miércoles, 8 de junio de 2011

PARIS.



OSCAR ROBLEDO HOYOS *

Hacia una hermenéutica parisina.

Algunos recomiendan ir por “arrondisements” (barrios) e irle dedicando a cada uno un día, con almuerzo incluido pero eso sí, tomando el Metro y saliendo a caminar. Una buena guía en la mano para ramonear un poco allí y aquí, tomando de allí y de acá una fachada, una iglesia, la entrada a un museo o asistiendo al caer de la tarde a un concierto. No puede faltar el librito del metro de París y todas sus calles y avenidas. Lo compras en un kiosco, color terracota, regordete, pero no tanto como el de Petete....

Para disfrutar Paris hay que soñarlo antes, acariciarlo con nuestra mente y tocarlo con nuestros sentidos más profundos como el tacto y el oído. Olerlo en sus "boulangeries" (pan bajo el brazo, "la bagette": larga y coriácea) y verlo en sus "Marché aux puces" (Mercado de las pulgas) y sus esquinas de mercados ambulatorios según los días de la semana. No te los pierdas así sea para escuchar el francés de  pan coger, los regateos de las señoras por la lechuga y  la zanahoria, los pescados frescos y los atardeceres opalescentes de frutos rojos.

Sentarse a las orillas de la gran ciudad cuando ya no damos más de las sandalias, aflojarnos los cordones de los zapatos o los tenis es una dicha que aquí sabe a gloria. Nos hace soñar los cuadros beatíficos del Louvre de los grandes pintores venecianos o el Manet o el Corot de los baños públicos. París hay que tomarlo con calma. Hay que tener un "Parisito pequeño"  en el pecho, soñado, con el que hemos amanecido algunos días antes del viaje, Ese Paris nuestro y que manejamos como una muñeca en la mano  o que desmadejamos como una margarita: "Te quiero mucho, poquito, nada"

Ensoñación.
La bruma tenue
Como un despertarse tibio de la leche materna
En una hora incierta,
En un cuasi amanecer del mundo
Cuando los dioses ebrios de su gesta,
Dejando a un lado el barro,
Los gritos y el clímax de la fiesta
Empiezan su retorno
Por los senderos frescos de su creación.

Con los ojos abotagados, idos,
El frio de la calle
Te hace sentir nuevo, sin cansancio:
Avenue Carnot, Paris, para más detalles
Y estrenando pasos después del cataclismo de la partida.

Paris corazón del mundo
Que tienes el gusto de la iniciativa histórica
Y la locura del placer loco
Donde pan, libro y mujer
Danzan las veinticuatro horas sin descanso,
Para que tú dances tu vida
Al son profundo de su corazón tambor.

Los dioses y los hombres
En abrazo cósmico, dando tumbos,
Se hacen guiños centre las cosas y las calles viejas;
El león te asusta echado
Con sus rugidos en Denfert Rochereau,
Un cañón mohoso te espera escondido
Con su bocaza negra
En Saint Paul Le Marais,
Venus se te desnuda en el Louvre
Mientras la Marsellesa desenvaina la espada
Y mil estampidos y mil confundidos ruidos
Te llevan a Waterloo.

Grandeza roja del emperador en los Inválidos,
Vaga sonrisa de la Gioconda
Sobre los muros de lo inmortal,
Fastos y luchas de La Gironde
Con los cuernos de Pompadour,
Roncesvalles,
Versalles,
Amor.

Con vino rojo de brazo de Baco, Ceres y Venus
Llegamos entre las piernas de la señorita Eiffel.

Paris, corazón del mundo.
Ebrios y con racimos de rojas uvas de moscatel
En una búsqueda frenética de la loca felicidad
Vamos dándonos golpes, caídas,
Entre tantas cosas y calles viejas de la ciudad
En la tierra misma de La Fontaine.
(Paris 1970).

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