lunes, 19 de julio de 2010

Madrugón con tumbao




Óscar Arias Londoño
Domingo, cinco y veinte de la mañana. Me despierto con ruidos que no alcanzo a distinguir si son de pólvora o de balas. Es la primera tanda y le grito a todos que no se vayan a asomar por la ventana. Tensa pausa y espera. Sonido de sirenas al fondo y comienza la segunda. Gritos de combate, patrullas de la policía y disparos procedentes de armas distintas. No se distingue el ritmo del concierto; parece un free pum. Resulta angustiante el filoso silbido de las balas que pasan cerca y congelan la sangre. Silencios.
Seis de la mañana. Comienza la misa en la pequeña capilla del barrio. Mientras el cura, dos monaguillos y cinco feligreses elevan al cielo cánticos de alabanza, los que defendieron con éxito el territorio, festejan la victoria lanzando pólvora al cielo por más de una hora; casi el doble de lo que duró la misa.
Siete de la mañana. Es la hora del desayuno. Suena en Latina Estéreo tremendo tema de salsa en la voz del viejo étor. Al momento, mi mujer esparce con paciente suavidad la mantequilla sobre el pan, mientras yo intento provocarla. Me paro de la silla y le hago amagues corporales cargados de guaguancó con el chequeré en las manos. Ella sigue con el queso crema y las tostadas. Le digo que mientras unos rumbearon hasta la madrugada, otros lo haremos en la mañana. No me mira y va silenciosa por el chocolate. El sonido que le arranco a las maracas que me acompañan desde hace veinte años, aplaca el tableteo matutino que se había detenido en la puerta del alma y le cambia el ritmo a la emoción. La vida continua mientras sigo cantando el tema de la radio, como si fuera el mismo Héctor Lavoe: “No te olvido… bebiendo… ni fumando…”.
Siete y cincuenta de la mañana. -¡Mejor vamos a hacer vacunar el gato, a comprar el empaque para la llave del lavaplatos y a traer frutas de la plaza!, le dije a mi mujer.
Nunca se conocieron detalles de lo ocurrido ese día…nadie preguntó. Así suele transcurrir la vida por el Valle del Aburrá.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermano. Si no terminaras el texto señalando que todo ocurrió en el Valle de Aburrá diría que esa historia la vivimos en el viejo barrio de los Agustinos o en las noches de la agitada Bogotá de los años noventa.

La pregunta obligada es por el gato: si escuchabas al viejo étor ¿qué hacías con un gato que no puede vacilar?

Mario

Anónimo dijo...

En otras epocas,y con alguna frecuencia, una rumba de madrugada despertaba a los vecinos de una casa situada en el sector de la Alta Suiza,Doña Aura, Martha y Juan Pablo sabian que aun quedaba "cuerda para rato". Ya estaban acostumbrados.
Timbalero talvez no fue suficiente esas noches, para colmar y contener toda la alegria que el ron y el Son habian sembrado en el alma.

Un abrazo!
C. Lepineux

Anónimo dijo...

Hombre Lepineux, ya hace mucho tiempo que no nos vemos. ¿Estás en Cali?

En lalocadelacasa también estamos a la espera de tus historias de salas de urgencia y de amores terminales.

Mario

Anónimo dijo...

Silvan las balas y suena la salsa como en los cuentos de Rosario. Muy buen escrito.


Carlos Aldana

Anónimo dijo...

Mario, por eso hubo que llevar el gato a vacunar...para que no se convirtiera en ratón...

EL RATÓN-Por: Cheo Feliciano

Mi gato se esta quejando
que no puede vacilar
si donde quiera que se mete
su gata lo va a buscar
De noche brinca la verja
que esta detrás de mi casa
a ver si puede fugarse
sin que ella lo pueda ver
Y no tan pronto no tan pronto esta de fiesta
Silvestre felino
tiene que echar a correr
esto si es serio mi amigo
Oye que lio que lio se va a formar
cuando mi gatito sepa
y es es tan simple la razon
El que a su gata le cuenta que el que a su gata le cuenta
no es nada mas que un ratón un ratón...COROS...

ÓAL

Anónimo dijo...

Carlos, por acá hay a quienes les molesta mucho lo que cuentan en Rosario...te aseguro que la realidad es peor...Saludos,

ÓAL

Oscar Lopez dijo...

Esto me recuerda el Palo pa rumba de palmieri: palo porque si y rumba , porque no?
Saludos
Ocar Lopez