viernes, 3 de diciembre de 2010

El poeta en la ciudad

OSCAR ROBLEDO HOYOS
 
 
El Poeta muere entre la niebla
Tocando apenas los objetos
Deambula entre los coches erráticos
E intuye entre las luces
El estampido de su muerte.
 
Muere todos los días en las voces limpias
De los pájaros pequeños,
Mientras  pasa la trapeadora de sus versos
Sobre los vómitos de la sangre urbana
 
Extático en las esquinas
Vigilante en los semáforos
Despierto con el último centinela de la cuadra
Solo él agoniza en el llanto del primer infante
Cuando busca el pecho de su madre,
Entonces cae la tarde
Y comienza su noche de cansancio.
 

 
Anda por ahí envuelto en la zozobra
Sin bufandas protectoras
Expuesto a todas las ventiscas
Pide un mendrugo o
Hace dúo con el último llegado
En los buses del desplazamiento.
 
Es triste ver el poeta tan blanco,
Tan lívido y transparente
Que titilan los objetos en su alma
Y las palabras toman el aliento de su boca
Y las vocales estrenan la ortografía
De sus ojos
O el énfasis de sus dedos  y sus brazos flacos
Desparramadas sobre el cuaderno de sus énfasis.
 
Hoy subí la montaña
Con el presentimiento a cada paso
De su presencia en el aire,
A un césped oloroso a pan
A la colmena de un faro encendido entre los arboles
 

 
Fue inútil la espera
Tal vez moría,
Tal vez  nacía nuevamente
Luego del estampido de su muerte.
 
Manizales, Dic 03 de 2010.
 
 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen tono.Gracias