sábado, 13 de marzo de 2010

La Seguridad Democrática para v(b)otar.



Por Rodrigo Restrepo Gallego

Marzo 13 de 2010. Santa Rosa de Cabal Risaralda


La seguridad como un estado de compromiso inherente al concepto de democracia asumido como un modo de vida que dirige la libertad del individuo, y orienta los procesos de convivencia de los colectivos formales e informales de la cotidianidad, -el demócrata se muestra y demuestra cada día, todos los días- se defiende desde la comprensión de lo que es un estado social de derecho y se desarrolla con la aprehensión de una conciencia ética fundada desde la consideración y el respeto por la maravillosa existencia del otro, de los otros.

Seguridad democrática puede ser ahora el nombre de una política de gobierno a partir de la cual se crean estrategias para consolidar el estado del negocio permanente de la guerra, de sus adalides y conserjes reproductores de resonantes golpes para reiterar ahora en los discursos como avasallante unidad temática; como también en la historia que ellos mismos escribirán en sus memorias, en los nombres de los héroes inflados, de las operaciones y de sus generales comandantes, como acicate para mantenerla en creencia popular como la única vía para la reconstrucción de un país que no ha gozado de la paz plena, pero si, de la democracia más antigua del continente, titulo logrado por el acto de elegir, más no por el sistema de vida que pertenece como derecho fundamental a todos los colombianos, incluso a aquellos que ni siquiera han nacido.

Es redundante la seguridad democrática, y de tal manera que se mancilla descaradamente lo que es democrático con la configuración machacante de lo que es seguro, hasta llegar a proponerla como eje central del presente y el futuro de la nación en las campañas proselitistas de partidos casquivanos con la ideología y el pensamiento político de sus propios fundamentos.

Por fortuna, la democracia pervive en todas las dimensiones donde exista el libre albedrio, cuestionador de señales simples de seguridad, como aquella de los dedos levantados en señal de seguridad por soldaditos parados en posición militar en las bermas de las carreteras, o de los siete retenes viales en la vía Medellín Manizales; como también de las más complejas, como aquella plagada de trapisondas e impúdicos silencios cohonestadores, destapada por la Corte Constitucional al declarar inexequible –no correspondiente a las estipulaciones de la democracia colombiana- el «clamor popular» de la reelección presidencial por segunda vez.

La “seguridad democrática” que me permite ir mañana a mi mesa de votación, no procede de la vigilancia de la fuerza pública, ni de los procedimientos de control establecidos por la alcaldía, ni de las propuestas belicosas de oportunistas electorales, sino de mi decisión férrea de expresarme como el uno que soy de mi mismo en mis convicciones de vida socialmente activa; y como el otro que soy del otro, con el cual puedo compartir o disentir, me parezco y diferencio, y respeto en vida amable de compatriota.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Leia un papel gringo que decia algo asi como "El gobierno de la gente, para la gente y por la gente.." En colombia es la democracia del gobierno, por el mismo y asi mismo. Ensimismados. Faltan años y muchos golpes, para que la cosa evolucione a mejores aspiraciones.
German.

Anónimo dijo...

Querido Rodrigo; en alguna parte leí que la seguridad (no el aseguramiento en el Estado Bienestar) apareció como una preocupación en los tiempos de la guerra fría; luego los asuntos de incivilidad ciudadana ( así los llama Rosanvallon) la fueron convirtiendo en una prioridad del Estado. En Colombia el asunto es claro, la seguridad nos llevó a ser cómplices de la invasión a Irak, nos puso a gastar los fondos públicos en el conflicto interno armado y a creer que el mejor gobieno de la historia fue aquel que controló las vidas privadas de sus rivales políticos.

Saludos

Mario

Anónimo dijo...

Te agradezco mucho «hombe» Mario la fundamentación histórica de lo que quise decir, y que ahora veo claritico con el despelote que se armó con el conteo de las Noemíes y de los Andreses del PC (¡Ja!)o serán de la U?, muestra de la seguridad democrática que nos ofrecen.
Rodrigo

Anónimo dijo...

Gracias por ese debate sobre la mesa

Anónimo dijo...

“Mientras las Fuerzas Armadas de Colombia han hecho una gran tarea para derrotar la interferencia de la violencia en el ejercicio libre de las elecciones, la Registraduría crea enorme desconfianza", expresó el Presidente Uribe, ante el papayaso de la Registraduría.
Dicho, sólo las armas nos darán la «seguridad democrática», todo lo demás es politiquería de los oponentes, de los terroristas, incluso el informe último sobre derechos humanos en Colombia de los Usadinenses.
Solo falta que los clavijeros y escrutadores sean los sargentos de la policía, y los testigos del conteo los del partido PIN, así estaremos seguros... verdad?
Rodrigo

Anónimo dijo...

Cada vez la democracia colombiana tiene mas cara de comedia

Carlos Aldana