viernes, 25 de marzo de 2011

A Miguel Hernández lo siguen matando






Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

Elegía
Miguel Hernández(Orihuela, 1910 - Alicante, 1942)


En 2010 se conmemoró el centenario del nacimiento del poeta. En su país y en muchos lugares del mundo se recordaron su vida, su obra y, claro que si, su muerte vil como tantas otras durante la guerra civil y el oscuro período que por largos años vivió España.
Coincide esta fecha con el intenso movimiento de víctimas y familiares por la recuperación de la memoria histórica que esclarezca la verdad para quienes pertenecían al bando republicano durante la cruenta y fratricida guerra civil que en sólo tres años devastó a España y dejó como consecuencia una dictadura interminable y un período de oscurantismo y atraso del cual aún quedan rezagos.
Por todo el territorio aparecen fosas con cientos de cadáveres de quienes han sido considerados criminales mientras sus familias eran condenadas al silencio, a la humillación, a la pobreza, a la obligación de convivir y servir -en muchos casos- a sus victimarios. Los muertos republicanos fueron borrados de la memoria por generaciones y sólo había una versión de la historia: la de los ganadores..
Como ocurre en los países que han sufrido guerras y conflictos un imperativo fundamental para la reconstrucción social y para sanar heridas tan dolorosas es el proceso de memoria, enfatizando en que la repación más importante es que se esclarezca la verdad. En España se ha legislado al respecto y cada día se invoca la Ley de Memoria Histórica (ley que sufre ataques permanentes por parte de los partidos de derecha, herederos directos del franquismo); en Cataluña, además, existe la Ley de Fosas y todo una política pública dirigida por un organismo llamado Memorial Democrático.
Apelando a esta base legal la familia de Miguel Hernández inició un caso emblemático -por la importancia del poeta y por las condiciones indignas de su encarcelamiento y de su muerte- en el cual exigen la anulación de una resolución radicalmente injusta por parte de un tribunal ilegítimo. En esta demanda se esgrimen dos argumentos: El primero, que Miguel Hernández era inocente, como demostrarían las notas de recomendación de cuatro justos, amigos del escritor, que se atrevieron a testimoniar que era persona buena y honrada. Y también alegan los familiares del poeta que la Ley de Memoria Histórica plantea un hecho nuevo, al declarar la injusticia de las sentencias que dictaron los ilegítimos tribunales de la represión; el poeta fue condenando a muerte con la imputación de "adhesión a la rebelión".
Ahora resulta que, en el mes de febrero de este año, la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo comunicó el auto por el que se niega a revisar la sentencia del Consejo de Guerra que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández, por el delito de adhesión a la rebelión. Sostienen que la sentencia ha perdido vigencia jurídica.Se frustran así las expectativas que había abierto la Ley de Memoria Histórica sobre la anulación de las sentencias de los tribunales de la represión franquista y de reparación de sus víctimas. Lo primero que sorprende es que la revisión de las resoluciones de los consejos de guerra sea competencia de una sala militar, algo inexplicable. Es la misma sala que ha venido denegando sistemáticamente la revisión de las condenas a muerte pronunciadas por aquellos infratribunales, con base en una falsa seguridad jurídica.
Según se ha explicado por varios juristas, es una estrategia equivocada en la que incurre la Sala del Supremo al señalar que la sentencia tenía un “manifiesto sesgo político e ideológico”. Al mirar de frente al horror no se le puede reconocer racionalidad jurídica alguna. Miguel Hernández era culpable de haber defendido la legalidad democrática, con la palabra, la poesía y la propaganda, frente a los criminales que se habían alzado e impuesto un orden de terror. El gobierno legítimo era el republicano. Entonces, es claro que el poeta no se había rebelado. Ni él ni tantos que fueron condenados; ni tampoco las decenas de miles de personas, hombres y mujeres, asesinadas en aplicación del bando de guerra, ejecuciones extrajudiciales de las que el Estado todavía no ha dado cuenta; (he leído y me he conmovido mucho con el vergonzoso caso de las 17 Rosas de Guillena, mujeres de entre 20 y 70 años fusiladas en octubre del 36, que siguen aguardando en una fosa común de Gerena (Sevilla), ahora localizada, una subvención económica para que sus familiares puedan identificar y recoger sus restos) . Lo esencial es que aquellos consejos de guerra no eran tribunales ni sus sentencias actos de justicia, sino piquetes de verdugos y hechos de barbarie. Como dijo el Tribunal de Núremberg en la causa contra los juristas nazis, “el puñal del asesino se ocultaba bajo la toga del juez”.
Escuché a uno de mis profesores sostener que aquella sentencia carece de vigencia jurídica; como dice la exposición de motivos de la ley, es una constatación simple. La sentencia debió perder toda vigencia cuando el poeta murió en la soledad y la miseria del penal, hace ahora 69 años a causa, no lo olvidemos, de las condiciones infrahumanas del encierro que el Estado fascista impuso a los presos políticos. Hambre, frío y enfermedades, ésas eran las condiciones del encierro para quienes no fueron asesinados por las balas del pelotón de ejecución. La nulidad es la única manera de hacer justicia al condenado, expulsando la sentencia y estableciendo que nunca debió pronunciarse, como primera forma de reparación de un daño inconmensurable. Valga recordar que la pretensión de mantenimiento de las sentencias del terror es antijurídica, no sólo porque ahora lo diga la ley, sino porque no debería haber interés en salvaguardar el "honor" de las instituciones de la dictadura, un Estado ilegal según el derecho internacional.
Lo que aparece de fondo es que un proceso de transición a la democracia como el que ha vivido el pueblo español tiene profundas fisuras si no se incluye la voz de las víctimas y si sigue existiendo una cultura que se resiste a admitir que la instauración de un Estado de derecho ha de representar necesariamente un corte profundo con el orden precedente del Estado policial, como reclama una verdadera cultura de la legalidad democrática.
El proceso no termina. Acompañado por múltiples organizaciones de Derechos Humanos y de memoria histórica, habrá que esperar el pronunciamiento del Tribunal Constitucional o del Tribunal Europeo de Derechos Humanos; si no se estimaran las pretensiones de las víctimas, la decencia pública requerirá de una ley, como en Alemania respecto a los tribunales nazis, que anule las sentencias del horror. El daño causado por la condena a muerte del poeta Miguel Hernández sigue sin reconocimiento ni reparación. La presencia de aquellas sentencias infames compromete no sólo la visión del pasado, sino el presente y el futuro. Porque no son sentencias, sino crímenes de Estado.


