miércoles, 27 de abril de 2011

HABLEMOS EN SERIO¡SE ESTÁN ACABANDO LOS UICHS!




Es un lugar común la exclamación que hacemos casi todos, cuando es referido un hecho bien horrorizante o que supera los niveles de la cotidianidad.: ¡uich!

Esa exclamación es cada vez más frecuente, ante hechos dramáticos propios y ajenos: uich! por los muertos de los narcos en México, uich! por el tsunami en Japón, uich por las inundaciones en la costa y en el interior y desde luego, uich por el lamentable accidente en Sabinas. Como universitarios, a veces pareciera que el mundo que transcurre afuera, es distante y sólo perceptible cuando nos acosa un trancón, vamos al supermercado o estamos en el banco. La Universidad de Caldas, parece terminar exactamente en donde termina físicamente: en sus puertas. Claro, tenemos nuestros propios problemas, nuestras propias necesidades y nuestras propias tragedias, grandes y pequeñas, y todos recurrimos a las gentes que están fuera de la Universidad, para contar de nuestras dificultades: hacemos manifestaciones, hacemos publicaciones, etc. Pero irónicamente, no ocurre lo contrario y menos, con pequeñas excepciones, nos interesamos y nos involucramos seriamente con nuestro entorno.

Pero además, asistimos impávidos a las grandes y graves dificultades que afrontan los habitantes de Caldas: se desploma la economía del otrora feraz norte del Departamento y poco o nada se ha hecho. La producción agrícola y su referente la Seguridad Alimentaria están en juego, pero nada indica acciones que garanticen su consolidación. Se ejecutan obras paquidérmicas y monumentales, como Aeropalestina, la Autopista del Café y nada tenemos que ver con ellas y nada decimos como institución. Se establece contra viento y marea una obra de poca rigurosidad y sospechosa dinámica financiera, como la Comuna San José y poco o nada nos importa, diferente lo anecdótico del sector.

¡Y en la Universidad, seguimos mirándonos la cicatriz umbilical!

Desde hace algún tiempo se ha detectado el cambio importante que de su procedencia tienen los estudiantes: cada vez son menos los de Caldas y más los que vienen de lejanas regiones: los dejos regionales confluyen en caucanos, nariñenses, tolimenses, vallunos y costeños. Para el caso del Programa de Medicina, la proporción de admitidos se ha invertido de 45 caldenses a 15, en la última cohorte, con un comportamiento similar en los períodos precedentes. Estoy verificando en la actualidad los datos de absorción de estudiantes por región en la Universidad y sospecho que no sea muy diferente la situación. Es decir, estamos formando talento humano para otras regiones, porque al parecer, los puntajes ICFES de los estudiantes caldenses no son suficientes para ingresar a la Universidad Oficial. Esa situación se ha detectado desde hace mucho tiempo y nuestra Universidad, con más de un centenar de profesores con postgrado en educación, nada ha hecho por cambiar esa realidad.

En el campo de la Salud, son menos que tímidos los intentos de involucrarnos en los procesos locales y departamentales y ya ni siquiera estamos formando el talento humano necesario para el crecimiento vegetativo del sector.

Creo que el tema debemos hablarlo en serio: somos una Universidad desconectada de su entorno y alejada de su realidad, discutiendo eternamente los mismos temas, con investigadores que con excepciones, crean impacto para sí: mejoran sus ingresos publicando artículos.!

Una Universidad con episodios quintosos de movilizaciones, denuncias, confrontación y similares, que no ha podido superar las cosas malas que la permean del medio social: envidias, rencillas, animadversiones inexplicables. Pero somos también una Universidad con personas normales, que hacen mercado, transitan por la ciudad, intentan transitar por las carreteras, toman tinto y comparten las angustias de sus semejantes. A ellos queremos recurrir: a quienes aman la tierra en que viven, a quienes el dolor de los semejantes, provoca mucho más que un uich!
A esa Universidad, cuyos integrantes acordaron en su misión hace cerca de 15 años: La Universidad de Caldas, en cumplimiento de la función social que corresponde a su naturaleza pública, tiene la misión de generar, apropiar, difundir y aplicar conocimientos, mediante procesos curriculares, investigativos y de proyección, para contribuir a formar integralmente ciudadanos útiles a la sociedad, aportar soluciones a los problemas regionales y nacionales y contribuir al desarrollo sustentable y a la integración del centro-occidente colombiano.

¿Cómo organizarnos y cumplir con la teorizada labor social de la Universidad, que hasta somos capaces de repetir, pero poco podemos aplicar. ¿Cómo ser actores sociales de impacto positivo en nuestra región?
¿Cómo lograr que la próxima generación de caldenses y manizaleños no tenga que irse de una ciudad que es fundamentalmente inhóspita y despedidora?



CARLOS RICARDO ESCOBAR ORTEGA
PROFESOR

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo mismo de antes, tampoco propone nada el articulista. Me sentí como si no hubiese leído nada, como en el "diálogo" de sordos, entrecomillado para liberar de la acusación y con profundo respeto, a quienes viven una disfunción del órgano de la audición, que realmente se comunican.
CREO que sería interesante que revisara su propio pensamiento respecto de lo que dice...para decir algo luego.

Anónimo dijo...

Por estos dias ha circulado en la red un ensayo de Boaventura de Sousa Santos acerca de los retos actuales de la Universidad pública.Boaventura insite en la necesidad de generar pertinencia y legitimidad para sobrevivir a la indiferencia del Estado y responder a los múltiples requerimientos sociales.

Las preguntas de Cr ponen sobre la mesa la triada Desarrollo- Universidad y región, asunto en lo que algunos nos han tomado ventaja.

Anónimo dijo...

Uno de los problemas de la Universidad es la presencia de numerosos sujetos que se las dan de sabelo todo, hasta caminan en el aire; y solo hacen reclamos de lo que debieron hacer los demás. Esto dizque da presencia académica, señorío y respetabilidad.Ojo pues, con los desplazados que invaden la casa de la loca. Llegan tratando mal a los propios. OjO, pues.