viernes, 28 de mayo de 2010

De las profesiones de la Confianza Inversionista y la Seguridad Democrática

Carlos Ricardo
La actividad humana está representada en diferentes propuestas, coherentes con las relaciones de producción. En los sistemas esclavistas, las profesiones de los hombres dependían de las exigencias del amo y de las necesidades. Para asombro de encumbrados profesionales de la Medicina, los médicos de la polis griega, eran simples esclavos tomados en negociación o en guerra, que debían sometimiento absoluto al esclavista. 
En el período feudal, los herreros, panaderos, agricultores y demás, eran supeditados a un elemento cortesano de laya discutible: el bufón. Un hazmerreír que tenía bajo su responsabilidad el bienestar emocional del señor, complementando por el médico que se ocupaba entre pócimas, brebajes y alquimia de todos los tamaños, de su bienestar físico.
Poco a poco, el desarrollo histórico, fabril y económico, generaron múltiples oficios y profesiones, muchas de las cuales aún nos acompañan, transformadas por los cambios culturales, pero conservando su esencia: maestros, artesanos, arquitectos, ingenieros, religiosos, soldados...
Otras simplemente desaparecieron ante la evolución tecnológica: fogoneros de locomotoras, avisadores de que viene el tranvía, encendedores de los faroles de kerosene del  alumbrado público, reveladores de fotografías...
Pero una de las características de los gobernantes en tiempos de crisis (y cuándo no lo han sido) es la de proponer o imponer a sus gobernados, el ingenio, la malicia, la picardía dice Santos, para idear oficios que mitiguen el desempleo y las hambrunas.
De esa suerte de piñata, han surgido desde los más importantes negocios de temporada, con visos de legalidad: llevar turistas hasta el sitio calificado de atractivo, hasta las más sórdidas maneras de esquilmar los dineros a quienes estén dispuestos a gastarlos: proxenetismo, drogadicción, sicariato, asesor uribista, etc.
Pero el hallazgo que referiré, compromete muchos elementos de conmiseración, de mirar la vida de otros con ojos diferentes. En días pasados, por la vía llamada Inem-Fátima, sitio conocido por los iniciados en la manizaleñología avanzada, se encontraba una joven mujer en compañía de un niño de aproximadamente 5 años. Ella pegaba afanosamente unos carteles en los postes del alumbrado del sitio. Me causó curiosidad por lo inusual de esa tarea en un sitio usualmente desierto y me acerqué a mirar los carteles.
El aviso es el siguiente:
¡Todo puede pensarse, menos que no haya originalidad! Inevitablemente evoqué el primate oculto, al tatatataratatararabuelo orangután y hasta entendí la propuesta de la señora: aumentar la afinidad social con quienes atendieran su llamado y mejorar y embellecer su apariencia.
Pero broma aparte, simplemente pensé en cómo la ciudad con sus índices de pobreza, expulsa habitantes y a quienes quedan, la vida no les va nada fácil...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Increible!

Anónimo dijo...

Es asombroso que los expresidentes quieran volver a ser presidentes una y otra vez, con tanta cosa por ahi para hacer. Se dice que en epoca de cataclismos surgen nuevas especies, prueba que en Colombia no ha pasado casi nada. German