jueves, 15 de abril de 2010

VERDE: EL COLOR DE LA ESPERANZA



AGUSTIN RICARDO ANGARITA LEZAMA*

Estoy convencido que usted ha escuchado muchas veces estos comentarios: este país no tiene arreglo. La corrupción ha existido siempre y es mejor acomodarse a ella que tratar de derrotarla porque el esfuerzo es perdido. La política ya no tiene remedio. Ser político es ser ladrón. El que llega a ocupar un cargo público, llega a aprovechar su “cuarto de hora” y a enriquecerse como pueda. Hacer política sin plata es una locura. Los líderes necesitan “oxígeno” para poder trabajar y reunir votantes. Pedir comisión por conseguir un contrato es lo normal, es una manera “honorable” de trabajar. Si tiene un hijo bruto, perezoso o mal estudiante, no se preocupe, usted tiene un político en potencia. En Colombia no hay honrados sino farsantes que se quieren hacer pasar por honrados pero son tan ladrones como los demás. La ley es para los de ruana. Hecha la ley, hecha la trampa. No se puede creer en nadie. Este país se lo llevó el que lo trajo. No hay nada que hacer…

Si examinamos detalladamente las frases mencionadas, reflejan impotencia, desconcierto, rabia, tristeza, desconfianza y sobre todo una gran desesperanza. Además, están cruzadas por generalizaciones que opacan los horizontes y cierran caminos. Existen personas que se han acostumbrado a la cultura del atajo, esa que ahorra caminos, que les permite saltarse la cola, reducir trámites mientras otros desesperan aguardando, que les da privilegios inmerecidos, que los premia sin méritos, que favorece la lambonería y la sumisión, que los hace creer que para ganar todo se vale. Nos han hecho pensar que todo el mundo actúa así. Pero la verdad es otra.

Son millones los hastiados de la corrupción y la politiquería, del clientelismo, del nepotismo y la injusticia. Ellos están convencido que es posible otro camino, que este país vale la pena, que aún no se han jugado todas las cartas, que todavía pueden sacar adelante sus sueños y los de sus hijos, nietos, vecinos y familiares. Ellos están aburridos de las roscas familiares que se reparten el poder y la riqueza mientras el país se debate en medio de la pobreza, el hambre y la enfermedad. Están cansados del engaño, la trampa, los abusos. No les agrada la falta de dignidad y compromiso de muchos gobernantes. Esos millones de colombianos y colombianas se abstienen de sufragar en las elecciones asqueados por la compra de votos y conciencias; por los gobernantes utilizando los recursos públicos, que son de todos, para hacer descaradamente política; por las autoridades y organismos de control que no controlan, no ven, no escuchan, no indagan, pero si se amangualan con los corruptos. Ellos que parecían indiferentes se han entusiasmado, se están encontrando y se están moviendo.

Hoy un equipo político encabezado por Antanas Mockus y Sergio Fajardo, prefiere decir la verdad no importa que se pierdan votos, devuelven dineros públicos porque los consideran sagrados y ajenos, y quieren devolverle a los colombianas y colombianos la posibilidad de soñar con un país donde se respete la vida, prime la honradez, se respete la ley y la justicia opere, donde la educación y la cultura sean la columna vertebral de la nación, donde los impuestos los devuelva el Estado en obras y servicios necesarios y de calidad, donde la salud sea un derecho y las instituciones respetables y respetadas, y donde se trabaje sin descanso por erradicar el hambre, la miseria, la desigualdad y se proteja el ambiente.

Con el Partido Verde renace para Colombia la esperanza. Con Antanas y Fajardo esos millones de colombianos y colombianas podrán volver a creer.

*Médico cirujano, profesor y director del Observatorio de Paz y derechos humanos de la Universidad del Tolima



No hay comentarios.: