viernes, 18 de junio de 2010

EN LOS CUARENTA AÑOS DE LA ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD DE CALDAS





TRES ANÉCDOTAS Y UN MAL RECUERDO

Mario Hernán López.
Nosotros simplemente somos un presente que alguna vez ha sido futuro.
José Saramago

Hace veinte años, dos estudiantes de geología -aficionados a las caricaturas- y yo empapelamos el piso del hall central. Que se recuerde, ese es el único periódico de suelo que ha tenido la Universidad de Caldas en las dos últimas décadas. Cada mañana fijábamos, con cintas de enmascarar, un pliego de papel para carteleras con una caricatura y un texto munúsculo alusivo a la discusión en las asambleas del día anterior. En ese año, los estamentos de la Universidad estábamos comprometidos con la movilización nacional, que derivó en la reforma a la Ley 80 del 80 y la posterior puesta en marcha de la Ley 30 de 1992.

El periódico se llamó la esquina del movimiento; el nombre hacía referencia a su particular ubicación en el hall central y, por supuesto, también era un homenaje camuflado a la sonora matancera y al cantante barranquillero Nelson Pinedo, cuya voz nos acompañaba al final del día en las tertulias legendarias de Desarrollo Familiar

Mientras los estudiantes de geología caricaturizaban con gracia la situación social y política del momento, mi tarea consistía en escribir algún texto breve que recogiera el sentido de los discursos pronunciados por los líderes profesorales en el teatro ocho de junio; los temas giraban alrededor de la financiación de la educación superior, la autonomía universitaria y la participación de la comunidad académica en la designación de los rectores de las universidades públicas. Cada mañana, por ese medio, estudiantes, profesores, directivos universitarios y periodistas locales se enteraban de los sucesos y tendencias, y se informaban sobre las posiciones que iban adoptando los diversos actores del conflicto. Una tarde, en el momento álgido del asunto, los profesores Carlos Arango y Carlos Ricardo Escobar me increparon por el carácter tendencioso del texto del día; por la evidente –según ellos- mala intención del contenido y por las implicaciones terribles que podría generar en la coyuntura universitaria. Paralizado por el miedo y la culpa, apenas pude explicarles que se trataba de un fragmento de La Metamorfosis, el célebre relato de Franz Kafka y que la K al final del texto tenía que ver con la letra inicial del apellido Kafka y no con las iniciales de Carlos Arango. Esa misma tarde ingresé formalmente a la APUC.

Por la misma época, el gobierno nacional puso en práctica una política de estímulos a la producción intelectual que derivó en la expedición del Decreto 1444 de 1992; la política y los decretos fueron en su momento calificados como una mercantilización de la labor docente y una precarización de la labor académica. Esta nueva carga sobre la Universidad fue dramatizada por el inolvidable grupo La Tiza. Una tarde en el ocho de junio, María Cristina Sanín, Beatriz Jaramillo, Jairo Mejía, José Fernando Restrepo, Camilo González, Mélida Restrepo, Héctor Ramiro Monsalve, Olga Isabel Trujillo y María del Pilar Escobar, entre otros profesores, representaron en tono de comedia -obligada por las carcajadas que se escapaban en los momentos más dramáticos de la actuación- el nuevo régimen salarial. Disfrazados con trajes pintados de puntos y con ataúd en medio del escenario, los profesores escenificaron otra de las incontables muertes de la Universidad Pública Colombiana. El grupo de teatro La Tiza fue el símbolo de un tiempo de tertulias y encuentros creativos entre los profesores, por eso sigue inscrito en la memoria de dos generaciones de docentes de la Universidad.

Probablemente el momento más difícil en los últimos tiempos lo vivimos en los inicios del nuevo siglo. Una serie de factores (intereses, visiones, valores, liderazgos y entusiasmos compartidos) concurrieron para que se pusiera en cuestión los procesos académicos y acciones administrativas. Como resultado de aquella movilización se removió del cargo al rector pero también se transformó la composición de los órganos de dirección y representación universitarios; como se sabe, este suceso provocó diferencias importantes entre los integrantes de la comunidad académica. En ese movimiento vimos en plena operación los liderazgos de María Elvira escobar, Alberto Robledo, Carlos Arango, Tulio Marulanda, Carlos Ricardo Escobar, Gloria Mercedes Escobar, Manuel Aristizabal, Héctor González, César Ramírez, y aparecieron nuevas perspectivas del trabajo gremial aglutinadas posteriormente en ASPU. A parte de las innumerables anécdotas que se puedan relatar de aquellos sucesos, vale la pena mencionar de paso el trabajo de investigación realizado por el profesor Carlos Eduardo Rojas Rojas: Unidad en la diversidad, en el que recoge y examina los conflictos y movilizaciones que ha vivido la Universidad de Caldas, desde los tiempos de la dictadura de Rojas Pinilla, y en el cual se incluye la revocatoria del mandato del rector al que hago referencia.

