martes, 18 de octubre de 2011

EL VUELO DE LA LIBÉLULA




Mario Hernán López Becerra.

Ya es un lugar común afirmar que mundo de los libros cambió radicalmente. A la vista del público informado se están transformando los papeles de los implicados en la producción, comercialización, almacenamiento y uso de los libros. Analistas de todas las latitudes especulan sobre los alcances de la “apocalipsis digital” y sobre la estructura de la nueva galaxia virtual. Son incontables los ensayos y artículos en revistas físicas y electrónicas que dan cuenta de la transformación radical en las formas de acceso a la información escrita y sobre el cierre definitivo de las librerías como lugares en los cuales ocurría un tipo particular de interacción humana, basada en la preferencia común por las ideas consignadas en un artefacto tangible de papel y tinta, físicamente intercambiable.
En Manizales, en lo que va del año, se han cerrado dos librerías y en la de mis afectos la estrategia de sobrevivencia ha sido la de acudir a la energía de los más jóvenes para tratar de enfrentar y sortear positivamente las nuevas condiciones del mercado. No todo lo que ocurre en el mercado se resuelve en el mercado, advierten algunos teóricos de la economía que confían en la capacidad humana (en la potencia de la subjetividad, dirían algunos filósofos) para sobrevivir, crecer y desarrollarse con eficacia en escenarios adversos. Apelando al lenguaje y a las prácticas de la gerencia, se espera que de la mano de los nuevos propietarios la librería Libélula se convierta en un proyecto cultural con múltiples frentes de acción en el cual la venta de libros no usados sea una de sus líneas de negocio. En las actuales circunstancias, me atrevo a señalar que cualquier estrategia adaptativa implica calcular con pragmatismo la tarea comercial convocando nuevos productos y clientes.
Durante una década, de la mano de Pablo, Carolina, Lucy y los dependientes (ahora propietarios), Libélula ha sido una sala cómoda para la conversación; buena parte de mis lecturas de estos años han sido sugerencias abiertas o veladas de la concurrencia. Por más de tres décadas merodeé tímidamente por varias librerías locales hasta llegar a Libélula: la noche que decidí entrar hasta la mesa central Pablo Felipe Arango me ofreció -como si supiera de antemano las preferencias y mi historial de lecturas- las obras de las corrientes críticas que por años había utilizado en el oficio de profesor universitario. Ahora creo que el punto más alto de la conversación entre Pablo y yo, a través de los libros, lo alcanzamos la tarde en que con una sonrisa me recomendó la lectura de Sostiene Pereira, una novela de Antonio Tabucchi en la que dos personajes inolvidables ponen a prueba la capacidad humana para ser solidarios y amorosos a pesar de las heridas abiertas por las disputas políticas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya veremos en unos pocos meses como la generacion siguiente a la de Harry Potter, alardea no solo del numero de canciones y videos que poseen en su cacharro tecnologico, sino como ya he visto a mi alrededor, de chicos mostrando el numero de libros que han bajado y leido "online" asi como de sus innumerables destrezas academicas. Todo ello mucho mas alla del curriculum del salon de clases, quien ya se quedo corto y se dedica solamente a ayudar a los menos aventajados, como debe ser.
German