jueves, 5 de agosto de 2010

Los Almuerzos




Mario Hernán López.



Varios días atrás, mientras disfrutábamos de la conversación en el café de Juancho, un amigo hizo una pregunta acerca de las preferencias literarias. Como en las preguntas que hacen los jurados en los reinados de belleza, el amigo quería indagar por aquel libro que llevaríamos a la isla desierta, por los libros de cabecera y por los autores que centran nuestro interés en materia literaria.

-El autor que más me gusta es el próximo-, le respondí sin ninguna pretensión académica.

Para los aficionados a la literatura que dependemos de las sugerencias de los amigos, de las orientaciones de los libreros o de las reseñas en revistas, resulta una delicia anticipada pensar en el próximo autor o título que llegará a las manos como producto de alguna recomendación oportuna –lo que, como es natural, contiene una interpretación psicológica y una invitación a conversar-. En este proceso, la decisión personal en la selección de los libros es reemplazada por un sencillo gesto de recomendación en manos de alguien que sabe de antemano lo que deseo. El mecanismo es además económico, ahorra tiempo, esguinces literarios y dinero.

Por esta vía, en la pasada semana santa, leí Los Almuerzos, una novela de Evelio Rosero Diago publicada por primera vez en el 2001 y luego por Tusquets en el 2009. No deja de ser un acierto que en plena semana santa, en medio de los escándalos de pedofilia, violación al celibato y otras pestes que merodean a la iglesia católica, un querido compañero de trabajo considerara apropiada la lectura de Los Almuerzos: una novela pícara sobre los mundillos que viven las iglesias luego de las misas de seis, de los almuerzos de caridad y de los deseos inevitables de beber y fornicar con ganas en medio de atávicas y tentadoras prohibiciones morales.

Como en otras novelas de Evelio Rosero, Los Almuerzos cuenta una historia relacionada con temáticas de origen popular, de vidas sencillas por las que pasa el país descalzo en medio de los conflictos sociales y políticos. Es una novela al mismo tiempo local y universal, escrita sin la estridencia de los narradores que se acostumbraron a contar relatos truculentos de drogadictos, putas y sicarios.

Al terminar la lectura, el sabor del buen final parecía anunciar también el próximo libro, que con seguridad ya está reportado en el inagotable inventario del librero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El vuelo de una falda puede llevarse algo más que el sombrero.
ÓAL

Anónimo dijo...

Conocemos del asunto. Mi querido Oscar.

Un abrazo siempre.

Mario

Anónimo dijo...

Creo que Rosero es el mejor escritor colombiano ahora y no está cargado de la publicidad que busca la mayoría

Anónimo dijo...

Sobre Evelio Rosero en esta dirección:

http://www.lecturalia.com/autor/1553/evelio-rosero