domingo, 18 de septiembre de 2011

EN LAS AGUAS DE MALUCO







Mario Hernán López.


Fotografías de Kevin Toro



Han pasado más de veinte años desde cuando un amigo escritor me recomendó la lectura de una novela sobre la increíble expedición de Fernando de Magallanes por el mar del sur. La novela relata, en una suma afortunada de humor, ironía y oficio literario, un hecho central para las crónicas del descubrimiento: por primera vez una expedición europea logra cruzar en cinco naves el océano atlántico buscando una ruta hacia el pacífico. En un viaje accidentado, cargado de componendas y traiciones, Magallanes se dirige hacia las islas del Maluco por el estrecho que hoy lleva su nombre.

Por años, el personaje de Juanillo Ponce, bufón de la flota, ha hecho parte de las conversaciones y tertulias, eso convierte la novela en un hito capaz de obligar a perseguir a quienes puedan agregar algún dato nuevo, alguna pista sobre el paradero actual del escritor y su sombra, por eso corrí el primer día de festival a entrevistar a Héctor Manuel Vidal, director de la compañía de teatro La Cuarta de Uruguay, y a ver la función de estreno en el auditorio de la Universidad Nacional. La entrevista derivó en una conversación sobre los múltiples sentidos de la novela mientras el espectáculo resultó ser una verdadera celebración del oficio de actor de teatro.
Las adaptaciones de novelas han hecho parte de la trayectoria teatral de Héctor Manuel Vidal, sus trabajos incluyen temas y autores disímiles que comprenden desde clásicos españoles hasta los complejos relatos de Kafka. Vidal cuenta en su historial con montajes como Gatomaquia, El Proceso, Tirano Banderas y Lazarillo de Tormes. “Hay momentos en que alguna novela me mueve algo que no he conseguido en obras de teatro, no porque no las haya, de repente hay momentos en que me planteo ¿y esto en el teatro cómo sería?”.

Sobre el montaje de la novela de Napoleón Baccino, Vidal relata una anécdota en dos tiempos: recuerda que en los inicios de los noventa ya tenía una idea para hacerla como monólogo, el proyecto se truncó en dos ocasiones por el nombramiento como director artístico de la Comedia Nacional. La necesidad de contar con un montaje que acompañara Gatomaquia hizo contemplar de nuevo la idea: “una propuesta que trabajamos con un método tremendamente abierto”, advierte.
Maluco es una novela con enorme rigor e información sobre la historia del viaje de Magallanes que termina con la vuelta al mundo de Sebastián Elcano; Juanillo Ponce teje el relato con una carta al emperador, en la cual reclama su derecho a la pensión, y de paso construye una contra-historia del descubrimiento: “Juanillo, el bufón de la flota, es todo, es chocarrero, es un juglar, tiene algo de la comedia del arte”, pero, al mismo tiempo, señala Vidal, “Juanillo Ponce es una expresión de diferencias de concepción, de clase, de irreverencia, pero también de temor y sumisión para conseguir el dinero, ese es un juego muy atractivo de Baccino y de la novela”.

Los pliegues del poder y los juegos de la traición están en el conflicto central de la obra: “es una historia de conquista y descubrimiento que al irla siguiendo nos lleva por otras conquistas y descubrimientos; por historias de traiciones, de peleas por el poder y traiciones que siguen siendo idénticas”.

Vi la función con el mismo amigo escritor de hace veinte años, coincidimos en que la puesta en escena de Maluco imbrica múltiples tiempos y espacios poniendo a prueba la atención de los espectadores; la obra transcurre por situaciones que se tornan laberínticas, representadas por tres actores de primera línea que han estudiado a cabalidad los lenguajes del bufón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hombre Mario: Saludos.

De las obras que ví en el pasado Festival de Manizales 2011, tuve una grata impresión especialmente de la obra LA CHATITA, del teatro la Llanura de Argentina. Es un teatro de pequeño formato, con los cánones del teatro Becquetiano del absurdo. Personajes a la espera, inventando una realidad para sobreponerse a la real que casi no dice nada y que se captura sólo a través de lo ilógico, y lo aparentemente irrazonable, pero que crea el mundo de asombro que asu vez nos asombra con su lógica interna de sensaciones y metáforas para abstraerse a esta realidad a veces dura e insensata . Tres personajes esperan llegar. A dónde? y una vez lleguen, para qué?. La actuación es la de actores hechos, veteranos, cuya gestualidad y expresión sólo necesita activarse por la sensibilidad y su relación con el público, pues la técnica ya está en su esplendor. No es ese teatro de actores haciendo maromas para agradar, es la economía del gesto, del espacio, de los signos escénicos, que narran en una simultaneidad de sucesos pero que no pierden la temporalidad, el ritmo y el encadenamiento para la lectura escénica de los espectadores. Jorge Ricci, actor, director y dramaturgo, en su edad madura, sigue demostrando que el buen teatro en esencialmente , como lo expresó Peter Brook, un espacio vacío, que se puebla con palabra, acción y sentidos. Buen teatro el que "se escribe en el agua".

Saludos. Javier H.