viernes, 2 de abril de 2010

ELEGIR UN PRESIDENTE o escoger un candidato.


ELEGIR UN PRESIDENTE o escoger un candidato.

Por Rodrigo Restrepo Gallego

Abril 02 de 2010 Santa Rosa de Cabal Risaralda


Esta democrática tarea de elegir un presidente, hasta hace unos años tomada con apasionado sentido de pertenencia y de afiliación a la ideología de un partido, ahora no es más que un procedimiento, una manera viciosa de arrastre de ingenuos votantes y de muy pocos electores. Anteriormente los partidarios sufragaban indefectiblemente a favor de su representante; de aquel, quien con una reconocida trayectoria en los asuntos de la política y del gobierno era el dirigente natural, incuestionablemente designado para llevar por senderos trazados desde su ideología de partido a la nación; de tan convincente identidad, políticamente se procedía, aún por fuera de los años electorales, cada día, cada noche, de manera que unos y otros partidarios reproducían sus tendencias doctrinales haciendo de sus hogares, vecindades, barrios, zonas y pueblos enteros centros de poder electoral identificables desde sus propios líderes y desde los matices de sus corrientes políticas; donde, por sabidas, el opositor no obtendría ninguna manifestación de favorabilidad a sus tesis propuestas en campaña. Las diferencias estaban tan marcadas que persistían aún en los campos santos para unos, en los cementerios libres para los otros. Ambos ahora, panteones levantados en losas de dolor, lágrimas y sufrimientos vejatorios ante los asesinatos, fusilamientos, masacres, genocidios, magnicidios; con sus productos del destierro y de las expatriaciones, de las persecuciones por las fuerzas mismas del gobierno dominante y el poder de la iglesia católica, del bandolerismo, de la guerrilla, de los paramilitares y parapolíticos; de los desplazamientos masivos de los campesinos, de la desolación del campo y de las luchas por la tenencia de las tierras productivas de la nación; perennes recordatorios de las guerras repetidas, sin vencedores, durante las cuales y por siempre, el partidario había acudido a las urnas a votar. Votaban en el fragor de las batallas políticas.

De la guerra no ha quedado nada para ellos, ni siquiera el poder de elegir desde alguna ideología. Ya la guerra es mafiosa para el tráfico de la droga, para el acceso a los poderes representativos del estado, para disponer del erario desde la plutocracia selectiva de proyectos de desarrollo; además, es una guerra bandida, de puñalada trapera a la civilidad y a los derechos humanos en secuencia irracional para multiplicar crímenes de lesa humanidad. Se ha quedado la guerra sin sustentación argumentativa para priorizarla como tarea de un país que quiere vivir en la democracia generadora de paz. Por ello es una vergüenza levantar una campaña presidencial desde los actos e ideales de guerra, como ahora lo hacen los candidatos propuestos. Unos por estrechez en el entendimiento de los cambios requeridos para una gran nación, otros por creer que acabando la guerra se desaparecen ipso facto, la miseria, la pobreza y la falta de oportunidades para las gentes de este pueblo colombiano.

Con todo esto, y como consecuencia se ha pasado del poder elegir, es decir del poder de ungir con la representatividad del elector a uno, entre varios candidatos con diferentes propuestas políticas construidas desde la variada concepción ideológica de la vitalidad social; al poder seleccionar mecánicamente entre candidatos con propuestas similares, de retóricas variaciones, para lograr señalar popularmente al que mejor se parece a quien hasta ahora ha ocupado el primer cargo público de nuestro sistema de gobierno; propuestas fabricadas y señaladas de antemano para el beneficio de saltimbanquis y tránsfugas políticos y su conveniencia personal; negando con ello la viabilidad de otras diferentes opciones democráticas.

Por ello, con cualquiera de los candidatos propuestos los votantes seleccionarán a quien crean se parece más al prototipo del gobernante actual, no elegirán un presidente ideológicamente sólido, autónomo y sabio, como debe ser el requerido. Ni más ni menos.

Coda: El voto en blanco existe.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde los tiempos del Frente Nacional, en Colombia se ha puesto a prueba la capacidad de la politica para plantear un proyecto de sociedad orientado a superar, al mismo tiempo, las violencias y las tremendas desigualdades estructurales. Hasta ahora el proyecto ha consistido en el uso de la fuerza y la "resolución violenta" de los conflictos.

Esta elección presidencial parece poner a prueba la capacidad de los politicos para superar el cuadillismo y el talante mesiánico del gobernante, al mismo tiempo que los reta en los terrenos de la lucha contra el terrorismo y la pobreza.

Mario

Anónimo dijo...

Gracias Rodrigo por el articulo. me gustaría que plantearas tu propuesta de votar en blanco ya que nadie la está promoviendo en esta campaña.

Carlos Aldana