miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Por qué lo mataron? Enrique Gómez Hurtado. Ediciones B. 2011.



Quince años después de su muerte se hace necesario, cuando para muchos que no lo conocieron es apenas el símbolo del sectarismo, gracias a la imagen que la prensa y ciertos sectores políticos han querido imponer, recordar por qué lo mataron.  Sin duda los afanes de aquella época, las angustias de un gobierno y de sus áulicos por mantenerse en pie y la impresionante lluvia de graves acontecimientos, logró opacar el asesinato del único opositor al régimen. Acostumbrados además como hemos estado a la oposición política que se circunscribe al goce o no del poder, lejos estaba el país, y sigue estándolo, de aquella oposición al régimen.

Alvaro Gómez Hurtado fue asesinado por ese régimen sin duda, pero la orden de su muerte fue impartida por personas que aunque plenamente identificables han sido capaces de evitar su enjuiciamiento.  El bien construido y escrito libro de Enrique Gómez deja en evidencia el afán de los órganos del estado de evitar esclarecer el hecho.  Parece absurdo, pero por supuesto no lo es, el afán que han tenido organismos como la fiscalía, por ejemplo, de evitar seguir la ruta correcta extraviándose con interés dilatorio en las más absurdas teorías.  Quince años después del asesinato solo un hombre que además purga pena por otro delito, es el acusado de ser autor material.  El asesinato de testigos ha sido una constante en el caso, la formulación de tesis absurdas y fantásticas, otra.  En algunos casos con asombroso cinismo se ha pretendido sugerir que la muerte de Gómez es apenas el resultado de las conspiraciones de las que él mismo hacía parte.  No es necesario ser tan imaginativo: Gómez fue asesinado porque era el más fuerte opositor del momento, el más aguerrido, el único reaccionario político.  En los demás solo había complacencia y silencio miedoso. Relata ahora su hermano Enrique los entresijos no descubiertos del caso: la innegable participación de un tal Nacho o La Gorda, jefe ahora del cartel del norte del Valle e intermediario entre la clase política y sus antiguos jefes, los descuidos de los órganos de investigación e inteligencia, el extravío de pruebas, la manipulación hasta la destrucción de otras.  Así las cosas, no caben esperanzas en este asunto. El caso de Gómez es uno de aquellos en los que el país prefiere el silencio, no vaya a ser que al revolver estas cenizas surjan fantasmas inaguantables.

Advierte con acierto el libro que Gómez Hurtado para la época de su muerte tenía la actitud serena, paciente e inteligente propia del reaccionario, sabía que su papel de resistencia ya no estaba en el campo electoral que siempre le fue esquivo, sino en el del periodismo y la escritura.  En una sociedad orgullosa de sí misma y de lo que considera sus logros, obtusa, frívola, inhumana, poco solidaria, prepotente, ocupada, inculta y dominada por el mercado, hacen falta nuevos reaccionarios, pero no se ven, ni se presienten. Y el ejemplo de Gómez Hurtado ha sido bien cubierto bajo un manto de mentiras y tergiversaciones.

Pablo Felipe Arango

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Despues de publicado el libro de Sarah Palin, me vine a enterar que escribir de politiqueria era aun mas facil que las compilaciones que acostumbran los ex-ministros en Colombia. Asi es la cosa: uno contrata un experto, le esboza las ideas y este las plasma con el arte sintactico, gramatical y estilistico del caso. Uno queda como un principe y se vuelve famoso. La veracidad es irrelevante, la etica igual; al final eso vende y punto.

La vida y tradicion de la familia Gomez Hurtado me parece tan siniestra que no me atrae su lectura.

Desencatado, German

Anónimo dijo...

Sobre el tema:

http://www.lapatria.com/story/as%C3%AD-avanza-la-investigaci%C3%B3n-por-el-crimen-de-%C3%A1lvaro-g%C3%B3mez-hurtado