lunes, 1 de agosto de 2011

SABÍA QUE VENDRÍAS



Oscar López Becerra.

Todos estábamos a la espera aquella noche del 20 de Julio de 1985 en Sao Paulo, Brasil. Éramos un puñado de colombianos que temblábamos de emoción anticipándonos al comienzo de la fiesta. Habíamos conseguido llegar por tierra la noche anterior después de un agotador viaje de nueve horas desde Valdivia; estar allí esa noche era el merecido premio a nuestra larga expedición y el cumplimiento en vida de la última voluntad de nuestra amiga y colega Cira (Alcira) Nali. Ella era internista de uno de los más prestigiosos centros médicos de Cali y por esos días afrontaba un drama por culpa de un cáncer en fase de metástasis que tenía su único riñón a punto de fallar; era completamente consiente de las escasas probabilidades de recuperación y decidió, contra todas nuestras absurdas recomendaciones, hacer un último viaje en compañía de la antigua gallada de la universidad. Sabíamos de su determinación, por nada del mundo se perdería del concierto en Brasil de su amado Joesón, “mi paisano, Joe Arroyo”, como lo nombraba desde la juventud en el Barrio Nariño de Cartagena.
Aquel sitio, una discoteca local que tuvo que adelantar varias semanas una remodelación, se vio en la necesidad de demoler las paredes posteriores y tomar a precio de usura el patio de una casa contigua al local para poder acoger la multitud de melómanos y danzantes.
A las once de la noche en punto, los integrantes de La Verdad, la Orquesta de Joe Arroyo, se tomaron el escenario e iniciaron el show con una especie de medley de todas las canciones clásicas del Joe desde el 73. La precisión y el ritmo de la orquesta en los primeros temas fue un anuncio de lo que se venía; Cira no paraba de bailar y al ritmo del piano de Chelito de Castro, el bongó de Carlos Piña y el timbal de Sierra, nos contagió con su contundente soltura de caderas.
Después de la fanfarria y la presentación de los animadores de la noche –los inolvidables Clímaco Pereira y Margot Souza, de Radio Voices Latinas-, Joe Arroyo subió al escenario: detrás de él un sequito de cumbiamba procedente de la depresión momposina y del sur de bolívar, acompañaría el tremendo ritual de iniciación de la fiesta; la danza era una conjunción étnica donde el hombre representa el aporte negro, la mujer la presencia indígena y el vestido la imposición europea; nos sentíamos como si hubiéramos llegado a la luna, como si este momento nos perteneciera desde el día de nacimiento.
No habían trascurrido más de dos minutos desde la llegada del Joe al escenario cuando se acercó hasta nosotros un hombre de tamaño descomunal, vestido de negro, con un brazalete en la manga que decía seguridade en grandes letras amarillas, al ver a Cira Nali le entregó lo que parecía ser una pequeña tarjeta de invitación; con sorpresa Cira leyó el contenido, hizo una mueca de incredulidad y rápidamente guardó la tarjetica entre sus pechos; esa noche nadie se atrevió a preguntarle de qué se trataba el asunto.
Lo que pasó después en la fiesta fue extraordinario: en una especie de danza de conquista amorosa las parejas bailaron en círculos, en dirección contraria a las manecillas del reloj; contagiada, Cira se apropió de un manojo de vela, invitó con gestos delicados a uno de los bailarines y se sumergió en la cumbiamba, a la manera del sentido ritual de origen Chimila (los indígenas de la Costa Atlántica de Colombia, en sus ceremonias fúnebres llevan velas encendidas como símbolo de la luz del más allá, y bailan en circulo alrededor del ataúd en dirección contraria a las manecillas del reloj, preparándose para el viaje sin retorno).
Desde el fondo del local, al terminar la primera parte del concierto, y cuando los asistentes pensábamos que La Verdad se tomaría un descanso después de esa frenética embestida de agitación musical, alguien gritó: “Joe: Dolores tiene un piano”. Joe asintió con su gran cabeza buscando al hombre del grito, luego se dirigió a los asistentes y explicó de manera graciosa por qué incluyó en su disco de 1985 El Piano de Dolores y por qué el bullerengue se ha relacionado con la ceremonia de la iniciación de la jóvenes negras al llegar a la pubertad desde tiempos que se pierden en la memoria de San Basilio de Palenque.
A partir de ese momento los grandes éxitos de la salsa colombiana siguieron uno a uno: La Noche, En Barranquilla me quedo, Rebelión (No Le Pegue a la Negra), Manyoma, y ese sonido con un golpe que tiene soka, salsa, sonidos africanos, cumbia, brisa del mar y un ritmo inédito que nace del Joe -pero que no tengo ni puta idea qué es, según sus propias palabras-. Las descargas de sabor con el Joe y la cumbiamba, mantuvieron el clímax hasta las tres de la madrugada, hora en que salimos de allí rebosando de deleite corporal y placer de la vida. A la mañana siguiente todos abrimos los ojos, excepto Cira.
Durante la madrugada, Cira sufrió una isquemia cerebral, entró en coma y falleció dos noches después en un hospital de Sao Paulo, tomada de la mano de nosotros sus amigos y compañeros de la vida.
Casi 26 años después, los amigos de la Universidad, ahora más calvos, gruñones y menos fiesteros, probablemente cansados de sobrellevar las cargas pesadas y lentas de la jubilación, decidimos reunirnos de nuevo: organizamos un viaje por tierra desde Cali hasta Cartagena, acordamos como un sencillo tributo a nuestra amiga visitar su casa paterna en el barrio Nariño, uno de los mas tradicionales y desheredados de la ciudad.
Nos recibió Irene Adel Nali -la hermana mayor de Cira-, nos recogimos amorosamente en el calor del antejardín, de atardeceres naranjas; Irene nos acogió con el abrazo de oso y la adorable naturalidad del costeño. En algún momento de la velada, en medio de risas y conversaciones desbordadas, se me ocurrió preguntarle en tono jocoso por qué a Cira le encantaba bailar siempre con una vela en la mano aunque se quemara los dedos, moviéndose en circulo en el sentido contrario de las manecillas del reloj, cosa que para nosotros los habitantes del interior era raro; Irene con voz almidonada me contestó: “Echee, eso es cuando la maleta esta lista para el viaje sin retorno“.
Casi al final de la velada, nos mostró un viejo álbum familiar, revisamos una a una las fotografías; en algún momento nos miró con malicia al llegar a una pequeña nota detrás de una tarjeta diminuta, la misma de hace veintitantos años en los tiempos del viaje a Sao Paulo, en la nota se leía claramente: SABÍA QUE VENDRÍAS: EL JOE.
Al día siguiente, el Barrio Nariño de Cartagena, nos despertó con el aviso de que su retoño predilecto, Joe Arroyo, también había iniciado su propio camino sin regreso.


