viernes, 11 de junio de 2010

EL TOLIMA, TIERRA DE UNIDAD


AGUSTIN ANGARITA LEZAMA*

La política, con sus ritmos cambiantes, con sus retos emergentes y con sus incertidumbres siempre presentes, nos enfrenta a situaciones, que si no tenemos cabeza fría y reflexión para entenderlas, seguramente cometeremos errores, que se lamentarán por largo tiempo.

Existe un postulado, aceptado por casi todos en este país, que Dios está en todas partes. Pero, en la práctica, parece que gobierna desde Bogotá. Mucha gente habla de la importancia y validez de la descentralización, de la regionalización (recuerden el voto Caribe), del poder local, sin embargo, este discurso desaparece a la hora de tomar decisiones, porque el centralismo real y el que tenemos entronizado en la cabeza, afloran y mandan. En la cotidianidad local y regional, los verdes, los liberales, los del Polo, los conservadores progresistas y demócratas, los independientes, nos conocemos, somos amigos, hemos trasegados caminos similares… pero las directivas de nuestros movimientos políticos, apoltronadas en Bogotá, han decidido que estas afinidades, cultivadas y mantenidas por años, no existen, que debemos mirarnos como extraños, incluso como adversarios o enemigos.

Muchos liberales, polistas, independientes, conservadores, del Mira, de Cambio Radical, ven con muy buenos ojos la propuesta de recuperar la dignidad y la moral espantadas por el clientelismo y la corrupción, en el ejercicio de la política. Ellos y ellas creen que mantener las viejas formas de hacer política abre las puertas a la indiferencia, la apatía, la inmoralidad, la pobreza, la violencia y el atraso, favoreciendo el tránsito expedito de los corruptos, aprovechadores y mafiosos. Pero desde Bogotá, desde el centro, la palabra sagrada de los jerarcas de la política, dice que en la región, debemos permanecer separados, “cada loro en su estaca”. ¿Luego no es que la unión hace la fuerza?

Ya va siendo hora que hagamos valer la región y sus intereses particulares, nos oigamos nosotros mismos, pensemos por cabeza propia y entendamos que necesitamos del otro y de los otros, que la política es expresión de lo social, y que lo social se construye incluyendo a los demás, aceptando al otro con sus posibilidades, intereses y defectos, no creyéndose el ombligo del mundo, creyéndose el único, el inmaculado, el puro y más honrado. Petro propuso cinco puntos, que a mi juicio, recogen nudos políticos muy importantes a resolver. Pardo, Vargas Lleras y Nohemí destacaron elementos valiosos para construir entre todos un país de justicia social y de respeto por el prójimo. ¿Por qué no juntarnos, pensando en un proyecto regional con significancia local, si nuestras intenciones están cargadas de buena voluntad? ¿Debemos obedecer lo que mandan a decir desde Bogotá, o tenemos derecho a reivindicar nuestra autonomía y capacidad de decisión?

Propongo que constituyamos un acuerdo regional, que recoja el inconformismo y la esperanza desperdigada, para que podamos seguir soñando con un país que no sea sólo para beneficio de los grandes capitales e inversionistas extranjeros, donde no se persiga ni satanice la disidencia, donde se respete la ley y a la justicia, donde la inversión social sea una realidad y no una promesa que no llega. Un gran acuerdo de unidad en la diferencia, donde nadie deba renunciar a sus creencias, sino aportar en las coincidencias, con sus opciones y posibilidades. Un acuerdo desde el respeto como único camino civilizado para edificar confianzas y sembrar oportunidades para los que más las necesitan. La disciplina tiene límites, la estupidez no.

Este es un llamado a que la cordura, el amor por lo nuestro, nuestra responsabilidad social y nuestro compromiso se pongan por delante de la tozudez, la testarudez y la miopía con la que nuestros dirigentes, en ocasiones, nos encajonan. Si de verdad nos unimos, seremos la fuerza de transformación y de cambio que muchos aguardamos y anhelamos. ¡A la unidad los invito!

*Miembro de la dirección política Tolima de la campaña Mockus Fajardo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con la boca abierta, como estaba Lucho Garzón en la misa de réquiem de los verdes, así quedé yo, con la victoria uribista. Lucho no estaba borracho, como dice Danielito Samper sino atontado, lelo, decepcionado. Pero no lo decepcionó el profesor Mockus, como a mí, sino Napoleón Franco.



El que si parecía estar bajo el efecto de algún narcótico era precisamente Antanas, quien se paseaba de un lado a otro del escenario sin nada que decir, repitiendo las consignas que cualquiera le gritara y exhibiendo unas arrugas en la parte de abajo de los pantalones. Que tambien, como los debates, le quedaron grandes, como la camisa a Petro.




mas erratico que el profesor está Petro. En la consulta, casi divide al Polo, en aras de buscar una alianza contra el nefasto uribismo y cuando la tuvo a tiro de escopeta la dejó ir, perdiendo asi la oportunidad de acercarse a esos tres millones de inconformes. ( inconformes reales, de carne y hueso, que salieron a votar el 30)


Petro nos prometió, que si votábamos amarillo en la primera, apoyaría al verde en la segunda, pero a la hora del té, le puso a Mockus cuatro condiciones para apoyarlo y una de ellas era que se manifestara contra las bases norteamericanas.

¿Qué pasó? Aunque dijo que SI a tres de las propuestas que ha manejado Petro en su campaña, el profe dijo que no podía aceptar las posiciones internacionales del Polo.


Claro Mockus es derechista y neoliberal. Es un absurdo que le propongan que grite yankees Go Home como si fuera el compañero John Lennin.


Las bases americanas son un punto de principios, me dijo un moiroso. Y pregunto yo: ¿Desde cuándo los aliados deben tener identicos principios? Entonces no serían aliados sino camaradas o copartidarios. Una alianza es un acuerdo pasajero para un objetivo comun (en este caso derrotar a santos, o por lo menos impedir que se lleve el oro y el moro)


Pero exigirle eso, es como pedir 100 millones por un Renaul4, para que le digan a uno que no, no mas por salirse del compromiso.

Y ahora dicen que votaran en blanco lo cual equivale a votar por Santos. No hay de que hacer un caldo.

Flaco J.