domingo, 19 de junio de 2011

LOS MENINOS.



OSCAR ROBLEDO HOYOS *
Me gusta la impasividad de los meninos, su arrogancia aherrojada en finas pieles. Su descenso de las nubes como en espumas decadentes en larga fila, estallando una tras otra, a medida que van tocando tierra. Me encanta su despotismo soberbio, su mirada aleve. Tenían que estar los meninos emparentados con la jungla salvaje y el principio depredador como norma esencial de la sobrevivencia. Trasportados a los contornos de la domesticación de este siglo XXI tan mediático, cínico y porquería tenía que ser éste su ambiente natural para lucirse. En este entorno se les ve más hermosos, superada ya la etapa de la barbarie de los ratones, colocados allí simplemente como porcelanas, mis hermosos meninos.

A veces agreden desde la sombra de una esquina de la sala, saltan como resortes de otro mundo o encrespan su cola como la puesta en escena de una pieza del Teatro Negro de Praga, por asustar solamente a los intonsos, de puro artificio, con su fiereza atravesada a brincos sobre el tapete hasta llegar arrítmicos, zigzagueantes y finalmente desmayados a la puerta. Pasan luego del espectáculo, indiferentes.
Me gusta su impunidad ante los asustos provocados y los pequeños infartos de los niños. Sus caras de tercera edad, sus ceños fruncidos y sus golpeteos sobre el piso como sacudiéndose las sandalias como fieles discípulos del nazareno en las puertas de pueblos reacios a Las Bienaventuranzas.

Son mis meninos cortesanos. Viven en estado de gala prolongada. Cuando sale el sol es la fiesta de los bronceos, los certámenes en la playa, la exposición de pieles y el levantamiento de las pesas de sus brazos de aire, como espumas iridiscentes. Lamen lo que está limpio simplemente por demostración espectacular de asepsia para que se diga que son limpios y sanos y para que nadie tenga empacho de sobar sus panzas doradas. Se levantan sin mirar al público, indiferentes de los aplausos, se van como hicieron el show, de puras ganas de dejar la impresión del desprendimiento y el hacer y gesticular solamente por la ligereza del arte, es decir, de construir la belleza como un columpio, por la sola admiración de los mendicantes de cariño o los amantes de las formas perfectas.

Se lamen cuando tienen hambre para indicar que están a punto de severa indigestión, no usan servilleta y menos babero por descuido o la critica a la sociedad vienesa en donde fueron fieramente ignorados porque iban los dómines y las dóminas en la feria mezquina de sus vanidades personales. Es por esto que prefieren los violines alos valses porque les recuerdan sus amores primerizos y andanadas nocturnas en los escenarios encharolados de los cielos, rasos. Un atún en casa es un infierno para su cosmovisión, una invasión a los dominios de su reino que son generalmente los del reino Wagneriano de la perfección apolínea.

¡Oh, el tormento de los atunes destapados, de los ácidos olores derramados sobre sus barbas exquisitas!. El tormento de Sísifo, la espada de Damocles, toda la caja de Pandora extendiendose como nueva plaga egipcíaca, son apenas tonterías para su pena y lenta agonía.

Entonces veo a mis meninos en su justa dimensión de niños, tirados allí, sumisos, implorantes y creyentes de una religión que predica que se vive en los márgenes del tiempo y que una migaja es un reino cuando se tienen los bigotes bien untados.

*.  Sociólogo.
Manizales, junio 15 de 2011.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Uf!!!! Que envidia, Oscaro.
Rodri

Anónimo dijo...

Quiero pensar que el autor de este escrito se estaba refiriendo a los MININOS con (i) y no a los MENINOS.
porque un MENINO es un Caballero de familia noble que desde muy joven entraba en palacio a servir a la reina o a los príncipes. Lapsus calami señor Oscar...

Anónimo dijo...

Pues la verdad es que el diccionario de la REA define a los mininos como gatos y a los meninos tal como lo escribe el anonimo de arriba.

Probablemente Oscaro tenga otra historia.

Saludos.

Mario

Anónimo dijo...

La culpa de esta minicontroversia la tiene el ilustrador del artículo, que nos compara a nosotras con unos gaticos, ni siquiera una gaticas. Ánimo Oscaro tu valentía nos lleva a otros Uff!, uff! uff! uff!
Me puedes llamar Rigo si quieres.
Rodri

Anónimo dijo...

Que pena con la audiencia,

Carlos Ricardo muy querido y querendón no solo de mi sino de nuestros amables lectores me habia advertido del lapsus o la impropiedad idiomatica en la que estaba incurriendo. Sin embargo le dije que era una licencia, que veo no me la ha concedido nadie.

Pido pues excusas a todos los mininos - y - a estas alturas como excusarme con ellas "las mininas" (?)

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Copio para solaz de todos la correspondencia con Ricardo:

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Date: Sun, 19 Jun 2011 17:41:42 -Óscar: no sé si estoy equivocado, pero el termino no es MININOS? Por favor me confirmas si hay equivocación mía. Gracias. Enviado desde mi iPad

OSCAR ROBLEDO HOYOS (osrohho@hotmail.com)
Sent: Sunday, June 19, 2011 5:47:52 PM
To: CARLOS RICARDO ESCOBAR (creo@une.net.co)

Hola Richard,

LO DIGO POR LAS MENINAS DE VELASQUEZ....
LOS MININOS SON LOS GATITOS MUY PEQUEÑITOS.
YO LO DIGO TAMBIEN PARA LOS ADULTONES.... ES UNA LICENCIA MUY PERSONAL....
ORTODOXAMENTE, TIENES RAZON.... PERO EN EL CASO ES UNA LICENCIA, MUY ATREVIDA?... TALVEZ ME TILDEN DE IGNORANTE

PERO, NO IMPORTA.
GRACIAS RICHARD POR LA ADVERTENCIA


SALUDOS
OSCARO.