viernes, 31 de julio de 2009

The Reader

¿UN FALSO CONFLICTO MORAL?

OSCAR ROBLEDO HOYOS *

Ficha Técnica.

“The reader (El lector)”

Dirección: Stephen Daldry. Países: USA y Alemania. Año: 2008. Duración: 124 min. Género: Drama. Interpretación: Kate Winslet (Hanna Schmitz), Ralph Fiennes (Michael Berg adulto), David Kross (Michael Berg de joven), Lena Olin (Rose Mather/Ilana Mather), Bruno Ganz (profesor Rohl). Distribuidora: On Pictures. Estreno en España: 13 Febrero 2009.


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Hay un planteamiento moral que se corre en profundidad a medida que pasa la película. Hay interrogantes previos que nunca se resuelven y otros de los cuales su solución queda apenas esbozada. ¿Quien finalmente es Hannah? ¿De qué mundo proviene? ¿Porque no tienes escrúpulos para iniciar en el sexo a un “Niño”? ¿Porqué su mutismo, su personalidad cortante, su actitud autoritaria? ¿Tuvo antes un marido, unos hijos, una familia?

El verdadero intríngulis del filme es el dilema ético en el que finalmente cae el espectador sin tener una respuesta adecuada. Por el contrario se sume en un “mare magnum” de impresiones e imprecisiones conceptuales. En realidad - como lo dice la solapa promocional - “Hasta dónde puedes llegar en la guarda de un secreto?”. Y en la película se va muy lejos, hasta pretender que el punto de vista moral asumido por el Michael es el mismo del observador.

El secreto se va estableciendo lentamente en el espectador hasta convertirlo en simpatizante de la tesis del Director, o, el Autor de la historia. Digo lo anterior porque no he tenido la oportunidad de leer la novela de Schlink. El espectador desprevenido es manipulado progresivamente hasta quedar del lado de la buena conciencia del protagonista (Michael Berg) adulto. Un hombre impasible, solitario, que cae como Hannah en un desempeño social autista y desarraigado. El adulto actúa como una marioneta del postconflicto del nacionalsocialismo: alejado de su hija (Julia), no se conocen las razones de su separación, impasible ante el drama que se abre para Hannah durante el juicio al cual asiste de manera impotente pero sobretodo cobarde. Sus lagrimas atrás, entre el público no dejan de ser melodramáticas y manipuladoras. Indignantes. ¿Cuál secreto cuando Michael con su cobardía hunde o deja hundir de manera impasible y “ lâche ” a Hanna en los vericuetos de un pésimo juicio moral. En un momento creímos que Hanna iba a tener el valor de defender su punto de vista, por un instante hace trastabillar al juez pero finalmente sucumbe a “su secreto” que no es el del espectador… la vergüenza de ser analfabeta en un universo de letrados, estudiantes y egresados de todas las disciplinas. En el momento que Hannah no pone su letra sobre el papel y deja estampada allí su grafía firmó su sentencia de muerte. Y no la pone por la vergüenza de ser analfabeta en una sociedad que se proclama sociedad del conocimiento. No se puede exaltar sin más un secreto entre Michael y Hannah en ese instante cuando lo apropiado hubiera sido que Michael hubiera tenido el coraje de proclamar a la sala que había tenido un romance en el verano X con la ajusticiada. ¿Es posible montar a partir de un acto de cobardía o confusión moral el tinglado de un “Secreto”, con sus feroces y terribles implicaciones para “estas víctimas” de una moral pública evidentemente hipócrita? Por motivos elementales de humanidad Michael estaba obligado a protestar y salvar el futuro y la vida de su ex amante. Por el contrario, asiste –cómodamente instalado detrás de sus lagrimas y la espalda de el auditorio/la humanidad - al derrumbe de Hanna. Conserva así su buena imagen y buena conciencia, sigue siendo el brillante estudiante de derecho, el hijo bueno de una familia buena y luego el abogado litigante exitoso que se confabula con las nueva generación en la condena del holocausto, así la rea no tenga nada que ver con el mismo, pues es claro que quienes redactaron el informe final fueran las compañeras guardianas ya que Hannah apenas , posteriormente, en el cautiverio aprende a leer y escribir. Aquellas que gritaron “Nazi, Nazi” el día del veredicto fueron las que deberían haber sufrido la cadena perpetua y no Hanna, verdadero chivo expiatorio de la mala conciencia del fascismo. Son las guardianas las culpables de las muertes las que finalmente son exoneradas de culpa ante una nueva generación que en nombre de la justicias blanquea los adultos del genocidio. Todos a una “colinchados” para mentir y hacer los rituales oficiosos de una Ética pública montada sobre el espectáculo.