La Rebelión Video en YouTube

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien por esa, tío.

Constitucionalista dijo...

Rica composición: Ritmo, color, pausa y frenesí en la voz del narrador. Vibrantes cadencias en concierto. Rico leerlo Oscar. Bonita bailata la que nos regalas.

Anónimo dijo...

Hermoso escrito de ficción, gran homenaje al Joe. Que tal un vinculo de you tube con una canción del Joe?

Carlos A.

Anónimo dijo...

De Juan Carlos Garay sobre el Joe en semana:

http://www.semana.com/cultura/grande-entre-grandes/161372-3.aspx

Anónimo dijo...

Hola Oscar,

que bueno verte por estos pagos y saborear tu prosa inmersa en los recuerdos del Joe, de los viajes y de este en particular al Brasil con Cira. Un texto hermoso, con la nostalgia de la amiga y la presencia del Joe, en tierras lejanas. Muy sentido y muy bello.

gracias, que vuelvas a escribir u mucha para la loca de la Casa y todos sus lectores,

oscaro,tu tocayo, pues.f.

Anónimo dijo...

Este está muy bien:

http://www.youtube.com/watch?v=m2XmC2o4F6k&feature=related

Elizabeth Cano dijo...

Dejame Felicitarte , que Narracion tan v`ivida lograste en este escrito,
La Narrativa es Impresionante porque logras transportar a los otros desde la emocion paso a paso casi como si tambien estubiera en el lugar y fisica y emocionalmente;
o, sera que mi coneccion es tan grande que lograste tocar fibras en la imaginacion de ambas maneras.
No es facil conectar a los lectores en el lugar y emocion al mismo tiempo eso lo logra un Exelente escritor me recordaste a Garcia Marquez....Un Abrazo