jueves, 4 de marzo de 2010

NO MANCHES


Samuel López Castaño


La fiesta de navidad del año 2009 estuve reunido con la familia de mi esposa en los confines del Oriente caldense, entre Manzanares, Pensilvania y Marquetalia. Hubo una mezcla extraña de gentes: lugareños, de Manizales, de Bogotá, una costeña Mexicanizada y su novio Ricardo el Mexicano, que no paraba de tomar aguadepanela. El se gozó la montada en Jeep, encima del capacete, para echarle paisaje al guayabo.

Se podían escuchar allí acentos rolos, caldenses y frase de manito, por ejemplo ponerla cañón o no manches que traducidas significan, respectivamente, ponerla cuellona y no jodas. Desde luego que hubo tequila con limón y sal, aguardiente y buenos whiskies, por cierto de una marca norteamericana desconocida para mí, con un sabor dulcete propio

del bourbon de Tennessee. También los más osados le echaron “jalapeños la costeña” al tamal y para no menguar su prestigio dijeron que las lágrimas eran de nostalgia… Los más precavidos, como yo, optamos por la “salsa cholula” sobre el pollo relleno, una manera elegante de no desairar los traídos de los manitos.

Hoy, mucho después de terminar mis vacaciones, vuelvo a México, pero no por el sabor picante ni por los caprichosos giros del lenguaje. Vuelvo por la nostalgia de la música. Mis amigos cercanos dirán que les extraña que a estas alturas confiese públicamente que me gusta la música mexicana, pero vamos despacio. No he dicho que si, tampoco que no, como el señor de las encrucijadas del alma a quien la corte díjole que no.

Para no caer en tentación de trabajar en vacaciones opté, en la última semana, por el ocio musical con ayuda electrónica, es decir, ingresé a youtube y entre muchos cantantes de la búsqueda recuerdo a Ismael Serrano, Enrique Bunbury, Cristina Branco y sus fados, Alberto Cortez –hay una versión rarísima de guantanamera- Ana Belen y Javier Solís.

Con Solís empecé a dudar sobre mis gustos musicales. Hasta entonces fui categórico en decir que no me gustaba la música mexicana, aunque había reconocido en Solís una voz especialmente bella, pero seleccionando los boleros y versiones de canciones españolas y colombianas que el grabó. Pensar en las rancheras mexicanas me producía la misma revoltura de estómago que escuchar a Johnny Rivera o a Darío Gómez, que en Pereira son inevitables.

Ya se que estoy confundido. Que sí me gusta Solís, pero que no me gusta la música mexicana. Y no hay nada más mexicano que un bolero o un pasodoble con mariachi. Imposible negarle la mexicanidad a una canción de José Alfredo, así Solís la cante más pausada, un poco menos de cantina y más de salón. Algo hay que de-cantar.

Acudí a google y leí la biografía de Solís: Gabriel Siria Levario, panadero-repostero, carnicero de oficio y boxeador por afición. Superar esos apellidos es de por sí es un logro; ni se diga cantar y cortar carne. Una cosa es cantar en el baño… pero en la carnicería.

Sombras nada más, acariciando mis manos

Sombras nada más en el temblor de mi voz.

Pude ser feliz y estoy en vida muriendo…


La clave es por identificación: un hombre sencillo q

ue triunfa. Esto me lleva a otra búsqueda, que no es casual. Me pareció lógico que Siria Levario, perdón Solís, hubiera cantado temas de José Alfredo Jiménez, pero encontrarme en youtube una versión de “amarga navidad” a dúo entre Raphael y Enrique Bunbury me retó a tratar de armar el rompecabezas.

Acaba de una vez de un solo golpe

Por qué quieres matarme poco a poco

Si va llegar el día que me abandones,

Prefiero corazón que sea esta noche

Diciembre me gustó pa´ que te vayas…


Ahora que lo escribo me gusta y c

uando lo escuché, me gustó. Lo confieso y ya no me avergüenza. Lo que tengo que aclarar es por qué el cambio de actitud y seguiré escudriñando cosas en la red. Así que veamos la biografía de José Alfredo, el padre, porque su hijo homónimo actualmente se dedica a la política con el PRI. El viejo José Alfredo no era viejo cuando murió, pero la cirrosis y el peso de su propia vida le cayeron muy temprano. De ahí que fuera tan notoria la diferencia de

edad con Alicia Juárez, su amor otoñal, a quien debe su famita de viejo verde, tan sólo a los 47. Aquí va otra clave. José Alfredo caló hondo porque sus canciones fueron sencillas, no tuvo que esforzarse, sino contar su propia vida, su propia tragedia. El arraigo popular, la cantina como lugar de terapia para las frustraciones del macho latinoamericano.

Me están sirviendo ya la del estribo…

Quien no tuvo en esta vida…

"no vale nada la vida

la vida no vale nada

comienza siempre llorando

y así llorando se acaba

por eso es que en este mundo

la vida no vale nada..."

