domingo, 4 de marzo de 2012

ESCRIBIR EN LA OSCURIDAD


Mario Hernán López B.

Hacer literatura, en medio de conflictos armados, concita reflexiones acerca del papel que cumplen los escritores y su obra. ¿Qué sucede en la obra de un escritor cuando ella se realiza en medio de confrontaciones armadas, de enfrentamientos violentos entre pueblos, de disputas sangrientas que no parecen encontrar salidas? El escritor y ensayista israelí David Grossman (Jerusalén, 1954), hace parte de los narradores que se interrogan sobre los problemas éticos y políticos que acarrea, para la escritura y la vida de un escritor, encontrarse en medio de la guerra. Muchas voces han advertido sobre la influencia de las contingencias de la realidad sobre la escritura, esta influencia puede resultar más determinante cuando la situación del territorio propio resulta ser dolorosa, y, aun más que dolorosa, catastrófica.

 En el libro Escribir en la oscuridad (Mondadori, 2010), David Grossman aborda en seis textos -escritos en tono de conferencias para públicos de distintas latitudes-, lo que ha significado para su vida y obra el vivir en las entrañas del conflicto árabe- israelí. Los ángulos de análisis de Grossman van más allá de las consideraciones histórico-políticas, en su lugar, busca desentrañar el papel que juegan las narrativas en la descripción y comprensión del conflicto; al respecto Grossman dice: “el escritor –tanto si es ensayista, panfletista, artista o novelista, como si habla exclusivamente de los sentimientos del hombre como individuo o se opone al régimen social-, un ser libre que se dirige a otros seres, tiene un único tema: la libertad”. Asumido de esta manera, el trabajo del escritor desborda el estereotipo que liga la tarea creativa a la invención de mundos posibles; leyendo a Grossman es posible reconocer que existe una literatura por fuera de la vanidad, de la megalomanía, y del propio interés, sin que ello signifique vincular el oficio de narrador a las literaturas comprometidas, orgánicas o militantes en las ideologías imperantes. La propuesta es otra: “se trata de atrevernos a liberarnos de las cadenas del yo para conseguir llegar al núcleo de prójimo como tal y allí experimentarlo como el que existe en sí mismo y por sí mismo”.

 Los conflictos violentos persistentes insensibilizan y limitan la facultad de las personas para identificarse con el dolor ajeno: Nos asusta –dice Grossman-, lo que ocurre en el interior del otro; por tanto, la literatura, al detenerse sobre los hechos, al describir y narrar los sucesos, al contar los avatares de la vida cotidiana e introducirse en los pliegues de la existencia, provoca un fenómeno de descubrimiento, de manera que escribir sobre el enemigo, en una situación de conflicto y violencia, significa, en primer lugar, pensar en él. Esta mirada literaria sobre el otro, sobre el enemigo, conduce, según el escritor, a un tipo de libertad: “La libertad de pensar de otro modo, de mirar de manera distinta las situaciones y las personas, aunque sean nuestros enemigos”.

Se deduce, del ensayo de Grossman, un papel activo de la literatura al señalar que ella coadyuva en la elaboración de una ruta útil para reconocer el conflicto de cara a su transformación pacífica; algunas de sus líneas lo confirman:

[La literatura convoca a] Reflexionar sobre el enemigo…comprender al enemigo…observar la realidad desde el punto de vista del enemigo…. Al leer el texto de la realidad con los ojos del enemigo esta se vuelve más compleja y real. Estas son algunas de las cualidades que la literatura puede otorgar a los dirigentes y a los políticos. 

Escribir sobre la realidad es el medio más simple para no ser una víctima –concluye-.   

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mario, habrás visto que cada semana en alguna parte hay una revolución. Hoy, como nunca antes, las posturas extremas corren el riesgo de ser contrastadas de inmediato, la moderación se impone. Quiza sea debido a que las ideas viajan y chocan con otras en materia de segundos. Empleamos mas tiempo viendo y leyendo que afirmando nada, cualquier consistencia o certeza resulta efimera. Mala época para la timidez y los canallas. Parodiando la ultima frase del articulo, se diría tambien que comunicar alguna realidad es el medio para evitar ser solo un testigo indefenso o un blanco facil. Abrazo, German.