jueves, 11 de noviembre de 2010

Flor del desierto, de Sherry Hormann


Una historia mutilada


Por Misael Peralta

La industria cinematográfica produce cada vez más, y con mayor frecuencia, películas que integran lenguajes, culturas y mensajes diversos. Flor del desierto es una producción que se compone precisamente del conflicto humanitario, político y religioso en Somalia; los actuales y difíciles estándares de belleza, la compleja vida de los inmigrantes en Europa y la reivindicación contemporánea de la mujer, con relación a su esencia y su integridad.

Desde esas múltiples fuentes, la narración se vuelve un relato en constante tránsito de una mujer somalí que intenta sobrevivir en medio del caos que le significa la vida en una gran ciudad (Londres), alejada del peligro que simboliza un posible o necesario retorno a su país de origen.

Su lugar pasa del encierro a la impersonalidad de la multitud y la frialdad de la miseria. Ese primer choque configura un cruce entre su natural curiosidad y el amenazante contexto de un idioma que no comprende muy bien. Lanzada al arrebato de la sociabilidad espontánea, genera lazos que la unen a una forma de vida distinta, donde comprende la necesidad de integrarse a este nuevo sistema. Curiosamente, por su exótica apariencia y su contextura somalí (si, demasiado delgada y ósea, desnutrida y débil) llega al mundo de la moda de la mano de un fotógrafo que se enamora de su perfil. Este salto implica principalmente una llegada al mundo de lo público, desde donde logra vivir de su imagen y narrar una historia de dolor y silencio obligado, a la que la condenó el salvajismo de los rituales femeninos de iniciación de su país.

Así, la película como mezcla de temas logra fusionar una línea interesante, pero queda la pregunta por la unión entre un mensaje y un relato que se separan por tozudez en un intento de amalgamiento, que no funciona.

Cuando ingresamos a la sala de cine esperamos varias cosas. Existen algunas propuestas que explican que todo espectador busca cosas distintas y otras que afirman que casi todos buscamos lo mismo. Sin embargo, hay tres aspectos que pueden considerarse mínimas búsquedas de quien se atreve a gastar dos horas de tiempo frente a una pantalla: todo filme debe intentar provocarnos algo, decirnos algo o no aburrirnos.

En el caso de Flor del desierto, más allá del mensaje, importante y revelador que deja, se resigna la voz narrativa, la intensidad de la trama y algunos personajes secundarios absolutamente encantadores. Es triste pensar que hay que desmenuzar hasta el hartazgo un contenido que llama la atención y que la película resuelve de múltiples maneras durante su desarrollo, dejándolo en un lugar excluyente y apartado, inserto y sobrepuesto en cada espacio de intensidad narrativa.

Recuerdo que en las fábulas de Esopo, había una distancia, un espacio o dos, un título grande, que separaba la moraleja de la historia. En este caso la moraleja se incluye y se camufla sin suerte al interior de la trama, afectándola y deformando su protagonismo.

Flor del desierto conmueve de múltiples maneras al espectador, le dice algo y puede que no lo aburra. El problema es que cuando se separan con regla los efectos y se manejan erróneamente sus proporciones, la fórmula puede no resultar o dejar cierta confusión en las personas que pueden considerar innecesario el aparataje audiovisual para comprometerse con un mensaje que quizá no sepan de donde recuerdan.

Cuando la idea se expone de tantas maneras, el impacto se vuelve menos contundente (porque no se refuerza: se repite) y el espectador corre el peligro de pensar que, quien le cuenta la historia, lo percibe estúpido a priori.

Ficha técnica

Directora: Sherry Hormann.
Guión: Sherry Horman. Basado en la novela autobiográfica de Waris Dirie.
Género: Drama .
Duración: 164 minutos.
Reparto: Liya Kebede (Waris Dirie), Sally Hawkins (Marylin), Timothy Spall (Terry Donaldson), Juliet Stevenson (Lucinda), Craig Parkinson (Neil), Anthony Mackie (Harold), Meera Syal (Pushpa), Soraya Omar-Scego (Waris niña).
Música: Martin Todsharow.
Fotografía: Ken Kelsch.
Edición: Clara Fabry.
Diseño de producción: Jamie Leonard.
Vestuario: Gabriele Binder.
Países: Alemania, Austria y Francia.
Año: 2009.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Por estos dias pude asistir a un ciclo de cine sobre migraciones, es un tema que convoca la atenciòn de los espectadores españoles. En la programación aparecía Paraiso Travel.

Mario

Anónimo dijo...

¿Cuàndo llegarà a Manizales?

Anónimo dijo...

Escenario:Hablando de migraciones, en enero de 2009 en los EEUU vivian 230.00 colombianos residentes legales. En contraste, habian 360.000 cubanos residentes legales, es decir por cada cuatro cubanos que “coronan” hay algo asi como tres colombianos haciendo lo mismo. Poca diferencia. Hay que agregar que los cubanos gozan de un estimulo exclusivo que les brinda soporte economico, proteccion y acogida solamante por el hecho fisico de pisar suelo americano. Finalmente, hay que agregar que los Colombianos no son elegibles para participar en la loteria anual de visas a diferencia de los cubanos, argentinos, bolivianos o venezolanos, entre otros, que si gozan de este derecho. German.