miércoles, 25 de marzo de 2009

Colombia: muy mentada


Por Carlos Ricardo




Hace años (dicen que más de 20), Daniel Samper Pizano escribió una columna con ese título, que en su particular humor describía las muchas ocasiones en que el amado país aparecía nombrado (mentado decía él) en diferentes sitios y circunstancias. Las menciones, que en ocasiones mentadas, variaban desde las apetecibles en libros de cocina, hasta las de cocinas no tan gastronómicas, como en las del narcotráfico.
La costumbre ha persistido en eso de mentar a Colombia y algunos columnistas han continuado su labor, un poco más asépticamente, un poco más formalmente, como lo hace un Bloggero de “El Tiempo”


En mi reciente viaje por Chile y Argentina, la aparición de Colombia fue una constante en variadas circunstancias, como lo referiré.
En Santiago de Chile, durante una incursión por la zona bohemia de Bellavista, entre botellas de cerveza, cocktailes de pisco, vinos de todas las denominaciones y orígenes, en la marquesina de un negocio alcancé a ver un nombre inquietantemente familiar: “La Casa en el aire”. De inmediato Escalona hizo aparición en mi poco formado intelecto vallenato. A renglón seguido hice lo único que quedaba por hacer: entré y pedí la carta. Aguardiente Cristal, Aguardiente Néctar, Aguadepanela, Club Colombia, Carajillo… En fin, una exhibición de la Colombia cotidiana. Y en seguida, la pregunta: ¿Quién es el dueño? Hugo. ¡Pero Hugo no era colombiano! Su historia seguramente la de muchos chilenos. Vino a Colombia, específicamente a Bogotá, luego del golpe de Estado de Pinochet. Era militante de la Juventud Comunista y debía ponerse a salvo. Durante 28 años de añoranza, miró a su Chile y promovió con los amigos colombianos todos los actos de solidaridad con sus amigos de Chile. Con otros chilenos fundó ese sitio en 1993 y continúa su labor de acercamiento de los dos países.
Lo siguiente fue conocer La Casa en el Aire. Los meseros y meseras, muchachos con camisetas negras, que en la espalda mostraban fotos de El Comandante Marcos del FZLN, Víctor Jara el inmolado cantante chileno, el Che y Salvador Allende. Las paredes mostraban afiches y convocatorias de la Brigada Ramona Parra, y las vitrinas con las infaltables “chivas” de Colombia, los jipaos y otras piezas autóctonas. Miguel Ángel interpretando todo lo conocido de Silvio Rodríguez y unas buenas botellas de un buen Malbec, hicieron una noche de aproximación chileno-colombiana. Al salir, la voz pastosa de Neruda y el Poema XV, llamaban al silencio y a recordar que ese Barrio de Bellavista era uno de los sitios preferidos del poeta cuando abandonaba La Chascona para adentrarse en su amado Santiago.




Pero en el viaje nuevamente aparecería Colombia, en situaciones más prosáicas: al abordar el Catamarán en el Lago de Todos los Santos, sobre los Andes chilenos, era notoria la multivariedad de acentos colombianos: se mezclaban paisas, vallunos, santandereanos, bogotanos y costeños, entre brasileros, argentinos, alemanes, españoles y de otros lares. De los 250 pasajeros del Catamarán "Lagos Andinos", una buena proporción provenía del suelo patrio, como lo pude comprobar con el ejercicio manido de los recreacionistas de a bordo: “A ver, ¿dónde están los colombianos?” lo siguiente fue ¡Histeria!





En Bariloche poco se habló del terruño: hubo lugar para la fiesta internacional que he referido del Año Nuevo. Pero allí, en el Hostal Tango Inn, fui yo quien trajo a colación a Colombia: había Karaoke y como la carne es débil, pues salí a cantar y los irlandeses, chinos, brasileros, franceses y uno que otro argentino bailaron Matildelina y la Gota Fría, amenizados con mi fina entonación… (piensen lo que quieran)


Y en Buenos Aires, después de recorrer los sitios emblemáticos, de sortear con éxito la congestión de las calles bonaerenses por la partida del Rally París-Dakar, una de las paradas era la Plaza de San Telmo. Y allí, entre artesanos, bailaderos de tango y otras cosas, un joven colombiano vendía su colección de fotografías de las comunidades Mapuche de Argentina y Chile. Nos contó que era sociólogo y había decidido 10 meses antes recorrer los predios indígenas de los dos países.
De regreso a casa en un taxi, el conductor inquirió sobre nuestro país de origen y remató al saber de nuestra procedencia, que éramos obviamente provenientes de “ese país centroamericano….” Pensé en enrostrarle de la apropiación que hacen los argentinos de nuestra cumbia, pero era mejor no torear su espíritu porteño…
Y en el lugar más inesperado, apareció de nuevo Colombia: en Isla Negra, la casa de Pablo Neruda. Ya habíamos recorrido La Sebastiana, la otra residencia del Poeta en Valparaíso y estábamos preparados para la experiencia de Isla Negra. Y allí, entre Botalones de proa, libros, evocaciones marinas de todos los tipos y espacios en donde se respiraba la privacidad del Nobel y de Matilde Urrutia, estaba la colección de mariposas. Entre ellas, la Morphus, mariposa propia del Eje Cafetero, de las montañas caldenses y de sus cafetales. Ese ejemplar seguramente nunca alcanzó los altos valores que hoy pagan los nuevos ricos en Miami por una de ellas viva, pero estaba allí, acompañando quizá a alguna de las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia.



Si, Colombia muy mentada….

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Colombia tal parece que esta perdida, tal vez afuera encontremos una Colombia mejor y mas amable.

Anónimo dijo...

A propósito de tu conversación con el taxista, una mujer jordana me contó hace poco que en las reuniones sociales le preguntan con frecuencia - y toda seriedad- que si Jordania es el estado gringo donde nació Michael Jordan.

Chao

Mario