sábado, 18 de julio de 2009

PALABRAS EN LA PUERTA


Mario Hernán López

Se besaron con los labios secos; cada uno se abrazó al otro con la curiosidad y la torpeza de una primera vez; buscaron acoplarse entrelazando las piernas, cruzando los brazos sobre sus cabezas, anudando y desatando los cuerpos en una pequeña danza sin preparación ni repeticiones.

Los cuerpos se acoplaban nerviosos y sin afán; entre las sábanas se veían ajustados, precisos, naturalmente bien y a la medida. Ella lo abrazó mientras él la buscaba con su sexo. Ella se ofreció como un papel en blanco.

-No creo en amor, pero te amo- le dijo él, torpe, apelando a una frase hecha.

- La eternidad es un instante - le respondió ella, nerviosa, apoyándose en otra frase vieja, empobrecida, desgastada y hecha.

Se abrazaron toda la noche, nerviosos, torpes, asustados y sin afán; en algunos pasajes parecían danzar; lograron sentirse, por momentos, precisos y a la medida; tampoco se agotaron de hablarse largamente al oído, con sus frases hechas.

4 comentarios:

creo dijo...

Como en la canción de Serrat, los amantes debutantes creen que inventaron el amor...

Las frases pueden ser las mismas, las miradas y caricias las mismas, pero siempre son únicas...

Bello texto!

Carlos Augusto Jaramillo dijo...

Todos somos torpes en el amor. Algunos, incluso, son tan torpes que se convierten en casanovas. De ahí la dificultad de la literatura amorosa. De ahí que tan constantemente fallemos. Como con el amor.

Anónimo dijo...

Deliciosa seducción imperfecta

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

La torpeza de los cuerpos nerviosos y sin afan,apelo a frases hechas para escribir esto...