sábado, 20 de febrero de 2010

EL REGAÑÓN y YO





Por Rodrigo Restrepo Gallego

Febrero 19 de 2010

Santa Rosa de Cabal Risaralda


Por poco me da un infarto con la súbita felicidad que sentí, cuando en la trasmisión televisiva del besamanos ofrecido en la Casa de Nariño al Presidente Bush (Marzo 11 de 2007), en un momento de silencio se escuchó en directo, la voz regañona y fuerte del anfitrión, diciendo: «Saque las manos de los bolsillos, hombre». En ese momento, me creí testigo en indirecto, del mayor acto de soberanía ejercido en Colombia por presidente alguno ante un emperador gringo, creyendo que semejante regaño, era un dardo político-económico lanzado en público para el visitante; pero no, era para a su hijo Jerónimo, quien con paso fino se dirigía al saludo protocolario, como se vio en cámara. Con desilusión mi pequeño corazón regresó a su agite normal.

Con esta experiencia pasada, ni siquiera me inmuté cuando en diciembre del mismo año se deja venir, vía telefónica (dizque chuzado), con el regaño al «mechudo» fotógrafo asesor de imagen nativo de Armenia, cuyabro como el ministro de Protección social: «Quiero decirle que estoy muy verraco con usted, y ojalá me graben esta llamada. (…) Y si lo veo, le voy a dar en la cara, marica», así fuera esta una expresión del hombre de corazón grande, exponente de los principios católicos de amor al prójimo y en especial a los amigos de «Palacio». El llamador oficial a la prudencia. Como tampoco, cuando en plena entrevista carga con voz altanera contra el periodista argentino de la BBC (mayo de 2009): «… estudie la historia de su país, deje la democracia colombiana tranquilita», y luego le señala que «esas preguntas son chismes de cafetería», al ser interrogado sobre el supuesto cambio que habría en las relaciones con Estados Unidos bajo el mandato de Barack Obama.

Por estos ejemplos y por los muchos otros regaños públicos a Raimundo y todo el mundo que se atreva a acercársele con un criterio propio en disenso democrático, como aquel dado a un estudiante por usar una cachucha en su presencia (junio 2008); ahora estoy impávido, como el ministro Palacio escuchando el regaño del día; ni me van, ni me vienen los regaños enfatizados en noticias de actualidad a este ministro y a sus asesores cercanos por los fracasos de la propuesta de reforma al sistema de salud; pues estos son solo trucos mediáticos de gran provecho para la reconstrucción de una imagen asertiva en medio de los descalabros masivamente repudiados, en los cuales el «regañón» es un verdadero campeón. Y de tal nivel, que se esta creyendo en las esferas del alto y mediano gobierno que quien no es regañón, le falta carácter para llegar a ser un gran patriota en la defensa de los principios rectores emanados de la Casa de Nariño. Véanlo, en el pusilánime ex ministro de agricultura con el caso de Carimagua, en sus respuestas a entrevistadores de campaña política, o en la defensa ante el congreso del programa Agro Ingreso Seguro por parte de su sucesor: « ¿Adivinen quien se aprovecho también de los préstamos que ahora se critican?, pues los de la oposición del Polo», o en las múltiples declaraciones del ministro de Defensa como aquella: «Zapatero a tus zapatos», o el reciente dado sus mandos por las entrevistas concedidas por ellos a una candidata conservadora; esto para no hablar de los regaños de JOG que aún sigue abusando del poder de «Cambio».

Apliquemos entonces ante este espectáculo de los regaños a diestra y siniestra, la filosofía de vida propia de los jóvenes de todas las épocas ante los padres regañones: «no le paremos bolas, sabemos que por muchos errores que cometamos, y por mucho que nos regañen nunca arreglaremos las cosas, ni nos echarán de la casa». Y esto también lo saben y aplican los ministros.

Ciao.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente artículo,


Es una delicia la buena memoria o los archivos de Rodri. Me inclino por lo último, pues después de los 40 (jajajaj) dizque todo disminuyo y se achica. Doy fe. Solo digo, para no entrar en materia, que he rebajado cuatro centímetro de la estatura que me registraron cuando tenía “los gloriosos 22 años” de las largas y gélidas caminatas en la azotea del Seminario Mayor. Pasábamos entre las canecas que recogían en las noches lluviosas y neblinosas el agua municipal que a las sagradas cinco horas del día siguiente caían inexorablemente sobre nuestros cuerpos juveniles fijando la estatura y dejando rígidas y petrificadas otras partes de nuestro inventario anatómico. También los años ha bajado el stock de este cuarto de basura que es nuestra memoria en donde tiramos todo lo que no es de circulación diaria pero que requerimos a veces, para sostenibilidad de lo que ha sido el estándar de nuestro perfil biopsicológico.


Y Rodrigo se viene con estas citas tan bien documentadas que producen necesariamente la felicidad de nosotros sus lectores. Y también que haya vuelto a la escritura y sus buenas columnas en el Bloq.


Rodri,
Como siempre seas bienvenido como tantos otros y otras que han vuelto a la pluma y nos traen todos los días un comentario, una vivencia, una anécdota tanguista o salsómana, un dislate o un feliz disparate.


¡Bien por esa!.

oscaro.

Anónimo dijo...

Rodrigo, se me ocurre decir que el articulo es exacto ( escribir bien es escribir preciso, decía el viejo Borges).

En el país hay una ola de medianos y pequeños liderazgos que confunden la gestión con el sudor y el liderazgo con la histeria.

Mario

Anónimo dijo...

Con lo de la reunión de rio puedes hacer la segunda parte.

Carlos Aldana