jueves, 20 de enero de 2011

UN BUENOS AIRES, PARA COLOMBIANOS (III)



OSCAR ROBLEDO HOYOS *

LOS LIBROS.

Es delicioso el aire de Buenos Aires por las mañanas. No sé, cierto olor a pan caliente, nuevos caminos entre las amplias avenidas, un cierto presentimiento de hallazgo, entre expedición y llegada. La ciudad desenvuelve su carrusel de sonidos mecánicos, su ulular de rodamiento sordo a la vez lejano y cercano. Un goce salir a caminar su esplendida  y bellísima arquitectura, el emporio de todos los estilos, la juntura de todos los caminos del arte, la escultura y su triunfante arquitectura. Todo Buenos Aires es una bellísima postal extendida. Sus pinceladas urbanísticas al mejor estilo del Haussman  del Bosque de Boulogne; en el Obelisco, en La Facultad de Derecho o la abigarrada cintura de La Plaza de Mayo y la Casa Rosada. Si  nuestra cámara no fuera digital hubiéramos gastado todos los rollos del mundo. Qué bien nos sentimos estrenando ciudad, por no decir que llegando al paraíso. Y los porteños abriendo sus puertas, como siempre, amigables y parlanchines, acogedores, sobre todo con nosotros los colombianos.

Los kioscos hacen el papel de verdaderos centros de difusión cultural. Estaba Buenos Aires en Agosto 2010 si se me permite, “ensaramagado”. Todas las obras del premio Nobel recientemente fallecido. Calle Corrientes, 9 de Julio, Mayo, Florida y Lavalle, todos los kioscos y todas las librerías los recorrimos preguntando por El Diario de Poesía pero, en todos, agotado. Un misterio su edición, sus parteras, su origen, pero sí la certidumbre de que uno de todos días, vuelve. Mucha y buena literatura.  Las librerías de viejo no abundan pero buscando Los Adioses de Onetti nos topamos en la Avenida de Mayo 767 con El Túnel, no el de Sábato, no, una librería de Viejo con libros exóticos hasta el copete. Si, entramos porque lo encontramos ahí en la puerta, exhibido en vitrina, como cogido con pinzas de oro para nuestro solaz y divertimento. Pues no se pudo... El librero pedía la friolera de $600.000 pesos al cambio colombiano, aproximadamente. Pues, claro, era edición príncipe de 1954, como decir una pieza para coleccionistas. Para no salir del todo “blanqueado” encontré un pequeño libro, rarísimo, de Juan Carlos Tedesco (Conceptos de Sociología de la Educación). Muy cerca de allí nos encontramos, siempre en el barrio Monserrat, con La Calesita, otra emblemática librería de la ciudad.

Donde se abre finalmente la rosa de los vientos de los libros es en Calle Corrientes y Florida. En Corrientes las librerías están abiertas al público hasta altas horas de la noche, con promociones fabulosas, al alcance de la mano y autoservicio. Generalmente el librero anda embebido en sus asuntos y no se preocupa si el visitante lee allí y allá, horas enteras. Muchas salas de cine y teatros famosos (ej., El Opera) pero sobre todo ésa presencia deliciosa de las librerías: Dickens, Cúspide, El Aleph, Hernández, Punto y Aparte, El Perseguidor, Losada (todo Jorge Luis Borges; recodemos la colección dedicada a literatura contemponea), Julio Cortázar, Obel Libros, Lorraine, para nombrar algunas. No podemos dejar de mencionar la monumental librería El Ateneo en Santa Fe, “toda una delicia para el amante de las letras”, según palabras de Inmanol Arias y todo un monumento al conocimiento y la escritura. Baste señalar la ingente obra de divulgación de la Editorial Sudamericana fundada en 1939 y de la Editorial Losada, ambas producto de la inmigración de España hacia Buenos Aires que durante la guerra civil se percibía acogedor y abierto  a todas las corrientes del pensamiento. Recorrer estos sitios nos hace caer en cuenta que por Buenos Aires paso un revolcón literario y cultural de dimensiones gigantescas que iluminó Suramérica. Argentina fue pues una segunda patria para España. Empresas editoriales fueron pioneras en su trasplante al medio rioplatense como Emecé, Losada (Amado Alonso, Guillermo de Torre, Luis Jiménez de Asúa y Lorenzo Luzuriaga), Bajel, Santiago Rueda, la misma Sudamericana.

Adicionalmente “Correo del Sur”, “Vuelo de Noche”  y “Piloto de guerra” de Antoine de Saint Exupery dan testimonio de ese inmenso movimiento puesto que volando de noche sobre esta parte del continente se trataba de quitarle ventajas al ferrocarril y la navegación marítima.

Nuestro premio Nobel recordó para la Revista Cambio el envió de Cien Años de Soledad: “A principios de agosto de 1966 Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de San Ángel, en la Ciudad de México, para enviar a Buenos Aires los originales de Cien Años de Soledad. Era un paquete de quinientas noventa cuartillas escritas en máquina a doble espacio y en papel ordinario, y dirigido al director literario de la editorial Sudamericana, Francisco (Paco) Porrúa” 

Si los nexos  culturales del país con el país azteca fueron fuertes y definitivos, los que tuvo Colombia son Argentina, fueron fundamentales.

·         Sociólogo.

Manizales, Enero 2011.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen y sabroso periplo literario, apreciado Oscaro.