Acabo de leer la columna
de Héctor Abad en el Espectador del domingo (Ay Manizales del agua); el artículo
está lleno de frases sobre eso que se conoce como manizaleñismo.
Todas son demoledoras, logran la caricatura que tantas veces hacemos
tomando tinto mientras vemos pasar la lista para cargos públicos y
privados. Más fuertes están sus opiniones sobre el comportamiento de
los ciudadanos ante la crisis del agua (indolentes,
vacíos por dentro, ridículamente resignados); los caldenses, dice, parecen
perros que no se dejan capar dos, sino cien veces.
¿Qué tal si
hablamos sobre esto?
Saludos.
Mario
Manizaleñismo
de marca mayor es que se invite con revuelo a comentar
un texto que no dice nada nuevo, ni mejor dicho que lo ya expuesto en
otros textos compartidos en este grupo por Yayo, Javier Humberto, el
mismo Mario Hernán y yo. ¿El prestigio de la firma hace que la capada
sea más vergonzante?
un texto que no dice nada nuevo, ni mejor dicho que lo ya expuesto en
otros textos compartidos en este grupo por Yayo, Javier Humberto, el
mismo Mario Hernán y yo. ¿El prestigio de la firma hace que la capada
sea más vergonzante?
Paulo Andrés Sánchez.
Considero
que nosotros los ciudadanos estamos permitiendo estos estados alterados tanto
administrativos como ambientales. La inexistencia de carácter ético
responsable por parte de los dirigentes y su malevolencia para atrapar el poder
son factores que se repiten y repiten sin que nosotros propongamos rupturas
políticas, seguimos con las tradiciones (los mismos con los mismos) así
corremos el riesgo de que nos sigan capando mientras que la ciudad se derrumba,
los valores se alteren, las familias se esfumen de manera abrumadora a la
deriva de la naturaleza...perdón, de la administración. Hay que recuperar
el espíritu guerrero que en otros tiempos nos caracterizó.
Leta
Leta
A mí no me
gusta la columna por muchas cosas. Por su estructura y por su desorden, por su
mala leche innecesaria que le resta objetividad, por dos o tres frasecillas
explosivas que me parecen puro adorno.
Me explico:
Lo primero que le dicen a uno cuando le explican qué es una
columna de opinión es que debe referirse a un solo tema y de una sola manera.
Que si uno le mezcla girillos absurdos, soliloquios diletantes, la embarra. Que
si habla de más de una cosa termina hablando de nada. Abad habla de demasiadas
cosas:
1. De lo que piensan en Medellín de los manizaleños.
2. La colonización antioqueña (con "giritos
maricas").
3. La escritura greco-caldense.
4. El orgullo elitista de nuestra ciudad (manizaleñismo que
llaman)
5. El apunte contradictorio y ofensivo de la limpieza y la
risita.
6. La corrupción y la ineptitud política.
7. La desgracia del agua.
8. La elección del continuismo...
...Esta enumeración es solo de los dos primeros
párrafos. Y después sigue que la indiferencia, que la cobardía, que las
vías de Caldas...
En ese mínimo fragmento hay ya una equivocación garrafal o
desenfoque que he notado en mucha gente que escribe desde afuera: pensar y
escribir sobre Manizales y Caldas como si fueran la misma cosa. Es obvio que
hay similitudes inmensas y que se puede jugar con ciertos temas a deducir e
inducir sobre la capital y el departamento, pero no partir de que una
cosa es la otra y de que a la otra se le aplica lo de la una sin chistar.
Manizales tiene sus líos y Caldas, otros. Que algunos
culpables se comparten, listo. Pero no es lo mismo. No es lo mismo el problema
de vías de Caldas que el de la prevención en Manizales. No es lo mismo el
machismo en los pueblos de Caldas que el del desempleo en Manizales. Eso de
generalizar dejémoselo a los demagogos. Que Manizales tiene un gran porcentaje
de colonias de pueblos de Caldas, si, pero en el escenario funcionan distinto,
y las tradiciones que se comparten, ya las conocemos.
Es obvio que hay muchísimas cosas de la columna con las que
estamos de acuerdo y que el llamado a reaccionar es algo que todos compartimos.
Pero la columna me parece pésima, por mal escrita, por mal fundamentada, por
inconexa, por baladí.
Respeto mucho a Abad, pero me parece raterito. Tiene libros
muy logrados (Angosta) y otros muy a medias (Basura). Columnas atinadas y otras
disueltas. Esta en particular me parece malita. Y no lo digo como manizaleño,
lo digo como lector.
P.D. He notado que muy pocos de los integrantes de La Loca
son activos en Twitter. A mi me parece, por el perfil que se percibe de muchos
por acá. que ese sería un canal excelente para estos debates y para poner en
común muchas visiones y perspectivas. En esa Red soy @misaelperalta.
