lunes, 11 de octubre de 2010

LA CIUDAD ES HUIDIZA Y SIN MEMORIA

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Oscar Robledo Hoyos. *
Es evidente que si vamos con mapa en mano a reconocer el Bar Próstata Carrera 23 con calle 17 esquina, no lo vamos a conseguir, pues precisamente ahora se construye en sus vísceras un moderno edificio. La ciudad se viste de novedad todos los días en todas sus esquinas y rincones. Camufla con avenidas y fanfarrias coloridas su historia sangrienta de todas las semanas. Nace renovada en los cuatro puntos cardinales. Tira y se encoge, se abigarra o expande, se parte o se ornamenta al ritmo de intereses ocultos que la traman y la urden desde siempre. La ciudad lavó la rosa de sangre de la esquina del parque San José esa mañana en que el novio celoso cosió a puñaladas su muchacha. Pasas casi sobre el cadáver de la joven y ni siquiera levantas el pie. La ciudad olvida los fogonazos detrás del edificio de la Gobernación a las dos de la tarde, cuando cayó exánime el gran veedor de Caldas y Manizales, Orlando Sierra Hernández. La ciudad oculta las presiones y los dolores de los viejos habitantes del Matadero y La Alta Suiza cuando apenas se rumoraba en La Cigarra la posibilidad de una avenida que bien podrían llamarse pomposamente Avenida del Río aunque no hubiera río y no fuera propiamente una avenida. Lo mismo que ahora con el proyecto de Renovación Urbana del Barrio San José que pretende enjaular en relucientes Torres Habitacionales una población que cede su sitio, su hábitat ancestral, a la Estética Urbanística que se impone como si no estuviera comprobado empíricamente con los HLMs (1) parisinos que el Tercer Mundo empieza en esas periferias somnolientas y sucias. Pronto habrá pasado la modernización y la memoria de los habitantes echará una vez mas “un trapito de olvido” sobre los dolores del presente. La ciudad seguirá adelante insensata, casquivana, nombrándose y renombrándose, bautizándose con renovados rituales paganos inventados por ese Gran Señor Don Dinero.

Marqué infructuosamente el número telefónico del amigo que vino a la ciudad en búsqueda de los avances de la ciencia médica. Deduzco que entró definitivamente al ámbito del instrumental insomne de los quirófanos. Había perdido peso de manera notoria los últimos meses. Estaría sin lugar a dudas en un proceso acelerado de desprostatización. Había llegado luego de una socavante enfermedad que se extendió a lo largo de años y meses. Según cuentas aproximadamente tres años. Enfermedad silenciosa y consentida pues mi amigo sabía a cabalidad la procedencia de sus dolores como silencioso era con su esposa pues temía sus recriminaciones y prédicas. Silenciosa porque en su real saber y entender no quería asustar a nadie, hay que dejarlo como constancia. Nunca quiso expresárselo a su conyugue y muchísimo menos la razón de sus inapetencias sexuales, las sudoraciones súbitas, la pérdida acumulada de peso y apetito aún de aquel tocino del cual era “aficionado” y, en fin, de sus rabietas por nada y casi por todo. Además, sufría de aquella ideología rabiosa de viejos que le hacía decir para sus adentros y afueras;

- No voy donde los médicos, caterva de mercachifles enemigos de la vida y los buenos gustos del vivir y del yantar.

- Si vas donde ellos te inventarán una dolencia adicional. Los pobrecitos no hacen sino “pelechar” de las desgracias ajenas.

- Ve a ellos que algo te encontraran de disfuncional y hasta entonces llegará tu vida, por curioso e impertinente.

Me dió lástima el amigo sin próstata. ¿Adonde irá en sus vagancias? Hace unos días encontré cuatro viejos clientes del Bar de pie en la esquina de la calle dieciocho, frente al Edificio Leonidas Londoño. Parados allí, taponando la circulación de los transeúntes, recordando antiguas épocas, riendo “de lo lindo”, me dieron la sensación que flotaban sobre la superficie indiferente de la ciudad como leves corchos en medio de la corriente, envueltos en el torbellino de todos los días, desamparados.

Espero que un estudiante de Administración de Empresas deduzca por análisis de las ciencias sociales aplicadas que el negocio de los prostáticos es un nicho en el mercado de los líquidos y sus ilusiones y recuerdos una promesa de pingües márgenes de ganancia. Espero igualmente que con otros compañeros pioneros abran un cafetín de las características de aquel Bar en los alrededores donde llevar esas próstatas desfallecientes y enormes a tocar las nalgas de rollizas meseras y añorar aquellos años en que tener próstata era una gloria o una proeza ciudadana. ¡Tiempos felices aquellos en que veía a Fernando Robledo! – tesorero del Sena Regional Caldas - con sus amigos al borde de la acera, convivir sin sonrojo, mientras nos decíamos para los adentros: ¡Que viejitos tan frescos y tan bacanos!.

Para rabia de los lectores y depresión del amigo, el Bar Próstata lo cerraron hace quince años. Es más, para mayor despiste, el mencionado Bar nunca existió y si existió fue de manera transitoria y anodina para unos cuantos que así lo designaron en esa precisa esquina sobre la Carrera veintitrés. A mí me lo tuvieron que señalar con el dedo pues no lo creía. Pero cuando vi sus habitantes de todos los días al final de las tardes, todos los días al comienzo de las noches no pude sino pensar que sus habitantes lo adoraban y ahora lo lloran de manera inconsolable.

Lamentablemente, el Bar Próstata Carrera 23 con 17 esquina, ha muerto.



(1). Habitations à loyer modéré, Apartamentos de arrendamiento barato.


* Sociólogo..



Manizales, Octubre 2010.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A propósito esta cita: "Ciudad, lugar para perder la brújula de las calles y de uno mismo. Babilonia, Sodoma, Babel son otros nombres para estos paisajes de extravío y de caída. La selva de hierro y argamaza es un reto moral y recibe las inventivas de "monstruo", "hiedra", "puta". En sus arrabales sin término el ciudadano se expone a cautivadoras amenazas; los muros lo aislan, las máquinas lo desviven, la muchedumbre BORRA su rostro, el trabajo lo enajena..."
Juan Villoro, La ciudad es el cielo del metro.

Mónica