lunes, 5 de abril de 2010

EL TONO DEL DEBATE PRESIDENCIAL





Mario Hernán López.



Por estos días, en Colombia, casi todo el mundo se ocupa en hacer cálculos electorales ajustados a las expectativas políticas: por todas partes se hacen sumas y restas con los porcentajes de aceptación de cada candidato reduciendo la política a un plano estadístico. En las conversaciones informales y en los análisis políticos más serios, aparecen y desaparecen las candidaturas en función de las preferencias electorales o de las ilusiones creadas por las encuestas. La prensa nacional reporta los últimos resultados en los cuales se favorece el continuismo y se obliga a los candidatos de diversos movimientos y partidos a pensar en coaliciones electorales sin mayor arraigo ideológico. El momento de la política colombiana se define por la capacidad de los candidatos para sumar figuras y personajes nacionales y regionales, capaces de agregar fortines electorales, buscando acercarse de la mejor manera posible a la primera vuelta de la elección presidencial.

En esta ocasión -a diferencia de otros eventos electorales enmarcados por la agudización de las violencias públicas-, los candidatos tienen un eje común: con algunos matices hablan de la seguridad democrática basada en la salida militar del conflicto armado con una opción de acuerdo político entre las partes al final del túnel; al mismo tiempo, los candidatos buscan diferenciarse en asuntos relacionados con las prioridades en la gestión pública social, la generación de ciudadanía y el énfasis en la garantía y protección de los Derechos Humanos. A pesar de la trágica costumbre de los extremistas de influir en el juego electoral buscando inclinar la balanza hacia la extrema derecha con actos de terrorismo y magnicidios, estos aún no aparecen decididamente en el escenario quizá como consecuencia de la legitimidad social que ha alcanzado la lucha contra la guerrilla.

Nadie, en tiempos electorales, tiene las agallas para declararse neoliberal o enemigo de la intervención estatal en asuntos económicos y sociales; las campañas políticas en las democracias liberales están construidas sobre imágenes y discursos que movilizan de manera intuitiva a los electores, a pesar de la sensación colectiva de estar asistiendo a una farsa en la que se trata de optar por el menos malo. La franja electoral movilizada racionalmente por las propuestas de los candidatos es un porcentaje apenas significativo que se diluye entre movimientos y partidos de oposición, al tiempo que poderosas maquinarias políticas oficialistas se articulan en función de intereses de diverso orden. Estamos distantes del ideal de una opinión pública o de una ciudadanía consciente de sus responsabilidades políticas, tal como lo demuestra la reciente participación electoral del Partido de Integración Nacional –PIN- y la abrumadora votación por candidatos comprometidos con apoyos financieros de los narcotraficantes.

Tanto cálculo electoral no ha permitido conocer y ventilar con amplitud las propuestas de los candidatos en temas claves en materia económica, en las relaciones y tratados internacionales y en asuntos centrales como la educación, las desigualdades, los derechos humanos, el ambiente, el narcotráfico y la salud. Las elecciones del 30 de mayo están cayendo en la trampa de las alianzas uribistas y antiuribistas, a partir de las cuales la política se realiza con referencia a una personalidad pública y no como expresión de intereses y acuerdos colectivos, fortaleciendo, de esta manera, el carácter caudillista y mesiánico que ha tenido la política nacional en los últimos años.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mas que hablar de la seguridad democrática, como eje común en el discurso de los candidatos presidenciales, me parece que les ha faltado "agallas" (palabra que utilizas encabezando el tercer párrafo) para referirse con claridad al tema; en lugar de eso, la tendencia es acudir al consenso sobre un tema que hoy pareciera intocable y nadie quiere arriesgar ante la opinión pública. ¿Temor? ¿Prudencia? ¿Responsabilidad?...

Saludos,
Óscar A. L.

Anónimo dijo...

Ahora Fajardo dice que su acuerdo con el partido verde no es cálculo electoral, ¡qué tal las bobadas!

Carlos Aldana