viernes, 4 de marzo de 2011

NARRATIVA, CHOVINISMO Y PETULANCIA



Mario Hernán López Becerra.

El regalo era un libro, estaba perfectamente empacado y traía una tarjeta con una dedicatoria cargada de insinuaciones: Porque ya es hora. Abrí el paquete, se trataba de un libro de Raymond Carver. Con ese regalo un querido amigo invitaba a seguir su propia ruta en las lecturas; las mías, que quizá le parecían insólitas, pocas veces habían tenido que ver con los cuentistas gringos.

La idea de vincular la narrativa al estudio de los asuntos sociales y políticos de Colombia me hizo privilegiar desde siempre la lectura de cuentos y novelas de autores locales sobre las literaturas de otras latitudes. El propósito, en ocasiones ingenuo o chovinista, fue escudriñar en ciertos mecanismos de la subjetividad que ayudan a comprender la naturaleza de las emociones y las dinámicas particulares de los procesos sociales y que convierten, en teoría, a los narradores en una fuente de conocimiento sobre las problemáticas de la sociedad y la cultura. Buena parte de los textos académicos que he escrito tienen referencias literarias que pretenden torcerle el cuello a las visiones al mismo tiempo objetivistas y reduccionistas.

El asunto ha funcionado bien hasta ahora salvo por un detalle: como se sabe, buena parte de los narradores son extremadamente vanidosos y proclives a la presunción. Es probable que el ejercicio solitario y el sentido creador en las labores literarias los hagan propensos a la egolatría. La cuestión no pasaría a mayores si no fuera por un par de aspectos: la forma como se apela a la descalificación, al insulto y a la mala leche para desprestigiar los trabajos de sus colegas y la forma velada de menosprecio hacia el resto de los mortales. Resulta del mayor interés examinar las razones por las cuales una afectación humana de esta naturaleza es alimento propicio para la creación, quizá por eso se dice que no suele haber similitud entre escritor y persona.

Un poco agotado por tanta esquizofrenia, decidí seguir la ruta gringa sugerida por mi amigo: busqué en las librerías otros relatos de Carver, los nueve cuentos de Salinger, obras de Paul Auster y de Philip Roth, y atendí recomendaciones para leer a James Thurber y a Ring Lardner. En la reseña que acompaña el libro de cuentos de Lardner aparecen tres líneas que son un oasis: Humorista enemigo de la petulancia, la presunción y la ignorancia arrogante, fue admirado por Hemingway, Scott Fitzgerald o Virginia Woolf, y, durante los años 20, fue uno de los autores más leídos de Norteamérica.





4 comentarios:

constitucionalista dijo...

Es realmente extraño encontrar personas dedicadas a la literatura que separen estas tres expresiones de la vida humana, una de la otra. En Manizales, para no ir lejos (aunque puede estar muy lejos de lo que se llama una ciudad) abundan estos personajes y esas actitudes. Aún peor, las tales son celebradas por aúlicos, por lo general ignaros literarios y son, sin duda, causa de cierto declive en la literatura local y en la promoción de jovenes talentos. Mario´s solo hay uno. Rico texto.

Anónimo dijo...

El escrito es arrogante. Otro culto al ego.

Uriel Hincapié

Anónimo dijo...

Hola Mario. Gracias por el "cuento gringo", muy interesante y bien escrito. El canibalismo literario es preocupante, pero parecería propio de todas las actividades intelectuales. En la justicia también es notorio este mal. Con frecuencia se descalifica el trabajo jurídico de los otros. Tal vez se justificaría como una manera de tratar de "pensar por sí mismo". La verdad es que se siente un gran placer colectivo cuando se destronan los ídolos, o ni siquiera se dejan crecer. Muy pocos salen adelante, y los que finalmente son respetados, poco duran, porque también rápidamente son vilipendiados.
Creo que necesitamos una cultura de generosidad intelectual, y así aprendemos más de todos, y más rápidamente.

William

Anónimo dijo...

Pués que puedo decir la verdad super interesante... hace rato no encontraba algo que atrajera mi atención... que de que artículo me refiero pués a todos por que todos robarón mi tiempo y atrajerón mi atención.