domingo, 28 de diciembre de 2008

Amarga Navidad.






OSCAR ROBLEDO HOYOS *

· Los grandes torrenciales, los damnificados de El Plato - Magdalena, el ganado flotando rio abajo, las madres con los niños al hombro y el agua a la cintura, el dispositivo de ciclones y huracanes martillando su furia contra inermes poblaciones rivereñas y los lideres políticos, “flamantes”, con la Cruz de la Inconsciencia en la frente, cicateando una aspirina para éste paciente, el Planeta Tierra.

Un S.O.S. que no entiende la Política y una política que no entiende los últimos estertores de un enfermo terminal que clama y expone sus heridas entre los pasos de todos nosotros, a la vista de manera permanente, en la TV, en los periódicos, en las cartillas, en el cine, en los noticieros de la mañana, el mediodía y la noche pero que finalmente no encuentra el samaritano compasivo y humanista de los evangelios.

El Planeta se nos muere entre las manos. No vienen solícitas por ningún lado las manos piadosas de La Pietá de Miguel Ángel. Con razón el editorialista del Nuevo Siglo habla de una raza suicida. “EL año que termina, sin duda alguna, marcará un antes y un después en materia de los riesgos a que se expone toda la humanidad por la forma anti-técnica, desordenada y, en opinión de no pocos ambientalistas, casi suicida como se están explotando los recursos naturales y se lleva a cabo la interacción de la raza humana con el planeta”.

· La familia Rivera Mejía de Manizales ve llegar las luces del nuevo año sin que el esposo y padre vuelva a casa. Esta ha sido una navidad dolorosa para este hogar y estos hijos. La imaginación se nubla de relámpagos y frio cuando se piensa en Samuel perdido, las luces de su razón opacas, su corazón desfalleciente y toda la incertidumbre de su regreso a casa. ¿Donde?, ¿Con quien? ¿Porque?, ¿En que condiciones? ¿Hasta cuando? Ha sido una espera larga y profunda en la Hora Oscura, cuando faltan los soportes de la racionalidad y la esperanza parece también licuarse en las aguas del invierno. Un infante que aparece entre luces, juguetes, “pitillos y tambores” que no llega con el regalo del retorno a esta familia tan querida, nos coloca por vez primera – por sentirlo tan cerca – en la vivencia de un adviento y una navidad amargos.

· La familia Corrales Giraldo en un absurdo accidente en Santágueda acaba de perder a su madre. Todo era dicha: reencuentro, despedida, bendiciones, esperanzas. Doña Lucy en pocos días iría a visitar a una de sus hijas. Y, de un momento a otro, todo ese escenario se preña de pésimos presagios, de imágenes escalofriantes, de un dolor insoportable; carreras contra un reloj infinito con las luces de los quirófanos titilando sobre el espíritu, con muy pocas esperanzas. Y finalmente la muerte, incómoda visitante, ha arrebatado la vida de XX.

Ha sido este un cierre de año con una Navidad de difícil digestión. Creo que se quedará colgada de la memoria como una espada ardiente. Esta vez, la hemos visto diferente con su vestido de muerte.

Nuestras condolencias a las familias y al mundo, que el Señor nos tenga de su mano y nos abra un camino de esperanza en medio de las asperezas de los acontecimientos y los signos.


*Sociólogo.
Manizales, Diciembre 27 de 2008.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Faltan algunos regalos de año nuevo como el salario mínimo, la inflación y los nombramientos...

Feliz año

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

En la Universidad de Antioquia,yo tuve un Alberto como el de tu cuento, sólo que el no era un estudiante, era el profesor.
Felicitaciones,- no quiero parecerme al «Cuenta Huesos», pero Buenísimo, buenísimo.
Rodrigo