lunes, 4 de julio de 2011

NUEVA YORK CON MEDIA NOVELA




Mario Hernán López.

Volví a caer, recaí en el vicio a pesar de las advertencias de José Fernando Calle y de las promesas que había hecho a los amigos en medio de aguardientes y conversaciones en las cantinas. Una vez más empaqué en el morral una novela cargada de recuentos de violencias, de evocaciones tristes, de repasos a las infamias, alucinaciones y locuras de la historia colombiana. Cada página de 35 muertos (novela de Sergio Álvarez publicada por Alfaguara) es en una nota apresurada en la bitácora escrita por la generación a la que pertenezco; los sucesos políticos y sociales de tres décadas y media van pasando como una revista hecha a partir de la vida de un personaje con mil máscaras.
Leí capítulos en los aviones, en los descansos de las caminatas por museos y bibliotecas, en el Parque Central de Nueva York; fue tema de conversación en las tertulias con migrantes ilegales y con colombianos con papeles al día que han salido corriendo del país víctimas de los asuntos relatados en la media novela de Sergio Álvarez.

RAÚL VALLEJO EN EL METRO
En la feria del libro que se realizó este año en Bogotá el país invitado fue el Ecuador; el pabellón de la muestra, que fue diseñado pensando en la geografía y en la biodiversidad ecuatoriana, albergaba una pequeña oferta de narradores entre los cuales escogí a Raúl Vallejo.
Vallejo, que ha sido un par de veces ministro de educación en el Ecuador y embajador en Colombia desde hace poco tiempo, tiene una producción literaria amplia que abarca novelas y cuentos de extraordinaria factura. El libro de cuentos Opera Prima y otros corazones me acompaña por estos días en los largos recorridos en el metro desde Manhattan hasta Queens; se trata de cuentos breves, con estructuras ingeniosas e historias de fracasos y tristezas, en los cuales se describe buena parte de la vida de la gente que veo viajar agotada, colgada como trastos en las barras metálicas del tren, extenuados por los largos jornales de trabajo cumplidos en un país que no es el suyo. 

LA BIBLIOTECA CENTENARIA
La biblioteca de Nueva York está cumpliendo cien años y ha organizado una programación de lujo para la conmemoración. El edificio es precioso por su arquitectura y diseño interior; la entrada está custodiada por dos leones blancos alrededor de los cuales la gente se acomoda en las tardes para comer algo y conversar. En la parte trasera de la biblioteca un parque acoge estudiantes, lectores ocasionales y paseantes que aprovechan el inicio del verano para exponer al sol las blancuras acumuladas durante meses de frio y oscuridad.
En la primera sala de la biblioteca hay verdaderas joyas de la cultura: un cuaderno de Borges muestra una página escrita a lápiz con letra diminuta; una biblia intacta impresa por Gutenberg recibe al visitante; en un rincón se destaca un ejemplar de la primera edición alemana del libro de Hitler; manuscritos y cartas de Malcon X, de Hemingway, Virginia Woolf y de otras veinte celebridades ponen los pelos de punta a los visitantes.
A una hora en metro, en el área de Queens, se encuentra la biblioteca de Flushing: el lugar de los leones lo ocupan las cocinas exóticas de chinos y coreanos; en cada sala de lectura un policía uniformado vigila el comportamiento de los jóvenes.

EN EL OTRO MUNDO
Vamos pal otro mundo-, dijo sin ganas un familiar de mi mujer mientras nos subíamos al carro que nos llevaría desde Jackson Heights hasta la meca de la civilización occidental. Esa tarde-noche recorrimos Manhattan de norte a sur y de este a oeste; los grandes edificios y los almacenes exclusivos anunciaban mercancías en pantallas gigantes de resolución impecable capaz de provocar epifanías consumistas. En una esquina especialmente populosa, Spiderman lanzaba sus redes para atrapar una pareja de muchachos asiáticos quienes, a su vez, le lanzaban rayos con sus cámaras fotográficas de última generación. 
Caminamos Times Square mirando descrestados los grandes anuncios digitales y la arquitectura de plástico hasta llegar a una esquina en la que tres personas escuchaban a un hombre flaco, de barba rala, que anunciaba, ahora sí, el fin del mundo. Pedía perdón a los transeúntes por haberse equivocado el pasado mes de mayo en el cálculo matemático de la fecha en la que ocurriría el cataclismo total. Ahora si vendrá el gran terremoto, llegará el día del juicio final, gritaba a la poca concurrencia que lo escuchaba, al tiempo que esgrimía una biblia plastificada y una calculadora vieja con la que quería demostrar la precisión científica del cálculo de la hora en la que nos pasarán la cuenta de cobro definitiva.

NIÁGARA SIN EMBRUJO
Una legión de migrantes de la india y de turistas con cámaras, camisas blancas, pelo mono (como diría mi madre) y pantalones cortos, invade los cuatro miradores del costado gringo de las cataratas del Niágara. Los hoteles, restaurantes, casinos y almacenes de baratijas están diseñados y dispuestos 24 horas con parafernalias alucinantes de origen chino para atender la enorme demanda de bienes y servicios que genera la industria turística localizada en la zona de frontera con Canadá.
El paisaje es tremendo: tres cascadas gigantes de agua verdeclara generan una llovizna constante que empapa de pie a cabeza; el estruendo de la caída de agua sobrecoge e intimida; los barcos cruzan llevando pasajeros hasta las entrañas de la cascada mayor. El espectáculo es hermoso pero deja un sabor tristón por la calidad del auditorio: después de tomarse la foto los turistas salen corriendo hasta la siguiente parada del bus, por ninguna parte aparecen los paseantes peludos con olor a yerba. 

3 comentarios:

Tomás David Rubio dijo...

Hace días Christian tradujo una nota de Safran Foer sobre la "biblioteca centenaria". Los leones siempre impactan: http://tresdependientes.blogspot.com/2010/10/cuartos-de-escritores-jonathan-safran.html

Saludos, Mario.

Anónimo dijo...

Verano Rosa:

Por estos dias, Nubia ha llevado sus padres (mis suegros) a ver tal embrujo. Mi suegro, uribista rabioso y por lo mismo ingenuo aunque muy buen tipo, se atrevio a pedir permiso para pasar a ver las cataratas del otro lado. Al fin y al cabo somos los aliados en la lucha contra el terrorismo y el narcotrafico, o no? Y que mejor oportunidad para alabar lo bonito de nuestros paises aliados que semejante lugar tan maravilloso. Simplemente le recordaron, como lo seguiran haciendo con el resto de los colombianos, que en el exterior no se es aliado de nadie y que los titulares y alardes noticiosos no son mas que propaganda del regimen para convencer gente de buen corazon. Sin embargo, muchos de los criminales que se enseñorearon por la casa de Nariño y por las oficinas del DAS poseen pasaporte diplomatico que les permite ir en un plan chevere de ciudadadania global. Pasara rato para que tengamos un "campamento de indigandos" en la plaza de Bolivar capaz de resistir las tanquetas de la caballeria mecanizada.

German

Anónimo dijo...

Tremenda foto, hermano!!!

Óscar A. L.