Que siga la discusión.
Saludos,
Misael
No creo que la invitación sea para
criticar la columna, ni para hacer un análisis del manizaleñismo, creo que la
invitación es a hablar de los temas profundos de la ciudad.
Pero igual considero que, aunque nos creamos muy críticos y autocríticos como manizaleños, a veces parece importante que otros nos lo refrieguen en la cara, para volver a evidenciar de otra manera eso que hemos visto tantas veces.
¿No será más bien que el llamado mutuo es a reinventar la crítica en otras formas de acción colectiva?
Ya nos vemos de nuevo.
Pero igual considero que, aunque nos creamos muy críticos y autocríticos como manizaleños, a veces parece importante que otros nos lo refrieguen en la cara, para volver a evidenciar de otra manera eso que hemos visto tantas veces.
¿No será más bien que el llamado mutuo es a reinventar la crítica en otras formas de acción colectiva?
Ya nos vemos de nuevo.
Jorge
Eduardo Alzate
Yo no sé
escribir bien. Todos esos tecnicismos me aterran y mejor me quedaría callado. Eso
es lo que pasa con la mayoría de los colombianos, si no suenas a ministro, no
se te oye bien. Como hablas te tratan. Admiro y disfruto lo alto que Mario
H. ha puesto la vara. Sin embargo, me parece mas importante el respeto, cierta
estética, un debate acogedor e ideas novedosas; a riesgo de que estén mal
enunciadas.
Germán A. Guzmán
Germán A. Guzmán
Sobre la resignación de la gente ante la ineptitud y la
corrupción de sus gobernantes, me parece que Abad tiene razón; la crisis era
una inmejorable oportunidad para ejercer responsabilidades ciudadanas.
Ahora, el comienzo del artículo pareciera
estar respondiendo más a asuntos personales, que ilustrando otros de
trascendencia política. Es razonable considerar que el hombre conozca la
historia de algunas élites que terminaron con sangre azul, pero, por alguna
razón, ha terminado metiendo a todo el mundo en la misma talla. Concluyo con
prudencia que el uso de calificativos puede terminar caldeando aún más los
regionalismos, en lugar de redondear la lección política; considero
que ahí está la fragilidad del artículo.
Me uno a Misael cuando afirma que hablar de
todo es hablar de nada.
Saludos,
Oscar
Arias Londoño
Me confundo un poco porque no sé si
estamos ridículamente resignados... o si lo que escribimos está en el
marco de un rizoma, o, tal vez admitir la mediocridad, el espacio que
tenemos acá, o la pobreza significativa... según Misael.
Leta
Leta
Dábale arroz a la zorra el Abad y viceversa…
No quisieron los
primeros manizaleños heredar la ramplonería y el provincianismo paisa y se
abrieron de puertas al mundo.
Pero se rebelaron en
reversa. En vez de la modernidad importaron las manolas y las manoletinas.
También a Manizales tan
clerical y blanca se le revelaron sus hijas. Pereira les salió morena y
trasnochadora.
Y ni siquiera tiene
puertas.
Manuel
Jiménez.
Más poetas que bueyes
Saludos Mario Hernán. A
propósito del tema propuesto en el artículo escrito por H. Abad quiero
recordar la expresión del cura e historiador oficial de Manizales Pedro
Fabo de María y que hace referencia a la proclive actividad intelectual, literaria
y artística que parece acompañar a los habitantes y fundadores de eta nueva
aldea del sur de Antioquia, en el sentido de tratar de diferenciarse de esa
ralea de montañeros y anclarse en una aldea habitada por
"más Poetas que Bueyes". Hoy seguimos creyendo en este mito y paradójicamente
asistimos a un provincianismo raizal en política cuyos dirigentes van en
acémilas ciberespaciales mientras los ciudadanos seguimos eligiéndolos como si
nada. Seguimos siendo "mediapetacas" y "carangas
resucitadas" en el concierto de los retos actuales, en otras palabras
seguimos siendo como hace más de 150 años "una aldea que se piensa como
ciudad", pero la verdad es que estamos manejados y nos dejamos manejar por
Bueyes. Saludos.
Javier Humberto Arias.
Es probable que la columna tenga
problemas técnicos- no lo sé pues no
es esa una de mis competencias- que el uso exagerado de adverbios le
hagan caer en mismidades, que "confunda" asuntos Caldenses con
Manizalitas...en fin, pero en esencia lo que denuncia Abad lo sabemos
de memoria. Todas esas críticas las hacemos en la academia, en los
bares, en la calle, al calor del café. Pero lo que nos falta es pasar
de la crítica a la acción.
