domingo, 4 de septiembre de 2011

CUANDO LEONARDO FAVIO CANTABA




Mario Hernán López.

Jaimito pasó debajo de la ventana de mi casa con el machete en la mano derecha y la camisa enrollada en el antebrazo izquierdo. Lo vi moverse con agilidad recostando un hombro a la pared y encorvando el tronco hacia adelante, caminaba en las puntas de los zapatos con pasos lentos como de gato a la caza con los ojos puestos en la puerta de la cantina de don Rafael. Nadie se atrevía a decirle Jaimito en la cara, en voz baja la gente del barrio Los Agustinos usaba el diminutivo para acentuar su peligrosidad; era una manera cobardona y ridícula de nombrarlo decía mi padre. Por años había sido el más temido de los malandros que se paraban a calibrar el bolsillo de la gente que pasaba por la esquina más concurrida del sector.

Tenía un par de cicatrices a lado y lado de la espalda como si fueran cordones hechos con soldadura eléctrica. Algunos metros más arriba cambió de anden en tres saltos y quedó a un palmo de la cantina mirando de frente a la concurrencia. Esa noche el lugar estaba lleno de clientes atendidos por dos putas culonas vestidas con faldas muy cortas y ceñidas a sus piernas blancas, varicosas y gruesas, caminaban con pasos corticos y veloces al tiempo que jalaban inútilmente los vestidos para ocultar los calzones. A esa altura de la noche los clientes llevaban más de tres horas de tragos y cigarrillos, buena parte de ellos querían que el viejo Rafael les repitiera algún tango o la canción de Leonardo Favio que por esos días sonaba en los sitios nocturnos desde Arenales hasta Los Agustinos:
-Posiblemente hoy te duela recordar que no supiste ver que te amé de verdad, que todo tiene un fin y que tuve razón cuando te dije no juegues con mi amor, no juegues más.-

Llegó hasta la puerta y se plantó erguido como un guerrero romano. Los menos borrachos recordaron en las indagatorias de la policía sus ojos chispeantes y vidriosos por el veneno en el alma y los vicios de la carne; dijeron que se trataba de un hombre bajito, trigueño y sin camisa que había llegado a desafiar a todo el mundo en el barrio más malevo de la ciudad. Instintivamente el viejo Rafael corrió hasta el sitio de la música, las putas se refugiaron detrás del mostrador, los más cautos le evadieron la mirada al hombre entre hombres, al taita entre matones que con una voz apenas audible los invitaba a salir a la calle, si eran varones.

Las ventanas de las casas vecinas se entreabrieron para dejar pasar dos o tres pares de ojos, varias de ellas se cerraron para ocultar la escena a la mirada de los niños; algunas mujeres corrieron escaleras abajo y al alcanzar las puertas gritaron nombres de hijos, hermanos, padres o maridos encerrados en Magaldi, los vecinos habían bautizado de esa manera la cantina siguiendo una vieja costumbre de denominar los sitios con nombres de cantantes argentinos. Tiempo después, esas mismas mujeres narraron ante los investigadores del caso el momento en que Jaimito empezó a caminar haciendo curvas, con un brazo oculto en la espalda, rastrillando el machete en el piso, sacando chispas como cuando se pasa una hoja metálica por el disco de la pulidora.

A diferencia de otros cuchilleros del barrio, Jaimito no insultaba a sus contrincantes tratándolos de pirobos o vironchas o escupiendo al piso o tratando de putas a sus mujeres. Ahora que tengo tanto tiempo para pensar las cosas y recordar cada detalle, puedo decir que nunca le escuché un solo madrazo, ni siquiera esa noche. Los testigos hablaron de miradas de rabia y desprecio, alguno dijo que alzó la voz para decir “dónde están los hombres que no veo si no muñecos”.

Cuando le correspondió el turno de declarar, el cantinero recordó haber puesto la aguja en cualquier parte de la canción de Leonardo Favio con el volumen más alto que daba el tocadiscos.
  • No juegues más mi amor que el hilo del amor se cortará… posiblemente hoy te duela recordar que no supiste ver que te amé de verdad, que todo tiene un fin. Posiblemente hoy no encuentres un lugar para tu soledad y entonces llorarás…

Desde la ventana vi a mi padre levantarse lentamente de la silla, lo vi desabotonarse la camisa y despedirse de las putas, despicar una botella de cerveza y caminar decidido hasta la puerta de la cantina; lo dije muchas veces en las declaraciones bajo juramento: corrí hasta la cocina, busqué el cuchillo de tajar la carne amolado con la pulidora, cuando salí a la calle Jaimito se preparaba para recibir a mi padre aceptando una pelea desigual de machete contra botella, se lo clavé completo en la espalda justo entre las cicatrices que parecían dos largos cordones de soldadura eléctrica.

9 comentarios:

Tita la mas bonita dijo...

Y hoy corte una flor!!!

Un Besito Marino

Jorge Hernán Arbeláez Pareja dijo...

Excelente, casi veo esos largos cordones en la espalda del malevo...

Anónimo dijo...

Ay las cosas que pueden pasar mientras Leonardo Favio canta....

Ana Maria

Anónimo dijo...

Ni que hubieras vivido en Manrique ...(Medellin), como en la carrera 45 con la 72.Me gustó mucho.
Rodri

Anónimo dijo...

Hummm Mario... me imagine cada detalle narrado y hasta el tamano de la cortada en medio de los dos cordones. Muy buen relato!!!

Alba Lucia

Anónimo dijo...

me sabe a humo de cigarro, milonga, piso de madera y fuego en los ojos., por donde se mire ,
un excelente relato. Saludos
Oscar López

Anónimo dijo...

La grima, esgrima colombiana o esgrima del machete es un deporte y arte marcial practicado en Colombia. Su técnica de combate nada tiene que ver con la occidental, donde el movimiento suele ser rectilíneo. Se trata de una esgrima saltada de arriba y abajo en la que cabe la defensa tanto con el arma como sin ella.

Fue creada durante la época colonial, en el siglo XVIII, por afrocolombianos descendientes de esclavos.1 Es originaria del municipio de Puerto Tejada, en el departamento del Cauca, y se expandió por las zonas de Palmira, Santander de Quilichao, Mazamorrero, Patía, el litoral pacífico hasta espandirce al departamento del Huila. Las técnicas de la grima fueron aplicadas en los combates de la guerra de independencia del país. Actualmente se practica y enseña para promover culturalmente las artes y técnicas de combate y deporte tradicionales. La escuela principal de este deporte se encuentra en su lugar de origen, Puerto Tejada.
[editar] Referencias

↑ Francisco U Zuluaga R. Los "hombres históricos" del Patía o los héroes del tiempo encantado

Un aporte:
Oscar López

Anónimo dijo...

!Me encantó! bien planteado, directo, emocionanate.o dicho me encantó!!!

Anónimo dijo...

Me hacés recordar los tenebrosos duelos que protagonizó El Gitano (el marido de Berta, La Peluda) en Mi Natai, una cantina del Barrio Hoyo Frío, que quedaba a cuadra y media de la subestación de la Chec. Cada vez que ese varón se fajaba con el que se decidiera o se equivocara, el hoyo se calentaba. Ví varios 'ultimate' en directo; no me los contaron.
Óscar Arias