La movilización universitaria del año 2000 fue también una explosión emocional, un pretexto para llegar a la casa después de la media noche, para decirle al marido o a la mujer “no me puedo mover de la U, estamos en asamblea permanente”, para reunirnos jornadas enteras en el hall a repasar los sucesos del día, para superar o ventilar las eternas diferencias en las ideas políticas y, sobre todo, para conectar las historias universitarias de dos generaciones. Más allá de lo que supuso e implicó institucionalmente la revocatoria del mandato, ese movimiento podría ser definido como una inspiración colectiva a favor de la Universidad de Caldas.

Los años que siguieron fueron, al mismo tiempo, de división interna y de transformación institucional. Como suele decir una apreciada colega del programa de Trabajo Social, en los últimos diez años la Universidad se ha transformado tanto que ya es difícil reconocerse en el espejo. Desapareció la tertulia del Hall central y en su lugar se instauraron los centros e institutos; a las conversaciones políticas en las mañanas las sucedieron los trabajos de investigación aplicados y los proyectos de extensión social realizados por profesores mejor preparados. La Universidad de la tertulia en corredores y pasillos se ha ido tornando en una Universidad de gestión y productos, probablemente olvidando –como acostumbraba decir el viejo Nicolás Buenaventura- que nada reemplaza una buena conversación.

Hace tres años, en medio de la confusión por la entrada de los comandos de la policía a la Universidad de Caldas, me encontré con José Humberto Gallego: estaba sucio y embarrado por todas partes; durante la madrugada había buscado estudiantes en el jardín Botánico para protegerlos de la entrada violenta de la policía. Con la energía del que se siente plenamente convocado a hacer una tarea ineludible, me dijo en tono severo: oiga profesor ¡esta toma nos cogió empelota!
La entrada de la policía a la Universidad de Caldas (como también ocurrió en la Universidad Nacional, en la Distrital, en la del Valle) no sólo puso en evidencia una política de control sobre los espacios universitarios, también nos hizo saber sobre el momento de la organización de los profesores y su soporte en el voluntarismo reflejado en el ejercicio de veeduría y control de la gestión institucional. Hace tres años, nos anunciaron que no estamos en los tiempos de los debates políticos y de las movilizaciones perturbadoras de la tranquilidad ciudadana. Desde ese momento, nos mostraron cómo y por qué debemos acogernos a los términos de la labor académica sin más.

Quedan en la memoria nombres para otras historias: Bernardo Useche, Bertulio Salazar, Gustavo Isaza, Lina Gutiérrez, Beatriz Zuluaga, Juan Pescador y Marco Tulio Jaramillo.   

5 comentarios:

creo dijo...

Bueno, el recuento de los 40 años de Apuc es el recuento de la vida misma de la Universidad de Caldas: una universidad pequeña por fuera, pero grande por dentro, Algunas infidencias de Mario, desnudan eventos que no se habían desnudado, pero nos on nada que no pueda ser matizado por unos buenos drinkis...

Casi todos estamos en la lista, aunque como siempre sucede, algunos brillan por su ausencia..

Pero ahí están: Carlos Arango debe estar juagado de la risa, recordando cuántas rabias nos hizo salir, con sus comentarios mordaces y sus provocadoras actitudes.

gracias Mario Hernán

Carlos Ricardo

Anónimo dijo...

Espero quye alguna vez nos contés a todos las historias que de muchacho te inventabas en la esquina de la 16 con 16.

Gracias hermano.

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

Cr, en la última versión incluí a Alberto Gómez, Germán Gómez Londoño y a Carlos Polo. Con ellos construímos y transitamos puentes generacionales. Como diría un filósofo de la contemporaneidad, la sociedad les paga a los universitarios para que hagan una vida distinta.

Saludos hermano.

Mario

Anónimo dijo...

Bueno... si...(Como dice Mockus). APUC también tuvo su períodico, se llamó LIBERTAD DE CÁTEDRA, habría que preguntarle a los historiadores: ¿por qué desapareció?
Rodrigo

Anónimo dijo...

"Mijo, tranquilo que todo pasa"-, decía mi abuelita cuando me veía pelao y enguayabao los sábados por la mañana. Desde ese tiempo sé que no hay mal que dure cien años y que la sensación de muerte de los sábados en la mañana sólo dura doce horas, siempre y cuando no echen cantaleta.

Pues bien, después de varios años con una plantilla convencional, Carlos Ricardo decidió hacerle un cariñito al Blog y se jaló una nueva imagen para lalocadelacacasa: puso nueva plantilla y conservó los elementos claves de la imagen tradicional. La nueva imagen permite abrir el blog los sábados en la mañana y hacerse el pendejo mientras echan cantaleta desde la cocina: " qué si no te da pena tanta tertuliadera con César Ramirez en el Club Manizales y vos tan negro; qué esos amigos tuyos no le pegan a una sola en política; qué entre más viejos más pendejos los de la izquierda; qué no le parés más bolas a Alfredo Sarmiento, qué más verde será su madre; qué dejés de publicar pendejadas y sentate a escribir una cosa seria..."

Saludos

Mario