Para resumir, me fui a la tienda de discos y compré las cien canciones de Javier Solís, con video y Karaoke. Escuché de su propia voz un relato autobiográfico. En un breve aparte cuenta que él innovó la música mexicana dándole nuevas sonoridades al mariachi, a ritmo de bolero. Otra vez en youtube lo encuentro cantando el Ave María. Entiendo mejor por qué me gusta Solís, a sabiendas que los gustos no tienen que pasar los filtros de la razón.

Vuelvo a escuchar a Solís, pero esta vez me arriesgo con un tema ranchero. Ahora si peló el cobre, pensé cuando Siria Levario metió el ujujuy justo en la mitad de la canción. Claro. Clarísimo. Me gustan varias canciones mexicanas por lo que dicen… pero no por el tonito. Gracias Solís por lo que innovó, gracias Bunbury por el tonito.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Sammy: cuando te conocí ya eras aficionado a la música cubana; recuerdo tu particular disposición para escuchar a Los Compadres y, en las fiestas, hacer gala de buen conocimiento acerca de los grupos tradicionales de antes de la llegada de los barbudos a la Habana (como les dice Carlos Puebla).

No me sorprende que ahora te atrape la música de Javier Solís. Quién con unos buenos guaros no ha cantado soooooombraaass nadaaamaaaaassss, enntree tu viiiiddaaaa y mi viiiiddaaaaaaaa?, tampoco sorprende que Enrique Bunbury entre a tu discografía ( yo, que tengo hijos adolescentes, lo escucho todo el dia); Bumbury es un buen compositor y sus arreglos musicales valen la pena.

Lo que en realidad me deja preocupado es el asunto del karaoke ¿cantarás siguiendo un karaoke los boleros de Javier Solís y las rancheras de José Alfredo? ¿de verdad harás eso? ¡NO MANCHES!

Celebro leerte.

Mario

Anónimo dijo...

Nunca es tarde para descubrir a Solis. ¿Estas enamorado o entusado?
De cualquier manera que sea bien vale un canto en solitario o en un público Karaoke.Manda videos.
Un gran abrazo
Rodrigo

Anónimo dijo...

ole hommbe Samuel,

Estaba en deuda con tu escrito. Cuando lo ví así de pasada un dia casi que me da un yeyo pues hacia como un siglo que no veia tu pluma. Solo tu lengua y tu sonrisa y tus anecdotas cuando regresas de Pereira con un racimo de experiencias vitales y docentes que vuelven a encender la sangre de nuestra amistad.

Que bien tu cronica en ralenti, morosa, deteniendote en tus dudas y la impresion que vas a producir en tus lectores, tus titubeos, los arrepentimientos, las comprobaciones sobre la excelencia o no de la voz o las canciones de Solis.

Una maravilla. La he gozado como un recuerdo al pasado de aquel Proust "Por el camino de Swann". No tanto por tus dudas sino por la minucia de los sentimientos y de los pensamientos emergentes en el momento de un paso hacia adelante o dos para atrás. No por las dudas del Proust pequeño sino por la lenta delectación del pasado que pasa como cinema sobre el recuerdo del maduro escritor, lentamente, como en ralenti y me perdonás el galicismo.

Bien por esa Zammy y que le sigas sacando tiempo a la escritura no-académica para volver a ese patio de atras adonde ibamos a jugar cuando estabamos en la Luis Amigó y Ferrer. Jajaja...... ¿Te acuerdas, viejo?

oscaro.

Anónimo dijo...

ole hommbe Samuel,

Estaba en deuda con tu escrito. Cuando lo ví así de pasada un dia casi que me da un yeyo pues hacia como un siglo que no veia tu pluma. Solo tu lengua y tu sonrisa y tus anecdotas cuando regresas de Pereira con un racimo de experiencias vitales y docentes que vuelven a encender la sangre de nuestra amistad.

Que bien tu cronica en ralenti, morosa, deteniendote en tus dudas y la impresion que vas a producir en tus lectores, tus titubeos, los arrepentimientos, las comprobaciones sobre la excelencia o no de la voz o las canciones de Solis.

Una maravilla. La he gozado como un recuerdo al pasado de aquel Proust "Por el camino de Swann". No tanto por tus dudas sino por la minucia de los sentimientos y de los pensamientos emergentes en el momento de un paso hacia adelante o dos para atrás. No por las dudas del Proust pequeño sino por la lenta delectación del pasado que pasa como cinema sobre el recuerdo del maduro escritor, lentamente, como en ralenti y me perdonás el galicismo.

Bien por esa Zammy y que le sigas sacando tiempo a la escritura no-académica para volver a ese patio de atras adonde ibamos a jugar cuando estabamos en la Luis Amigó y Ferrer. Jajaja...... ¿Te acuerdas, viejo?

oscaro.