lunes, 23 de febrero de 2009

LOS CELULARES.



OSCAR ROBLEDO HOYOS *


Fue grata su llamada y sobretodo como ñapa su insistencia con un indisciplinado como yo que nunca esta listo. Siempre los afanes del día me alejan del teléfono y cuando finalmente me reporto ha pasado medio mundo por sus entrañas silenciosas. Empieza entonces la dolorosa reconstrucción de las llamadas perdidas, de las razones embolatadas, de los deseos frustrados, de las dichas y las alegrías que se pospusieron para un día siguiente.

¡Pobres teléfonos fijos tan estáticos, tan lentos, tan pasado de moda y “haciendo el oso”, en una palabra, tan premodernos! todo el mundo se quiere salir de ellos, las empresas telefónicas prácticamente los regalan, los “enciman” en toda promoción o combo, es un problema porque nadie los quiere recibir y salirse de ellos ha terminado por ser un problema. No así los posmodernos que en España llaman “móviles”, en Francia “portables” y en Latinoamérica apenas llegan a las estructuras elementales de la célula, simplemente los “celulares”. No ciertamente por su soledad o su aislamiento que no lo son, por el contrario, son vivaces, entrometidos, irritables e irritantes. Molestan todo el día y nos despiertan implacables en las altas hora del sueño o en las primeras horas del amanecer cuando todo esta en ciernes y el mundo aún no ha sido creado y todo es posible por la voluntad de un dios todopoderoso que emerge como demiurgo a llamar a la existencia todas las cosas como en el Génesis. ¡Qué rabia y qué fastidio que suene implacable como recluta en los cuarteles al toque de diana cuando todo es penumbra y sueños y él, el bendito celular, sigue implacable y nosotros asustados como venidos de un planeta distante bregamos a encontrar su cuello en medio de la noche para cortárselo de un tirón y tirarlo por la ventana.
No, definitivamente no es por la soledad amniótica de la célula sola sino por su poder taladrante a toda hora como último rey de la tecnología que nos invade y nos despierta para hacernos sentir la impotencia de un ser en pijama enredado en las cobijas. Soledad tal vez pero la nuestra, profanada de una vez y para siempre por este adminiculo de tercera y esperamos que no cuarta o quinta generación porque nos volveríamos locos de remate para siempre.

Celulares tal vez por aquello de su multiplicación milagrosa como los panes y los peces en las orillas del mar de Galilea. Los venden de todos los tamaños, de todos los gritos, con toda grosería incluida, con flatulencias inodoras y rancheras de padre y señor hijo Fernández. Su uso se expande como aceite en todos los estratos socioeconómicos, ruedan por los caminos rurales, cuelgan de las ramas más altas del cafeto o se incrustan de en las orejas como un pirsin o arete. Lo lleva la empleada domestica y la patrona. Nos suministra el placebo de habernos nivelado de clase sin pasar necesariamente por la revolución de los corifeos del marxismo ortodoxo. Su generación de la nada, del viento, o de un pedazo de trapo sucio así se oponga el doctor Lázzaro Spalanzani , con la espontaneidad del surgimiento de las ratas y las cucarachas esta mas cerca de los marxismos nuevos, aquellos que han flexibilizado la caída del capitalismo y se han acomodado a los vientos asfixiantes de la ola neoconservadora que algunos empresarios para sacar pecho llaman neoliberal pero que de liberal solo tiene el que puedan ser adquiridos por cualquiera, en cualquier parte del cosmos – haga de cuenta como tomar Coca-Cola o afeitarse con Gillette - en toda esquina de barrio o a cada paso de las avenidas de las ciudades del planeta.

Por culpa de su intromisión en todos los asuntos y en todas partes y en todas las relaciones sociales hemos estado al borde de la histeria, de la separación matrimonial, del rompimiento de un negocio o en manos de la Dian o la Fiscalía. Todo pasa por su conducto misterioso y lo mas raro y enojoso es que deja registro de todo perro o gata que llama a su puerta como si estuviera complotado para siempre a favor con el juramento hipocrático, el juramento a la bandera o el juramento ante el cura el día del matricidio o los votos solemnes de celibato y pobreza. Es el nuevo garante de la ley. Un Charles Bronson redivivo, el justiciero de la noche y del día, el vengador, el Terminator V con ojo mecánico, músculos acrílicos, movimientos torpes de un engendro misterioso entre ADN humano y restos de partículas siderales. Esta allí para hacer cumplir la norma y resaltar nuestros desvaríos, los que creíamos mas solipsistas y mas íntimos como que suena incluso cuando estamos con la amante para dejar la voz atronadora de la dueña de nuestros afectos requiriéndonos de inmediato en casa “con el queso parmesano y los espaguetis, ah… y no olvides que no nos caería mal una librita de champiñones frescos… ¿no es cierto mi amor?”. ¡Qué rabia, no nos deja un minuto ni un centímetro de privacidad, ni un instante al deseo de ser nosotros mismos! Por el contrario, nos ha hecho devenir seres vulgares al alcance de todo pelagatos o pelafustanillo. Y sin embargo, lo llevamos colgado a la cintura cual Sísifos modernos. El de la antigüedad clásica por lo menos llevaba una piedra que se le rodaba a cada rato pero nosotros ciertamente lo llevamos en posición mas cómoda pero a cada paso esta gritando que vamos por tal parte con tal persona hablando tales o cuales pendejadas o tramas. De tal manera adherido y amarrado a nuestra suerte y desgracia que pareciera congénito. Rajamos de él y de todos los de su clase, género y familia pero no he visto aun el primero que por dignidad o coherencia ideológica los haya mandado al carajo o les haya declarado al menos una huelga de dos o tres día. Son una lacra, una tara, unos obsesos y sin embargo no nos definimos por su erradicación definitiva; cohabitan tanto con nuestros deseos y fantasías eróticas como con nuestros impulsos tanáticos. Se adaptan a cualquier situación, mutan sorprendentemente, se acercan y distancian sorpresivamente cuando se cae la señal o como siempre, porque se les ha agotado la jodedera, perdón, la batería.

Oh ¡Cuánto odio a mi gentil centinela, a mi perro gorila que diciendo defenderme me expone y mata a cada instante!

Oh ¡Cuánto lo extraño cuando entra en Romming internacional y me deja hablando al vacio, interrogando el sistema sideral o las estrellas titilantes ... porque su mutismo me deja viendo estrellas … de rabia… de soledad… porque definitivamente, sin este mi guardián, “Mi César” y “Mis Gafas”, no podría dar jaque a este mundo plus moderno y cibernético!

Ciao, ciao amigos ….

¡Hasta que nos topemos en el celu!

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* Sociólogo.

Manizales, miércoles febrero 18/09

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