El problema principal de la historia consiste en que en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos implicados en la guarda de un Secreto. Decíamos que el secreto se iba estableciendo lentamente. El secreto se inicio en firme en las sesiones del tribunal de acusaciones en el momento en que Hanna “voluntariamente” se deja condenar injustamente. Es a partir de este momento que se infiere que Michael contrajo el secreto con Hannah y es por eso que desde allí se establece el compromiso vinculante del espectador. La exigencia del sigilo profesional o humanitario requiere de su conocimiento previo y la voluntad o la obligación de guardarlo. La exigencia moral que establece la película con el espectador es a todas luces abusiva y excesiva porque cae sobre el espectador como una guillotina sin aviso previo; más aún; sin título alguno de validez pues no es clara ni la existencia de la obligatoriedad ni las razones en que se sustenta. Se puede argumentar, a la inversa; ¡Qué secreto puede existir cuando el acto de Michael nos parece egoísta y mediocre!. Más bien hubiera sido urgente y necesario que proclamara el analfabetismo de su amante y de esta manera salvar su futuro. A regañadientes asistimos a una muerte lenta y cruel de la protagonista con la complicidad de los espectadores en nombre de una moral que no explica de manera suficiente de donde surge su obligatoriedad y compromiso.

Finalmente, no puede surgir exigencia moral de un secreto que no compartimos y que por lo contrario rechazamos puesto que a nuestro entender surge de la cobardía de Michael respecto a su pasado y una posición cómoda respecto su presente. En síntesis, su silencio es culpable y engañoso porque nace de un acto egoísta y cobarde.

Si comparáramos The Reader con Adiós A Lenin encontramos una semejanza respecto al secreto, la complicidad actor/espectador y la mentira asumida.

En Adiós A Lenin se trata de un hijo que no quiere que su madre anciana se dé cuenta que ha caído el muro de Berlín y que su valorado proyecto socialista yace por el suelo. Por compasión, por humanidad, por amor a Katrin, Alex – su hijo – convierte el apartamento en una reliquia del viejo socialismo de la Alemania oriental. Miente ciertamente pero lo motiva el amor a su madre y el espectador termina - como todos sus amigos y parientes - haciéndole el juego “a la puesta en escena”. Se establece un vínculo de complicidad y casi de secreto entre el Alex y el espectador. Mentimos todos pero salimos del filme con la clara sensación de ser mejores seres humanos de cómo entramos a la sala. Cosa totalmente distinta a The Reader.

Las consideraciones anteriores no impide que THE READER sea una interesante y bella obra cinematográfica de nuestra contemporaneidad.

Manizales, Julio 28 de 2009

*. Sociólogo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Oscaro, he escuchado comentarios contradictorios sobre la pelicula ( incluído el de Manuela que se queja por el ritmo lento de la trama). De manera que danos una esperita para poder cotejar tu comentario.

Saludos

Mario

Anónimo dijo...

Por fin pude verla hace una semana en Bogotá. Creo que los juicios morales son determinantes en la película -todo aquello que puede ser el entecedente inmedianto de lo que hoy constituye el centro de la sicusíón sobre la memoria historica, justicia, la memoria y la reparación-.

Los recorridos de la cámara, las locaciones de época, las imágenes de los sitios del holocausto y un sentido sutil y articulador del perdón hacen que la película valga la pena y de lejos.

Saludos

Mario