domingo, 8 de mayo de 2011

SIQUIERA SE MURIERON LOS ABUELOS.



Oscar Robledo Hoyos *


El tejido social colombiano es todo “pus” donde quiera que se le toque, dijo recientemente el presidente. Armando Benedetti anotó que “en el país casi todo funciona mal” (Entrevista  Cecilia Orozco, 19 Febrero  2011) “Lo que la gente no ha querido entender es que yo hago casi todo lo que me da la gana. Me doy esa licencia. No tengo jefe, no atiendo las directivas del partido”. Es por esto que dice parecerse a Nostradamus, pues todo lo que profetiza se cumple al pie de la letra. De allí deriva su irreverencia, el que escoja a sus jefes y no al contrario y tenga la curiosa cualidad de cantarle la tabla al que se le antoje y no sufra del mutismo que se ha apoderado de la sociedad pues todo el mundo anda en componendas o complicidades “de dedo parao” con el político de turno de acuerdo con la intimidatoria ética ciudadana de “Quien no está conmigo está contra mí y… aténgase a las consecuencias”. Las confrontaciones han sido pugnaces, feroces. El, Benedetti, es profeta de lo “ya visto”, de lo que ha sucedido, de lo que está a la vista pero nadie ve por compadrazgos, por “serruchitos en acción”  y otros instrumentales en que nos hemos vuelto expertos a despecho de los grandes y dignos patriarcas que nos precedieron en la sangre. “Siquiera se murieron los abuelos” dijo doloridamente Jorge Robledo Ortiz. Felipe Zuleta decía de Juan Manuel Santos algo parecido durante los días de la campaña presidencial: que lo había tenido todo desde siempre, que escogía sus amigos, que a él iban los presidentes a ofrecerle ministerios, que había tenido siempre a su favor la clase social, los bienes económicos, las influencias, las más altas y exquisitas academias del mundo, en una palabra, todo el poder. No era lo que llamamos “un aparecido” en los clubes sociales o en la alta sociedad bogotana y uno de los “nuevos” en la política y los negocios.

Afortunadamente para su pena no vio el poeta paisa los desastres del diario vivir y sufrir que nos dejaron como legado gobiernos liberales y conservadores. Después de la racha incendiaria de la violencia  todo es demolición y ruinas. Un tsunami tan poderoso como el japonés pasó sobre Colombia en el orden moral e íntimo. Esta semana ha sido el  descubrimiento del “Tolemaida Resort”, a un nivel tal de aberración, que ni siquiera le permitieron al Director del INPEC entrar a ver “las suites” en que se purgaban crímenes de lesa humanidad dijo el mismo Ministro del Interior. La semana pasada un contratista de los Patios de Manizales trasladó más de cien vehículos que estaban allí  a Bogotá para no se sabe qué  negocio pues los argumentos previos a la “brillante” decisión se han desvanecidos en la jungla de las explicaciones. Si esto no es el más burdo abuso de confianza  o estafa, ¿qué lo será en este país del Sagrado Corazón de Jesús?. La Yidis se quedó con el cohecho pero desaparecieron los “cohechantes”; la farsa que montó Luis Guillermo Giraldo Hurtado para el referendo presidencial reeleccionista pasa en silencio con su delictuosa maquinaria clientelar; Agro Ingreso Seguro se ajusta por su parte más débil sin que toque sus diseñadores “de cuello blanco”; es más, éstos han salido a la opinión pública a decir que si volvieran al poder volverían a repartir los dineros de los impuestos de sus conciudadanos entre reinas y modelos de belleza, familias ricas y “menesterosos minifundistas” de fortunas consolidadas, siempre y cuando diligencien bien los formularios, eso sí. De Invercolsa nada volvimos a saber. Los Nule saldrán en siete u ocho años a disfrutar sus fortunas por su patriótica colaboración con la justicia, ¡qué pena de los señores Nule con los trancones en Bogotá para su traslado y la Casa del Director del centro carcelario de La Picota –cuatro cuartos- como prisión!.

La desinstitucionalización del país toca límites de irracionalidad. Todo está por inventarse, todo como para volver a repartir y dar cartas de nuevo en nuestra incipiente democracia. Nada se diga de las condiciones vergonzantes que su “gran aliado” le ha puesto a nuestro presidente para ver si acepta por fin el TLC con nuestro país, taimadamente ¡lo puso a cumplir nuestra constitución!. ¡Qué pena de nuestro presidente y qué rabia, carajo!.

Con razón Gabo fundó Macondo en lo que fuera un día la humilde Aracataca y luego nosotros sobre los valores del catolicismo tradicional de abuelos y abuelas que murieron en olor de santidad levantamos el  negocio del narcotráfico, los carruseles de la corrupción y la politiquería apátrida.

Con toda razón pues exclamó el poeta: “Si quiera se murieron los abuelos sin ver los cascos sobre los jazmines, Si quiera se murieron los abuelos sin  sospechar el vergonzoso eclipse”.


*.            Sociólogo.

 Manizales, Abril 2011.

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