sábado, 27 de febrero de 2010

DEMOCRACIA PREPAGO



AGUSTIN ANGARITA LEZAMA

El sistema prepago es un invento exitoso del capitalismo. Le garantiza venta masiva y anticipada de un servicio, le permite tener dinero adelantado para sus manejos financieros y, ofrecer descuentos, comodidades y ventajas para los usuarios. Un juego en el que, aparentemente, todos ganan. Los buenos resultados del proceso han hecho que se generalice y ahora lo encontremos, mediante tarjetas, en la telefonía celular, en el transmilenio, para entrar a cine o espectáculos, en el comercio sexual, etc.


La politiquería y la corrupción se han modernizado. Ya no se necesita, para hacer el carrusel, que el elector entre al cubículo y se robe un tarjetón oficial, lo entregue sin marcar al que le va a pagar, para que éste luego se lo entregue ya marcado al siguiente elector, quien mete en la urna el que lleva escondido y saca de nuevo el que le han dado limpio y al entregarlo recibe su paga. Este sistema le garantizaba al pagador la eficiencia de su corruptora empresa.


La tecnología hizo obsoleto el procedimiento. Un cómplice del pagador, vigila a cierta distancia la urna y supervisa la entrada del elector con quien se ha convenido el pago por su voto. A éste le entregan un celular con cámara y al momento de marcar, según lo indicado por el pagador, toma una foto del tarjetón en la que se vea con claridad por quien sufragó. Al salir devuelve el celular, revisan la foto y se hace acreedor al pago por la venta de su derecho a elegir. Método eficiente y discreto.


Pero el negocio grande es prepagar a los “líderes”. Son personajes que se han ganado la voluntad de sus vecinos haciendo favores. Conocen los intríngulis del Estado para sacar permisos, tramitar cuentas, obtener carnés del SISBEN, afiliaciones a EPS, formularios para subsidios de vivienda, entre otros. Se convierten en puente entre el Estado y la comunidad. Ellos, al suplantar a la ciudadanía, son sus voceros, sus representantes. Existen algunos que trabajan honradamente y por vocación de servicio, pero son pocos, la mayoría sacan provecho de su condición.


En época de elecciones, los corruptos buscan con afán a estos “líderes”. Ellos ya tienen tasado a cada uno de estos personajes sobre su capacidad de movilización electoral. Estos “lideres” hablan de su sacrificio sirviendo a la comunidad y justifican por qué “ese pechito necesita combustible” para movilizar a su gente. Y acuerdan precios. El prepago incluye salir a los medios a hablar maravillas de oscuros personajes, expresar con familiaridad las grandes obras del candidato a quien a duras penas conocen en sus casas. Además, incluye llevar la gente a votar.


La viveza no sólo es de los compradores de votos. Existen “líderes” que aceptan el prepago de varios candidatos, y según ellos, dividen la votación. En el peor de los casos, no le cumplen a ninguno y se quedan con la plata. Este sistema, adobado con sancocho y ron se hizo famoso en la costa caribe. Hoy el Tolima, para las elecciones, se “costeñizó”. Hasta las autoridades electorales reconocen la presencia de “ríos de dinero” que inundan las campañas políticas en barrios, comunas y veredas e inician investigaciones exhaustivas…


La democracia prepago les sirve a los corruptos para permanecer en el poder. Les es útil a los mafiosos para capturar el Estado para sus fechorías. Les sirve a los “lideres” porque llenan sus bolsillos en épocas de crisis. Perjudica al Estado porque lo desprestigia. Deslegitima las instituciones. Convierte a la democracia en un embeleco de poca credibilidad y valor. Fomenta la apatía y el descontento. Mantiene a muchos ciudadanos en la miseria y abandonados del Estado. La corrupción se constituye en la opción y los mafiosos en los salvadores de la sociedad. Se le cierran los espacios a la política limpia. El futuro se oscurece. El prepago es el cáncer que ataca a la democracia y que la tiene de muerte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Si el gobierno de la mayoría está justificado sólo como un medio para alcanzar la igualdad política, el principio del gobierno de la mayoría no puede justificar razonablemente acciones que infligen un daño a los derechos necesarios en un sistema democrático".

DAHL,Robert. La igualdad Política. Fondo de Cultura Económica. 2008.