lunes, 1 de febrero de 2010

EL ÚLTIMO CONCIERTO




Juan Camilo López Amézquita

La última noche de una gira de 90 presentaciones durante todo el año por América y Europa. Miles de millas acumuladas y un dolor en los huesos. Ya no era aquel muchacho que dejaba todo en las tarimas de los bares más inmundos de su ciudad natal, cantando clásicos de “The Doors” y recitando poemas de William Blake entre canciones, frente a un grupo reducido de desadaptados, prostitutas e inmigrantes, hasta que el gerente o las botellas los echaban del escenario.

Durante los últimos shows se limitaba a posar con ademanes mil veces repetidos para los flashes cegadores de sus fans e incluso, en su concierto en Santiago, requirió oxígeno al terminar para no desfallecer. Recortó sus recitales a dos horas, 20 canciones, hablaba poco con la multitud y mucho menos con la prensa, unas pocas palabras que cambiaban según el nombre y el gentilicio de la ciudad de turno.

Hoy terminaba en Bogotá. Su promotor hizo el cambio de la última fecha por motivos climatológicos en la región: al parecer estaba lloviendo mucho y esta noche no era la excepción. Hasta ahora sabe de Bogotá que hace frío y huele a mierda. Pidió disculpas a sus músicos por no hacer parte del tradicional círculo de energía previo a cada concierto. Quería estar solo. Se sirvió un whiskey con agua y escuchó atento el rugir de la multitud agitada por el cambio de luces, preámbulo de la función. Alguien abre la puerta del camerino y le avisa que entra en 5 minutos.

Toma su guitarra tipo Dreadnought y rasga lentamente un La menor mientras el licor afina su garganta. Le agrada mucho ese acorde, donde cada cuerda suena limpia y alegre pero el conjunto es tristeza. Comenzará con algunos singles del nuevo álbum que debutó sin mucho éxito hace unos meses y por el que su promotor exigió tan titánica gira de conciertos para compensar las pérdidas. ¿Qué disco triunfa hoy día en plena era de la piratería y los recursos compartidos en la web?, hasta él posee algunas canciones prestadas en su IPod. Ya no es una felonía, es parte de nuestra cultura. Luego vendrán los clásicos, algunos compuestos en la época del peyote, sus primeros tatuajes y mujeres.

Aspira un porro local, le duelen los huesos. La próxima gira, si es que la hay, será después de unas largas vacaciones con su hija en Cuba o Disneylandia. Será en lugares pequeños, exclusivo para un público atento a lo que tiene que decir y no un mar negro de adolescentes con granos y ebrios que por tantas noches han arruinado sus más sublimes canciones. Toma sus gafas oscuras y se cuelga la guitarra, comienza la cortinilla que sirve de introducción al recital: un collage de escenas de Westerns. John Wayne: “If you’ve got them by the balls, their hearts will follow you”

Su señal. Náuseas, sabe que no son por la altura como le habían advertido, tampoco el hachís. El rugir del público acompaña los compases de la primera canción. Los huesos ya no duelen, se siente librado, desencadenado. Entra en escena y frente a la multitud escapa una sonrisa. Una camiseta lanzada desde platino le golpea de lleno en el rostro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien Camilo, especialmente por esta frase: "Le agrada mucho ese acorde, donde cada cuerda suena limpia y alegre pero el conjunto es tristeza".

Abrazos,

Óscar A. L.

Anónimo dijo...

Me gusta tu escritura modesta, sin falsos artilugios, sin decorados inmodestos. Me gusta el encanto de quién sólo desea narrar creando un mundo para sí y a su manera.

Te felicito

Carlos Aldana