domingo, 15 de mayo de 2011

EDUCACION PARA EL RESPETO Y LA CONVIVENCIA: CALIDAD DE EDUCACION


AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Gran revuelo han causado, entre estudiosos de la educación y autoridades educativas, los resultados de las pruebas PISA, poniendo de moda el tema de la evaluación educativa, generando voces preocupadas de docentes y directivos docentes sobre cómo aplicar los estándares y cómo crear indicadores cualitativos de evaluación para mejorar la calidad.
El problema de la calidad de la educación no se reduce a la creación de indicadores. Si creyéramos esto estaríamos repitiendo lo que hizo el gobierno anterior que ante el desempleo creciente, cambió la metodología para medirlo, y las cifras de desempleo bajaron, pero sólo las cifras, no el desempleo.
La sociedad moderna sufre de una crisis de humanidad, de humanismo dirían otros. La soledad, el suicidio creciente, el consumo acelerado de drogas, el egoísmo, la miseria, el hambre, la exclusión, la indiferencia y otros males, permiten inferir lo dicho. El papel de la escuela es humanizar a hombres y mujeres. Hacerlos más sensibles, pensantes y actuantes. Pero hoy nos encontramos con una desarticulación en los ritmos de cambio entre la sociedad y la escuela: mientras que las transformaciones científicas y tecnológicas modifican a ritmos vertiginosos la sociedad, la escuela asume los cambios de manera lenta, retrasada y, a veces, a regañadientes.
Mientras muchos padres y madres de familia, al igual que algunos maestros, creen que la escuela es para disciplinar, para hacer dóciles y sumisos a los estudiantes, para que aprendan y memoricen contenidos mínimos, la sociedad exige individuos que sepan trabajar en equipo, que sean flexibles, creativos, capaces de tomar sus decisiones de manera responsable, como individuos autónomos, que piensen y valoren sus propios actos.
La evaluación educativa debería medir, si esto es posible, que tanto más humano se ha hecho un estudiante. Si ha aprendido a vivir en comunidad, a respetar a los demás y a sí mismo, a vivir en los derechos humanos, a convivir con la naturaleza y con los otros y otras. La evaluación en la escuela debería pasar por indagar por la alegría de aprender, por el interés por el conocimiento, por la felicidad que se siente viviendo en comunidad y siendo solidario.
La deserción escolar tiene que ver con las deficiencias económicas y sociales, con la violencia, con el desplazamiento interno forzado. Pero también, y ahí está un punto a entender, un 30% de los niños y niñas que desertan tienen una percepción de inutilidad y aburrimiento con los estudios. ¿Qué tanto hacemos los maestros para llenar de tedio las aulas y de aburrimiento nuestras clases?
Las pruebas PISA para Colombia indican que la mitad de nuestros estudiantes a los 15 años no tienen capacidad de leer para comprender y trabajar: son analfabetas funcionales. ¿Qué tanto amor y compromiso con la lectura tenemos los maestros y padres de familia? ¿Usted cree que nuestros gobernantes son buenos lectores? El 70% de nuestros estudiantes a los 15 años no puede realizar operaciones matemáticas elementales. El gobierno tontamente cree que con decretos y estándares se superará este problema.
Construir aulas, edificios, polideportivos, bibliotecas y laboratorios es necesario pero no suficiente. La clave de la calidad es la formación integral, continuada y permanente de los docentes, en una sociedad donde los niños tienen menos hermanos, menos padres, menos amigos reales, menos tiempo, menos comunicación y menos afecto.

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