María del Rosario Vásquez S.
(Grupo de Acompañamiento psicosocial en procesos de exhumaciones
Postgrado Salud mental en situaciones de violencia política y catástrofes)

5 comentarios:

Yeni Toro dijo...

Hola Mario, te escribe Yeni Toro, la esposa de Jorge Cardona. Espero que te encuentres bien. Mario, me gustaría publicar en tu Blog, tengo algunas notas, como hago para que las leas y me des tu opinión? mi correo es toroyeni@gmail.com. Espero tu respuestas.

Anónimo dijo...

Hola Yeni, (Yayo, disculpa este correo de tono personal en medio del texto). En realidad somos un grupo de personas los que hacemos parte de este blog. Por el correo electrónico te daré las coordenadas para que puedas enviar las notas.

Saludos.

Mario

Anónimo dijo...

En el caso de Andalucía, el debate se ha centrado en los sucesos que rodearon el crimen de García Lorca. Al tiempo que por todas partes se reclama el derecho a la verdad otros hablan del temor a abrir las heridas de la guerra civil.

Una parte de la literatura española se está ocupando del asunto: ahí está, por ejemplo, esa magnífica novela de Javier Cercas (Soldados de Salamina)y el ensayo, del mismo autor, sobre el intento de golpe en 1981 (Anatomía de un instante).

Gracias Yayo.

Mario

Anónimo dijo...

Lo que me compromete en este tema es sentir que es un dolor universal y que las heridas mal curadas, negadas, se gangrenan y dañan a toda la sociedad.
Apendizajes, aprendizajes para aplicar en nuestra matria querida Abrazos, Yayo

Anónimo dijo...

Bonita mujer, apenas me animo a visitar esta blog y me encuentro con la sutileza de tus palabras, me ha encantado leerte, apenas puedo recordar aquel día en el que llegue a cualquier fundación y me regalaste "Balún Canán" la novela de Rosario Castellanos, desde entonces me acompañan nueve estrellas...
te llevo presente