lunes, 30 de mayo de 2011

ERNESTO SÁBATO EN EL VIEJO BARRIO DE LOS AGUSTINOS





Mario Hernán López.

Casi todas las tardes nos reuníamos a conversar después de la jornada del colegio. Nos recostábamos a fumar a escondidas cigarrillo Imperial en una de las esquinas del costado norte de las calles altas del viejo barrio de Los Agustinos. El punto de encuentro era un muro de piedra que sobresalía en la esquina; conversábamos hasta que la lluvia, el frio, la policía o el simple paso del tiempo nos obligaban a correr hasta la casa. Tendríamos trece y doce años cuando Alberto Aldana y yo nos encontramos por primera vez en las calles de un barrio lleno de cantinas concurridas por toda clase de públicos. En aquella época, el barrio era considerado como zona roja de la ciudad, según nos dijo un policía que nos quiso poner presos una noche por el delito de ser jóvenes provenientes de familias pobres.
Carlos era medio sordo de nacimiento; por las pequeñas carnosidades que salían podía advertirse que su oído y oreja izquierda no se habían desarrollado plenamente en razón a alguna afectación congénita; para compensar un poco el asunto siempre se ubicaba al lado izquierdo del interlocutor de turno. Un poco después de cumplir los quince años, la mamá le compró un audífono que no le transformó el carácter tímido, distraído y solitario.
Carlos es el primer escritor que conocí: escribía poemas cargados de humores místicos y cuentos en los que relataba historias de tono policíaco. Alguna tarde, luego de una temporada larga sin encontrarnos en la esquina, apareció con una novela manuscrita y un paquete de cigarrillos; era una novela breve hecha sin respiro con lapicero de tinta de color azul y letra cursiva diminuta. Me la prestó para leerla, esperó sentado en el andén hasta que la terminara y luego la quemó.
Es seguro que el ambiente metafísico y existencialista que se desprende de El Túnel, la célebre novela de Ernesto Sábato, coincide perfectamente con el carácter críptico y misterioso de mi amigo de infancia. Con la misma obsesión que se desprende de los personajes de Sábato, solía relatar la historia del crimen cometido por Juan Pablo Castell. Luego de su paso por El Tunel leyó Abaddón el exterminador y de ahí en adelante siguió la ruta de Thomas Mann y de Camus mientras yo seguía, gracias a la exuberancia contagiosa del realismo fantástico y a la tradición alegre de la familia, por los caminos de la rumba antillana y del frenesí de la gran fiesta salsera en la discoteca Timbalero.
He vuelto a recordar a Carlos Aldana al ver las noticias sobre la muerte de Sábato y la fotografía del cadáver en La Casa de Santos -el lugar donde murió, el 30 de abril pasado, siendo considerado con justicia como uno de los mayores maestros de la literatura en lengua española-, lo volví a ver en sus especulaciones metafísicas que resultaban suicidas e incomprensibles en medio del ambiente bohemio, vicioso y cuchillero que rodeaba nuestra esquina del viejo barrio de Los Agustinos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre Mario : Un relato evocador de esos años ya ausencia en el Barrio Los Agustinos. Repasa en bella fotografías la memoria de una ciudad que poco a poco fue cambiando su piel de pueblo de bahareque a ciudad intermedia de concreto. En ese bello relato me hiciste recordar que yo debía subir por la 18 hasta los tanques de chipre , era mi ruta diaria desde la Escuela Juan XXIII en el sector de los fundadores. Y a eso de las 6 p.m, nos dábamos la vuelta algunos compañeritos de escuela por la revistería de Don Luisito, un hombrecito de baja estatura y algo chonchito que usaba cargaderas de cuero y gafitas cuadradas. Allí descubrí a Tarzàn, El Fantasma, Dick Tracy y como no las Novelas policiacas . Todos en formato de comics. Tambien cerrábamos jornada jugando futbolin, un juego manual de muñequitos de madera que formaban las líneas de dos equipos de fútbol contendores. Ya calle arriba hacia las 7 y 30 p.m, comenzaba el aire de las melodías argentinas del tango , el fox y la milionga en esos pequeños barcitos de orinal junto a la calle. El Berrinche se mezclaba con las bellas voces de Agustín Magaldi, Agustín Irusta , Gardel y en esa época de primera línea los tangos de Pepe Aguirre : Naufragio por ejemplo: Mañana Zarpa un barco tal vez no vuelva más, o ese, muñeca de loZa:ERES MUÑECA DE LOZA CON EL CUERPO DE ASERRIN... Recuerdo quizàs de un primer amor en un rincón de bahareque. Saludos. Javier H. Pdata Felicitaciones por lo de Camilo. Ya empezò a escribir. Qué fantástico. Lo de la palabra que parece un instrumento musical ,él me lo puede explicar? Saludos. Javier H.

Anónimo dijo...

Sábato me remonta a muchas historias de mi vida... todavía no publicables.... pero las historias de Javier el negrito, sus narrativas epocales a través del tango que quedaron en su memoria con nombres propios de los cantantes, de las direcciones de lugares, de los encuentros, de las canciones de Pepe Aguirre el chileno, de verdad que me sorprenden. Envidio mucho los lugares que vivieron y frecuentaron mis amigos, Los Agustinos, San José, El Carmen, mientras que yo como una burguesa me codiaba con ese Barrio llamado Versalles y que menos mal teníamos muy cerca el Barrio "Velz" a mucho honor.

Mónica

Anónimo dijo...

Efectivamente, querido Jairo Gómez, mi amigo de infancia se llama Carlos Alberto Aldana.

Gracias de nuevo.

Mario