viernes, 19 de marzo de 2010

Evocando a Bernardo Jaramillo



MARIO HERNÁN LÓPEZ

Debió ser al final de una tarde de 1978 cuando lo vi por primera vez en la sala de la casa de Don Hernando Barco y Doña Chila Gómez. Casi todas las tardes Oscar Ramírez, Jorge Barco y yo salíamos del Instituto Universitario para la casa de los Barco a buscar en los libros de Don Hernando los autores y los temas que por la época nos llamaban poderosamente la atención: Los clásicos de la literatura Rusa, las novelas del boom latinoamericano y los libros de historia griega y romana que, sin duda, nos marcaron un camino imborrable para el resto de la vida.



El Mono Oscar Ramírez decidió ser abogado en la casa de los Barco, Jorge optó por la ingeniería química - es lo más difícil que enseñan en la Universidad Nacional, nos dijo chicanero-. Yo nunca pude vencer el prejuicio de mi padre hacia los abogados, de manera que me vi obligado a escoger la carrera que ofrecía el mayor contenido de ciencias sociales en la Universidad Nacional. La casa de los Barco fue un lugar de encuentro de varias generaciones y en ella conocí personajes como Bernardo Jaramillo y Ramón Castillo, cuando apenas iniciaban sus carreras políticas.



Un par de años más tarde, Bernardo nos sorprendió a los estudiantes de la Nacional y de la de Caldas con un discurso en la cafetería central: Parado encima de una mesa metálica improvisó una arenga larga y coherente alrededor de los asuntos políticos de la época; me impresionaron el vigor y la elocuencia propios de los líderes que se saben encantadores con la palabra. Más tarde Bernardo viajó al Urabá y en poco tiempo se transformó en un líder aguerrido y reformador de la izquierda dogmática.



Hoy en la mañana, revisando la prensa del día, volví a escuchar algunos discursos de Bernardo en alguna reunión de la Unión Patriótica - la revista Semana publicó un artículo con ocasión de los veinte años de su asesinato en el puente aéreo de Bogotá en el que se adjunta un video con el discurso-. Al salir a la calle, con el sabor incómodo de la nostalgia, me encontré de súpito con Clarita Barco, la hija de Don Hernando que aquella tarde de 1978 nos presentó a Bernardo como un incorregible mamador de gallo al que también le gustaba, como a nosotros desde esas épocas, el aguardiente y la música argentina.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece mentira que ya hace 20 años que acompé el féretro del líder de la Izquiera Democratica desde la Basíla de Manizales (en donde no quería el clero oficiarle la misa), hasta jardines de la esperanza, caminando al lado de una muchedumbre. Cómo olivar al también lider de izquierda Carlos Pizarro, quien fue uno de los que cargo el féretro de Jarramillo en todo el recorrido, pese al inmenso aguacero que se desató, como si "sanpedro" también llorara la muerte de toda una generación frustada. A las pocas semanas le tocó el turno al comandante Pizarro. Tenía yo 18 años y puedo decir que compartí hombro con hombro dicho camino (Basílica - Jardines) con pizarro, que era para aquellos jóvenes que apenas comenzabamos a vislumbrar la realidad absurda, totalitaria e indolente de la sociedad que nos correspondió, un referente de reveldía y a la vez de sueños.

Fernando Duque

Anónimo dijo...

Hola Mario. Muy buena la semblanza. Me hizo retroceder 25 o 30 años, cuando nos levantábamos temprano para que la revolución no nos cogiera durmiendo.

Un abrazo:

William

Anónimo dijo...

No me dejés por fuera del tinto con tostadas de Doña Chila en la casa de los Barco

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

Gracias negrito por esta evocación, parece a uno increible como pasa el tiempo y pareciera que fue ayer cuando veiamos a Bernardo con sus discertaciones.

Un abracito

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Gloria Inés Sanchez