sábado, 29 de enero de 2011

Sueño: pequeña Venecia de Colombia

Oscar Robledo Hoyos *


Advierto  que he roto varias veces esta nota. Cuando anduve de bermudas por el pueblo, mejor, por el corregimiento, me sentí  por un momento trasladado a una Venecia que dormía en mi inconsciente  de aguas, de pisadas de turistas sobre la Gran Piazza de San Marcos, las calles angostas, el  clamoreo del agua sobre los andenes, los taxis líquidos, los exquisitos almacenes de fina relojería, de joyería rutilante, perfumería tan sutil que todavía me persiguen sus aromas en la esquina del Palazzo Ducale y las destrezas del vidrio puro que allí compite con el aire y el agua de las cascadas ascendentes como en El Cielo.

Fui poseído por un instante de intensa emoción espiritual y, de regreso al hotel, escribí sobre Capurganá como LA PEQUEÑA VENECIA DE COLOMBIA. Un milagro en plena selva chocoana, el mar incesante, las personas discurriendo entre tenderetes de artesanías, ventas de chanclas y vestidos de baño y deliciosos refrescos, sin música ni algarabía en altoparlantes, la vista de “vaporettos” mecidos discretamente por las olas, el sonido de cascos en la periferia, el sonido ausente- subrayo bien - de automotores. Simplemente el estar, la tarde, la gente y ese Capurganá embrujado, extendido sobre la tarde como una hermosa dama de verano.

Perdóneme el lector, ¡Qué no diría en mi delirio sobre ese Capurganá que me tomó de sorpresa por la garganta y me hizo ver estrellas, virreinatos ñapangos, princesas mulatas, reinas tropicales empoderadas de la piedra milenaria de esa Italia de quimeras renacentistas e imperiales! Evidentemente, al día siguiente quise revivir esa fiesta acuática cómodamente sentado en el balcón que se abría sobre tres palmeras y el mar que latía tendido a sus pies a cinco metros.

¡Uy! .. ¡Qué embarrada!, me dije al leer los primeros párrafos, ¿se me subieron los mostos ayer en la tarde? ¿No fue acaso Venecia epicentro de la élite italiana y europea? Caramba, ¿cómo fue que vi y sentí el deambular delicioso de princesas en noche de carnaval con antifaces, rubias, rutilantes en sus pedrerías orientales!, cuando lo real era nuestra raza mestiza, mulata, negra? Mucho turista ecológico, cierto, de mochila al hombro y otros más pedestres aun, con atroces morrales como potreros extendidos en sus espaldas. Tal vez otros con chanclas de Almacén Agáchese, Calle 19 o Galemba. ¡No, que vaina!.. Y.. rasgue y tire al cesto de la basura.. Qué  horror, ¿Cual Venecia?, ¡Que locura!

Al día siguiente volví a esas calles luego de la gran caminata hacia Satzurro, a analizar el cuerpo del delito literario. Llegué a la esquina de la plaza central, verifiqué el estacionamiento de los caballos-taxis. Estaba Turpial con Don Hugo más flaco que las palmeras del hotel, me saludó Orlando el amante de las aguas y el bosque nativo, estaba Golondrina, una yegua bien cuajada que ahuyentaba histéricamente las moscas con su hermoso pelaje. La ancianita casi ciega a quien le da reflujo el pan caliente también estaba sentadita en la misma parte, afuera de la casa, mirando hacia el vacio del frente y nerviosita cuando sentía ruedas de bicicleta o pisadas de caballos; es decir, todo en orden. Volteé por El Puesto de Policía, volví a ver la Chef de Cocina internacional graduada en El Sena vendiendo llamadas de celular. Volví al Restaurante de las conchas susurrantes con terraza sobre el muelle, de copas de helado y cocteles de rechupete, pero no estaba la negrita de tres años con vestidito de baño como danzarina de ballet que nos pidiera granitos de arroz blanco;  los dos mozalbetes seguían tirando anzuelos entre los cascos de los “vaporettos” (pangas o chalupas).

Me arrepentí entonces de haber rasgado esa nota entusiasta sobre Capurganá. Hoy firmemente arrepentido, he tratado al menos de describir la emoción de esa tarde cuando vi una Venecia empotrada en nuestro Golfo de Urabá de princesas negras, príncipes de abarcas y una raza negra y mestiza hermosa, alegre, que danzaba con el sonajero del viejo mar sobre las playas.
Si Usted es sibarita y gusta de hoteles cinco estrellas Hotel Almar o Las Mañanitas o Tacarcuna. Si es mas cerrero y cimarrón no se pierda Sol y Luna, pregunte por Clara - la encontrara venteando las sábanas – y por la negra Ángela que baila como un yoyo si la invitas a un guaro; por el contrario, si es amante de Natura pero el billete no abunda, acampa en Los Almendros o en cualquier parte que los soldados de Colombia están vigilándote.

Entonces me dije, ¿Porque no tener el sueño de una Venecia en Colombia?

*.            Sociólogo.

Manizales, Enero 22/ 2011.


6 comentarios:

Tita la mas bonita dijo...

Capurgana supera con creces a Venecia! Su naturaleza es única...........................

Un Besito Marino

Anónimo dijo...

Divertida tu nota. Recree mis estancias por allá en esas bellas lejanías...Para que Venecia???? Aquí estamos rebien con Capurgana...o Zapsurro o en El Aguacate o los Almendros...Suficientes y únicos... Bellos parajes...Claro según como tu estés y como este el dia o la noche....
Jorge Ronderose

Anónimo dijo...

Cómo le parece que hace más de 30 años yo tuve la fortuna de ir a Capurganá. Llegué casi de casualidad pues nos dijeron cómo era el caserío pero en esa época no era nada conocido. Me emocioné tanto, que en medio de la rumba de un 31 de diciembre con toda la gente del pueblo (y medio "prendido"), cerré negocio con un negro y le compré un lote espectacular y al mes le mandé pagar.

En ese entonces no había hoteles y el poco turismo era de pura aventura.

Después he viajado varias veces y por eso entiendo perfectamente su "sueño poético".

Entre las cosas que siempre me impactaron está la creencia de que Cristóbal Colón llegó en uno de sus viajes a Sapzurro. Si para uno llegar hoy por hoy significa encontrar ese paraíso, se imagina lo que sería para Colón?
Un abrazo,


DANIEL ARIAS

José María Souza Costa dijo...

Holla
Soy brasileno
Pasei acá leyendo en su espacio agradable, muy bueno con todo carino
Yo tiengo un blogue, estoy lhe invitando la visitar y si posible, seguirmos juntos por ellos
Vamos cambiar información, poesia y la amizad
te espero acá
http://josemariacostaescreveu..blogsspot.com
abrazos

Anónimo dijo...

Oscaro. Visité Capurganá hace veinte años; recuerdo las pangas amarillas de los Indios kunas y el mojón que divide a Colombia de Panamá. Hace unos diez años, en la TV, pasaron una imagen de un par de paramilitares subidos en ese triste símbolo de la división.

Mario

Anónimo dijo...

Lo más bello de Capurganá es la mujer que lleves, solo allí la amarás en el paraiso jamás repetido.
Rodrigo