miércoles, 16 de diciembre de 2009

EL NUEVO CABLE AÉREO.





OSCAR ROBLEDO HOYOS *


El Cable Aéreo es la novedad tecnológica de Manizales. El juguete mecánico que nos ha extasiado. La invención ingenieril que a la vez que nos reconcilia con lo urbano tiende, en lo social, nuevos lazos de encuentro entre los ciudadanos. De los municipios vienen padres, tías, abuelos y niños a “hacer el paseo colgante”. Desde la entrada en Los Fundadores los rostros expresan la ansiedad por el vuelo fantástico y su disponibilidad a los encuentros.


- Y Uds. ya han hecho el recorrido?, nos pregunta una joven rolliza.
- NO, respondemos, ¿y Uds.?.
- Nosotros apenas llegamos de Monte bonito, dice el abuelo que está al lado de mi ventanilla.
- Pues bueno, siendo todos primíparas, no tengamos empacho de pegar un grito o una exclamación. Lo dice como presentando una excusa por adelantado en caso que la emoción sea extrema.
En realidad es lo que sucede cuando arranca la góndola pues ésta se tira con fuerza al vacío haciéndonos un hueco en el estómago.
- .Ahhh…. ¡Qué chévere! … dice nuestra hija, mientras que el niño de la otra esquina anda pegado a la ventana, mas pálido que hoja de papel.


Lo anterior nos hace recordar el Medellín actual con la fantasía de sus sistema de transporte de pasajeros sobre las comunas y nos hace reconstruir mentalmente lo que fuera nuestro Cable Aéreo en la segunda década del siglo pasado con 72 kilómetros de longitud y que lo llevara a ser el más extenso del mundo; las proezas del ingeniero James Linsay a quien Manizales recuerda con el nombre de una de sus avenidas. Pero también viene a la memoria la ROYAL DE LUXE, una empresa de teatro callejero de la ciudad de Nantes. Digamos callejero por que desarrolla sus obras y funciones en la calle pero no por la tecnología pues la que utiliza roza con todos las exquisiteces de las más altas parámetros de la ingeniería eléctrica y electrónica, el maquillaje y la escenificación teatral de vanguardia. Viene a la mente por el impacto de convivencia y ciudadanía que deja entre los espectadores. Tiene treinta años de llevar el arte a la ciudad. No olvidemos que por alguna razón el más grande creador de la ciencia ficción y vidente de la ciudad tecnológica, Julio Verne, fue hijo distinguido de ella. Actualmente esta compañía de magos ingenieriles embelesa por días y semanas a los habitantes y turistas (también a otras ciudades europeas) con el embrujo de elefantes mecánicos, fabulosos naves espaciales, inmensas y fastuosas marionetas de sultanes orientales, una niña gigante se pasea lamiendo una chupeta roja o, inocentemente toma su ducha matutina en el encuentro de grandes bulevares o al lado de la catedral de Notre Dame. Del cielo caen buzos y astronautas que descienden a las calles a caminar con los peatones Todo se toca de magia y esta fascinación artística hace que los humanos, peatones de todas las clases y edades, restablezcan sus vínculos sociales a la luz de una realidad que los trasciende y cautiva. Finalmente la niña encuentra su madre sobre uno de los puentes. Es impresionante el juego de ingeniería, cuerdas, grúas, camiones y dispositivos electrónicos para que estos dos seres se abracen ante la estupefacción del público. Creímos por un momento que se iban a enredar las manilas, que se iba a reventar una bisagra, que se iba a caer de bruces el señor que estaba sobre la cabeza de la niña o que los gritos de coordinación de Monsieur Jean Luc Courcoult no fueran a ser comprendidos a tiempo por esa la tropilla innumerable de auxiliares, vestida rigurosamente de rojo. ¡Mas a la izquierda, un poco más alto, nuevamente a la izquierda, mas fuerte!, las órdenes en medio del bullicio, las conversaciones de los espectadores, el pasmo de todos.


Hemos tenido el vuelo del águila, silencioso y sereno desde Los Fundadores. Desde sus alas abiertas hemos constatado una vez más nuestro rancherío interior de pequeñas azoteas de cemento negro, extendederos de ropa y deposito improvisado de trebejos y cosas inservibles. Mucho quehacer de Renovación Urbana de nuestras autoridades municipales. Están bien las obras de la Ciudad Nueva que hemos inaugurado y aplaudido pero esperando igualmente la del Barrio San José y estos aledaños del Cable Aéreo. La ciudad se nos extiende con sus bellezas y sus miserias. Nada escapa a la mirada de las rapaces cuando están en vuelo. Avizoran las más pequeñas alimañas, pillan todos los detalles cuando extienden su vuelo en las alturas. Una ciudad abigarrada vemos bajo nuestros pies, humilde, con sus más y sus menos como todo lo que es real pero todo junto. Desde cualquiera de las 42 góndolas y en este corto recorrido de 2.500 metros nos reconciliamos con la ciudad, se funden todos los estratos tanto en las cabinas como en la geografía de este pañuelo arrugado que va saliendo aplanchado en nuestra mirada panorámica.


El Cable Aéreo de Manizales es la novedad tecnológica. El juguete mecánico que nos tiene extasiados. No tiene ciertamente los fines lúdicos y de goce de la tropilla de Nantes pero al menos, tiene los propósitos de acercarnos al Terminal de Transporte Los Cámbulos y acortarnos la visión de la ciudad.


Manizales, diciembre 16 de 2009.


*. Sociólogo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay!!! que emoción en ese video se ve la casa de mi tía. No saben lo que sentí.

Tita la mas bonita dijo...

Felicidades manizales!