Hay que recordar, por ejemplo, que el siglo XX fue el más prolífico en
teoría y crítica de los derechos humanos y, paradójicamente, el de
mayor índice de violaciones y crímenes de lesa humanidad. Esta
referencia la hago porque considero que nuestro problema en Manizales
es doblemente complejo pues existe una suerte de voluntad implícita en
la dirigencia local, de no avanzar en la crítica, es decir, ocultarlo
todo para no quedar mal ante el "mundo".
La realidad nos avasalla y seguimos aún vociferando en un diálogo de
sordos. Que somos un pueblo domado y súbdito lo demuestran los
resultados electorales. "Fuimos" por 8 años adalides de uno de los más
corruptos gobiernos de Colombia, admiradores de su Presidente
pendenciero y arbitrario. Nuestro complejo de langosta en combinación
con el de avestruz (vaya monstruo) nos ubica como pueblo que todavía
vive en el Medioevo de los particularismos locales. Pero este asunto
no es nuevo, es de siempre. ¿Cuántos de nosotros vamos a los
plantones?, ¿cuántos marchamos para reivindicar derechos? Entiendo que
la crítica sea importante, claro, pero la acción es fundamental.
es esa una de mis competencias- que el uso exagerado de adverbios le
hagan caer en mismidades, que "confunda" asuntos Caldenses con
Manizalitas...en fin, pero en esencia lo que denuncia Abad lo sabemos
de memoria. Todas esas críticas las hacemos en la academia, en los
bares, en la calle, al calor del café. Pero lo que nos falta es pasar
de la crítica a la acción.
Hay que recordar, por ejemplo, que el siglo XX fue el más prolífico en
teoría y crítica de los derechos humanos y, paradójicamente, el de
mayor índice de violaciones y crímenes de lesa humanidad. Esta
referencia la hago porque considero que nuestro problema en Manizales
es doblemente complejo pues existe una suerte de voluntad implícita en
la dirigencia local, de no avanzar en la crítica, es decir, ocultarlo
todo para no quedar mal ante el "mundo".
La realidad nos avasalla y seguimos aún vociferando en un diálogo de
sordos. Que somos un pueblo domado y súbdito lo demuestran los
resultados electorales. "Fuimos" por 8 años adalides de uno de los más
corruptos gobiernos de Colombia, admiradores de su Presidente
pendenciero y arbitrario. Nuestro complejo de langosta en combinación
con el de avestruz (vaya monstruo) nos ubica como pueblo que todavía
vive en el Medioevo de los particularismos locales. Pero este asunto
no es nuevo, es de siempre. ¿Cuántos de nosotros vamos a los
plantones?, ¿cuántos marchamos para reivindicar derechos? Entiendo que
la crítica sea importante, claro, pero la acción es fundamental.
Carlos
Arturo Gallego
Javier Humberto un abrazo
Sí
señor, la vocación poética es una de nuestras taras.
En
1985, todavía llamaban al volcán dizque León Dormido, pero los
dormidos eran ellos que trataban con metáforas circenses a ese lobo con piel de
nieve,
Ese
dragón albino,
Que fumaba
y fumaba como cualquiera de ellos,
Echaba
la ceniza sobre sus techos
Y
escribía poemas de piedra-al-cielo.
(¿Se
nota que soy manizaleño, metaforista y greco-torrita?)
En
1985 el volcán exigió otros poetas. Incandescentes, pesimistas, aburridos,
resentidos, piedros; poetas que bebían Ron Viejo y fumaban bareta, que leían a
Malcom Lowry y escuchaban a Pink Floyd. Mario Duque era uno de ellos.
Ya
había pasado la hora de los pomposos y bucólicos greco-caldenses a quienes el
Loco Jiménez inmortalizó en una de sus diatribas:
Poetas
bebedores /son los greco-caldenses.
De
espíritus entecos y gargantas resecas /
Te
los encuentras siempre do quiera que te metas/
Bebiendo
de mañana el tinto de las grecas/
Bebiendo
por la tarde la tinta de los griegos/
Y
bebiendo de noche, aguardiente antioqueño
Manuel
Jiménez.
Juan Villoro en la ciudad es el cielo
del metro escribe: "Ciudad, lugar para perder la brújula de las
calles y de uno mismo. Babilonia, Sodoma, Babel son otros nombres para
estos paisajes de extravío y de caída. La selva de hierro y argamasa es
un reto moral y recibe las invectivas de "monstruo",
"hiedra", "puta". En sus arrabales sin término el
ciudadano se expone a cautivadoras amenazas; los muros lo aíslan, las máquinas
lo desviven, la muchedumbre borra su rostro, el trabajo lo enajena..."
Leta
Leta

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