lunes, 15 de junio de 2009

PALIMPSESTO




Mario Hernán López

¿Hay algo más que quieras decir? -Le preguntó la mítica dama de blanco al hombre sencillo de la sierra-. Algo, cualquier cosa que creas que debas contar, puede ser una historia, una frase o una palabra; no importa si carece de significado o si hiere o insulta; algo que creas que debe quedar definitivamente entre los dos como un secreto o una verdad iniciática.

El hombre de la sierra sacó de su mochila de tela un papel viejo y amarillento, enrollado como un papiro; desató el cordón gris y el rollo se extendió suavemente por el suelo dejando a la vista un palimpsesto. Varias escrituras sobre escrituras mostraban sus huellas: los restos de una escritura anterior daban inicio a las frases de las escrituras más recientes y estas a las siguientes. El texto contenía palabras y símbolos, algunos de ellos prácticamente borrados por el paso del tiempo.

Yo soy el otro-. Se leía claramente en el título del texto. La dama de blanco trató de iniciar la lectura, arrojándose ansiosa sobre el papel.

- No puedes leerlo de corrido, los textos revelados sólo se comprenden si cada frase es puesta a prueba - Le dijo el hombre de la sierra.
- ¿Entonces, está aquí lo que debes decirme antes de partir? Preguntó ella.
- - Está todo lo que debes conocer sobre ti y sobre mí, le respondió.
- ¿Y cómo debo leer el papiro? Preguntó de nuevo la dama.
- Cada mañana leerás una frase, deberás aprenderla de memoria y usarla en tus conversaciones cotidianas mezclada con frases simples y corrientes, sin darle ningún énfasis especial; si alguien atiende a esa frase o te responde con ella, entonces podrás leer la siguiente. Cuando termines de leer el papiro volveré para quedarme.

El hombre la abrazó por última vez, disfrutó el perfume y el sabor a eternidad en la cara de la dama de blanco, subió a su caballo y galopó buscando la sierra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Excelente!