerpo en perpetuo movimiento…”, subrayo.

Indica usted la necesidad de INVESTIGAR EL TEATRO. Claro ¡Por supuesto! Es lo que hacemos. Claro que “ENTRONADO AL CONTEXTO SOCIAL Y A FENÓMENOS COMO LA VIOLENCIA “, sugiere usted. Y, ¿cuándo no?  Incluso antes de la época en la que usted se inició espectador atento  (nueva categoría) del teatro, y aún en su época. Vale recordar las memorias de un espectador intensivo (sic), LA FIESTA DE LOS LOCOS (Rubén Darío Zuluaga Gómez), que recoge años de comentarios, críticas y ensayos en el ámbito teatral de Manizales, citado tal cual. O que sospecha usted de “Collage para siete marginados”, “El día de la Ira”, o “La Tortura”, “Espuma y nada más”, “Tiliches” ¿Qué? ¿Serán sólo nombres?  “Medianía sin referencia que afecta a nuestra escena”, connota usted. O, usted se refiere “a los códigos que potencian el teatro contemporáneo, por no decir posdramático…”. Supongo que usted conoce y operativiza, las marcas (mal contadas) que H.T. Lehmann destaca del teatro posdramático, que son en sus palabras “una larga lista de características supuestas para circunscribirlo…”. Digamos, por ejemplo, teatro de la presentación, y por ejemplo, dentro de éste, la narración oral, como alguna de sus variantes.  ¡Complejo!. Y mírelo por este lado, en escritura del mismo H.T. Lehmann, sobre su teatro posdramático: “….y lo que en realidad estaba diciendo, más allá de que no muchos lo notarán era que el desarrollo de hoy del teatro, tiene muchas analogías con el teatro predramático, de la época de la antigüedad…”

Para que vea, la escena local, si está contaminada, si esta permeada. Es que la pregunta en ciernes que usted propone en el artículo, es la misma pregunta floja que he oído que dicen que dio Cristóbal Peláez (Matacandelas). ¿Qué por qué Manizales con Festival Internacional de Teatro como el que tiene, no tiene uno ó dos grupos de calidad?  Ah! ¡La Historia! El ser sujetos históricos nos pesa mucho. Cómo quisieran algunos que no lo fuéramos. Y hay desconocimiento de la historia teatral en Manizales. Sólo historiografía cronológica, datos sueltos, pero no hay discurso. (Verdad, Luis de Tavira). No podemos confundir los momentos de la presencialidad teatral. Hay otras “relaciones externas” que influyen en este proceso de permeabilización y donde vale revisar las políticas culturales del gobierno, los criterios de programación en las salas oficiales y privadas, los criterios de curaduría (hoy por hoy más confundidos con el mercadeo cultural), la selección de espectáculos (perdón, se me salió) para participar de festivales nacionales e internacionales (Beatriz Trastoy en “Miradas críticas sobre el teatro posdramático”) ¡Ay! Cristóbal. Se te olvida aquel cuento que nos contaste de los “bobos encerrados entre montañas”. Se lo recomiendo, Wilson, por supuesto con beneficio de inventario personal. TODO ESTA POR DISCUTIRSE.
Wilson usted como “espectador atento”, (que funge socialmente además como crítico e investigador teatral, docente universitario),  debe recalar más en estos procesos, a profundidad, a visitar y revisitar los trabajos de los grupos de teatro en Manizales. ¿Pues para qué? Hombre, para que se distancie del “mal de la altiplanitis”, que usted nos inició a interpretar en José Vasconcelos, en un artículo que escribiera (usted) para el periódico OPINION, Universidad de Manizales, Número, año, páginas y 5. (Que coincidencia)  “Panorama de hartura y desesperanza cultural”. ¿Será que usted se contaminó de dicho mal? Al parecer, sí.
Unas líneas más….

Sobre “Fingir el asombro”:
Al  que le caiga el guante que se lo chante. Y si nuestra escena local no tiene ni memoria ni tradición ¿de qué teatro hablamos? Hay un apuro en la efimeridad consustancial que significa el hacer teatro, un poco más allá de la vocación tan sosamente anunciada. Legado sin legado, tradición sin tradición. Puff! Qué cosa tan verraca. Eso se me parece a su “TEATRO con mayúsculas”. En la Corporación Colombiana de Teatro, hicimos un corto de cine sobre el movimiento teatral colombiano que dirigió Jorge Pinto, y uno de los personajes hacía esta pregunta:”… Yo soy de aquí y no estoy muy enterado. ¿Entiendo que no tenemos una tradición teatral? “. De lo que se seguía era un chorro de imágenes de los grupos que hacían teatro en el país.

Y para terminar. Hay un texto en la Revista Paso de Gato, No. 34, páginas 20 a 26, que propone por parte de Agustín Elizondo “Vocación escénica y éxodo del teatro”. Me pregunto: ¿no será también la vocación, un camino de la disidencia? (como sugiere barba).

Gracias por su lectura. 

Con mis respetos por su trabajo cultural.

Jairo Gómez Hincapié

2 comentarios:

Anónimo dijo...

esto quiere decir que en manizales falta o sobra teatro?
Bienvenida la polémica que plantea Jairo
Carlo Aldana

Anónimo dijo...

Jairo: En la sociedad de la informacion y de los datos ,de lo ponderal,de lo factible,abrir el espacio para las expresiones teatrales es una necesidad basica, casi fisiologica,
Recibo con emocion leerlo al tomar la problematización que usted plantea de manera que conduzca a repensar el papel de los actores culturales en nuestra querida ciudad . .
Saludo afectuoso desde Cali
Oscar López