lunes, 30 de marzo de 2009

Crónicas del Neogranadino III








La caída de la Torre de Babel









Por Mario Hernán López








En Europa, existe un programa de estímulos para propiciar la movilidad de los jóvenes y los profesores universitarios, se trata del programa Erasmus – el nombre del programa es, al mismo tiempo, un acrónimo de la versión en inglés del plan de acción de la comunidad europea para la movilidad de estudiantes y un homenaje a Erasmo de Rotterdam -. Con la financiación de sus estados, estudiantes y profesores transitan masivamente por las universidades, aprendiendo varios idiomas y construyendo la integración cultural.

A manera de ejemplo, esta semana inicié un seminario sobre Género y Paz con la participación de estudiantes de varios doctorados y maestrías de procedencias disímiles: franceses, italianos, polacos, españoles; también jordanos, marroquíes, argentinos y mexicanos. La mayoría de los europeos están financiados por el programa Erasmus y su propósito central es hablar el idioma de Castilla; los estudiantes de otros países casi siempre llegan financiados con becas obtenidas en el marco de la cooperación internacional.

Desde luego, con Erasmus se propician los encuentros interculturales: las calles están inundadas de jóvenes que se congregan alrededor de la política (hay una discusión estimulante sobre el significado actual de la Izquierda) la poesía o la música y el alcohol - hace poco se organizó un encuentro de bebedores de cerveza que reunió más de 140.000 personas en Granada -. Pero quizá un asunto no dicho de Erasmus es la integración de las genitalidades europeas: “si los jóvenes ligan, se enamoran, follan y se reproducen, podremos tener una Europa realmente unida”. Le oí decir a alguien con expresión de orgullo y sacrificio.




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