martes, 30 de marzo de 2010

Una crónica necesaria


Carlos Ricardo



Todo era vencer las dificultades de la Autopista El Dorado de Bogotá y llegar al submundo del Aeropuerto: señores con maletines ejecutivos, señoras con grandes maletas, niñas con morrales y una lanzada que simplemente amarró sus Nike a las correas del morral y los exhibía impúdica, como trofeo de postmodernidades. Celulares, Ipod, MP3 y todo tipo de gadgets.


En un rincón de la sala de recepción, una mujer de aspecto común abría paso a un hombre mucho más que menudo: casi inaparente. De cabello cuidadosamente peinado, entrecano y de llamativos dientes que parecían hechos para otra boca: desproporcionada mente sobresalientes. La mujer se acercó a una funcionaria de la aerolínea y le dijo en un susurro que fue audible para todos: es el exGobernador del Meta Alan Jara y requiere seguridad especial. Parecía irónico que esa seguridad especial la estuvieran buscando en medio de la fila regular de pasajeros de la compañía aérea.


Luego de casi 1 hora de espera, de rabietas de algunos por la fila y de vivezas de otros para sortear las limitaciones del registro en el mostrador de la aerolínea, pasamos a la sala de abordaje. De repente, apareció una mujer elegantemente vestida, de cabello ensortijado y facciones claramente afrocolombianas. Era obvio: Piedad Córdoba la negociadora de Colombianos por la Paz. Al verla, sólo una cosa se me ocurrió: con mi expresión más afable le pedí que me dejara darle un abrazo. Un poco intimidada aceptó y su acompañante (ningún guardaespaldas, una joven muy parecida a ella) observa con desconfianza, en tanto le murmuré a Piedad que es una mujer muy valiosa, con quien los colombianos tenemos una inmensa deuda. Se alejó hacia el sitio de embarque de Satena, evidentemente rumbo a Florencia en donde al día siguiente sería entregado el Sargento Moncayo, en poder de las Farc a la comisión que encabeza la senadora liberal.

Un grupo de costeños que pasaba en el momento del abrazo lanza exclamaciones: “Viva Piedad!!”, “Gracias Negra!!!”. Ella se alejó escribiendo en su BlackBerry.


En la sala de vuelos regionales del Aeropuerto, sitio de salida de otro vuelo de Satena hacia Florencia, Alan Jara esperaba recostado en una columna. A su alrededor, periodistas de televisión con sus cámaras y sus distintivos, conversaban por sus celulares, sin mirar a Jara. Ya no es noticia y con seguridad su libro será uno más de los muchos de exsecuestrados, con pormenores discutibles y dolores entendibles.


Luego de unos minutos, en una extraña parodia del mundo real, los “florencianos” abordaron su vuelo y los otros viajeros a Popayán, Barrancabermeja, Pereira, Armenis, Manizales, etc, simplemente siguieron preocupados por las cosas usuales: hora de salida, hora de llegada, el vuelo Delayed y cuándo llegaremos?


Mañana, muchos de los pasajeros florencianos, llenarán los hogares con sus voces y sus imágenes, Piedad Córdoba seguirá cosechando abrazos y diatribas en todos los escenarios, Moncayo padre se quitará simbólicamente las cadenas, Moncayo hijo definirá su encrucijada de volver o no al Ejército y quedará en el aire la absurda guerra que favorece a insurgentes y gobiernos de todo matiz.


4 comentarios:

Tita la mas bonita dijo...

Ojala los espíritus de libertad colombianos, nos uniéramos con el respeto, la tolerancia, la equidad, la justicia, el aire, la arena y el mar, para liberar al perdón y que esta rima sirva de ofrenda al todo poderoso para dar fin a la absurda guerra, que solo beneficia a los actores malos del conflicto, que son muchos y están por todas partes!

Anónimo dijo...

Mandale el "link" a la senadora, para que sepa que el abrazo era de varios que tambien estamos por todas partes y aunque no somos muchos...

German

Anónimo dijo...

La Negra Piedad es el personaje humanitario más grande de la historia reciente de Colombia.
Y eso da mucha rabia y envidia.
Rodrigo

Anónimo dijo...

Alguna vez, en un vuelo de Bogotá a Caracas los pasajeros increparon con rabia a Piedad, no sé que le dirían, pero es fácil suponerlo, ya los medios, en esos días, nos contaban de las oscuras y crecientes manifestaciones de cariño de quienes la consideraban una traidora, una apátrida o una guerrillera de civil. Tanta fue la alharaca que los pilotos amenazaron con regresar al Dorado. Recuerdo que sentí mucha rabia y que hubiera querido estar ahí, para exigir respeto por una mujer tan corajuda como esa, y para hacer algo similar a lo que cuenta el autor de la entrada, manifestarle respeto y admiración.

Jorge Arbeláez