miércoles, 7 de abril de 2010

El presidenciable Fajardo. La emoción, el cálculo electoral y el emprendimiento.




El problema de los políticos serios empieza cuando se les mete, o les meten más bien, a la cabeza la idea de que tienen que ser presidentes. Y por lo regular esto pasa cuando algún cargo visible es ejecutado medianamente bien o cuando se ha dado un golpe de suerte que los catapulta en la política. Una buena alcaldía, los logros de una cancillería, la firma de un acuerdo trascendente, una operación jaque, una frase inolvidable, un provocador discurso en el Congreso y hasta una oportuna bajada de pantalones. Por ahí empieza el camino a las angustias: “debería lanzarse a la presidencia”, “ese es el presidente que necesitamos”, “por fin llegó quien va a sacar a este país de la olla”.

A no pocos les ha tocado vivirlo, sufrirlo: Serpa por ejemplo, que tenía el camino libre hasta que se le atravesó en la rueda el palo de la lealtad a su jefe y su partido. Noemí, que después de llevar a Gaviria a la cabeza de la OEA no pudo bajar su mirada de la Casa de Nariño. Pero ha habido otros con menos opciones y más obstinados: Navarro, ¿Quién le sacaba de la cabeza a Navarro la imposible idea de llegar a la presidencia? Y ahora Petro le sigue los pasos, son de la misma estirpe. La lista puede seguir, sobre todo con el karma vitalicio que llevan los ex alcaldes de Bogotá.

Fajardo pasó de ser un buen profesor universitario a un serio y coherente columnista. Lo empezamos a leer. Nos gustaron sus argumentos. Y le empezaron a llegar comentarios. Y le empezaron a meter ideas a la cabeza. Y llegó a la alcaldía de Medellín. Y se le metió a la cabeza la idea de que tenía que ser presidente. Y lo intentó. Y terminó como… bueno no, tal vez el cálculo diferencial lo lleve por un camino más seguro: a la mano derecha del padre, al sillón de al lado. Se le reconoce la humildad, el racionalismo a veces pesa a favor.

De la campaña y perfil político de Fajardo hay que rescatar muchas cosas, muchas virtudes, todos las sabemos. A mi me gusta, de su propuesta, el eje del Emprendimiento. Talento, conocimiento, innovación, creatividad, empuje local para dinamizar la economía, fortalecimiento del mercado interno, redes integradoras, con todo eso comulgo. Es muy diferente, opuesto, a la “confianza inversionista” (y extranjera). Sin embargo, lastimosamente pecan dichos postulados en seguir percibiendo al emprendimiento social y comunitario como un asunto marginal, una opción para la “población excluida”, asunto de caridad, de filantropía; para ayudar a los pobres ex reclusos, discapacitados, jóvenes, mujeres cabeza de familia, desplazados y otros que no clasificamos en la normalidad empresarial. Miope y poco profundo en este apartado. ¿Qué tiene de marginal la Caja Popular Desjardins, la entidad bancaria más poderosa de Québec y a la vez ejemplo de emprendimiento social y comunitario? ¿Qué tiene de marginal y que tiene que ver con la caridad filantrópica la Corporación Cooperativa Mondragón, conglomerado multinacional de más de 168 empresas y no menos social y comunitario?

Pero vuelvo a lo coyuntural, a la unión de moda que también celebro. Hay dos frases que me sorprenden y a la vez me preocupan de la carta que envío Fajardo a sus seguidores el pasado 4 de abril para informarles que aceptaría ser Vice de Mockus. “…siempre he repetido que estamos en política por convicción, no por cálculo electoral y no violaré jamás esa máxima que nos inspira…” Sí, le creo a Fajardo que está en política por convicción, eso se lo admiramos al igual que su acento en la coherencia. Pero por favor, no nos digamos mentiras, una cosa no excluye la otra. Es más, una es de fondo y la otra es de forma, una de estructura y la otra de coyuntura, una de principios y la otra de metodología. No tiene porqué avergonzarse Fajardo de aceptar que fue precisamente por cálculo político (electoral) que aceptó bajo las nuevas circunstancias (político-electorales) dejar de ser el capitán del barco. No desconfío de Fajardo, repito, le creo. Asumo que el cansancio de campaña lo ha llevado a menor rigor en la coherencia de su lenguaje.

Y la otra: “En política las emociones son profundas y las heridas duelen intensamente.” Lo dice Fajardo, el matemático, el racional, el calculador, el coherente, el lógico. Y justifica, en parte, su decisión más importante de campaña, en las emociones, en el lado del corazón. Cuanta razón tenía Richard Rorty. Fajardo es una evidencia más de que nos gobierna la pasión por encima del raciocinio. Tomémoslo como un ejercicio pedagógico más de los profesores Fajardo y Mockus. Enbuenahora para Colombia, seremos afortunados si llegan a la presidencia como maestros, más que como políticos.

Diego Porras
Abril 7 de 2010.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Diego, te sugiero ver este video sobre el tema de los verdes:

http://www.megavideo.com/?v=0MKNIESG

Saludos

Mario