jueves, 6 de noviembre de 2008

Mesa de café



NOTA A UN AMIGO:


Óscar Robledo Hoyos *




Il mundo e grigio… il mundo e blu”
(Nicola di Bari)




)

Esta mañana traté de levantar su cuerpo rígido que envolvía la neblina en su cuarto de la vereda La Palma. (1) La mano derecha se vengó sobre la izquierda de sus fotos periodísticas. Lo encontré como un feto sorprendido con la muerte, como una figura agonista de la vieja Pompeya. La mano derecha aferrada al labio, como un parto en medio de los horrores de la noche. Lo debe haber visitado un dolor feroz, una punzada aleve a su corazón que ahora apenas visitaban las gasas caprichosas del hastío.

Luis Gonzalo Arboleda no fue pensador de “gauche” más bien de las derechas agropecuarias aunque a sus columnas en La Patria no faltaron el picante del reclamo social y las puyas de un ingenio que se columpiaba entre los precipicios del análisis critico y las aspiraciones espirituales de los maestros del yoga. Amparito como una furia griega se amarraba a esta hora de la mañana a una columna de la casa, los ojos perdidos por entre las costillas de un techo descarnado. Sarita, la vieja perra color marrón, divagaba entre las tejas arrumadas en el suelo. Los obreros no comprendían la vagancia de las escaleras y el misterio de un cadáver atravesado en una de las piezas que decretaba la cuarentena a las rutinas de la refacción. Los encontré de pié, en un asueto inesperado como un grito goyesco frente a la parca desatada entre las ruinas de la mañana.

En los últimos años se acogió imperceptiblemente al pensamiento oriental, al yoga, al budismo, al tao…. compraba o alquilaba espacios para torear el aburrimiento de las noticias diarias del paramilitarismo al que siempre, decía, era ajeno el Uribismo. Alquilaba burladeros para las críticas al régimen aunque hay que decir que “ultimadamente” – como gustaba decir siguiendo el parlache de sus grandes amigos los campesinos – estaba medio “mamao” de tantos tires y encojes, afirmaciones y desmentidos, de si pero no, de exaltaciones y correcciones al día siguiente o del presidente o sus áulicos,… ej., el Obdulio coronado por un huevo del Espiritu Santo que le dió por decir que los desplazados de veredas y pueblos eran simplemente “migrantes” de viaje por las ciudades. Tanto, que nos ponía en los correos electrónicos un OMMMMMMMMMMM gigante ….. el mas perfecto de los Karmas para terminar con esta frase llena de presagios: “Que el silencio grite; que el sonido calle”…….

Las semanas próximas a su muerte fueron un desvarío completo. Una lucha contra el silencio que lo invadía pero también contra el sonido que quería seguir produciendo con sus comunicaciones casi que exigidas y forzadas por amigos y familiares. Hacia meses se venia desplomando. Todo él era un arrebato de pañuelos blancos en los balcones o en las aceras antiguas de los trenes de la tarde.

Me había presionado a hacer un pacto de no morirnos hasta los noventa. Le expresé que tal vez no podría hacer honra a mi apellido pues la meta me parecía digna del verbo huracanado de los “Leopardos” con Silvio Villegas a la cabeza y Eliseo Arango, Joaquín Fidalgo Hermida y José Camacho Carreño. Me alegó el testimonio de Emilio Robledo Uribe el longevo constitucionalista a quien la W-Radio rindió testimonio de admiración por viejo y aprecio por ser haber sido maestro de generaciones de juristas. Fue difícil salirme por la tangente, pues de inmediato el columnista de “Mesa de Café” se vino con el recuento apabullante de los años del viejo Emilio Robledo Correa quien legara todo su periplo por las disciplinas a la biblioteca de la Universidad de Caldas de donde era egresado.

De ese pacto tan apasionadamente sugerido y exigido contra mi voluntad, en los arreboles del Cauca con sonidos de becerros, olores a ubres llenas, yerbabuenas y … parpadeo de luceros, “´éste Chalo” del alma fue el primer infractor. Fue contra su voluntad. La cardióloga de Pereira le había dicho: “Tu corazón no funciona”. Le había entrado el “Tedium Vitae” de los romanos decadentes. Recordando a César Vallejo decía: “Es para eso, que morimos tanto? / Para sólo morir, / Tenemos que morir a cada instante? / Y el párrafo que escribo? / Y el corchete deísta que enarbolo? / Y el batallón en que perdí mi casco?/ Y la llave que va a todas las puertas? / Y la forense diéresis, la mano, / mi patata y mi carne y mi contradicción bajo la sábana?” (2) La semana anterior me dijo: “Este pendejo no me hace caso, le dan unas dormideras que me dejan sin aliento”. Es por eso que le cogió la tarde tanto para empezar las sesiones de quelación como para dar respuesta a muchas inquietudes de sus lectores; andaba en diálogos con la muerte.

Uds. Comprenderán la ausencia de sus comentarios. Luis Gonzalo Arboleda incumplió un reto conmigo y también con Uds. amables lectores. Uds. lo leían cuando el periódico les caía en mano sin que mediara compromiso o reto. Uds. lo dejarán de leer como desaparece una letra, como deja de existir una estrella en el firmamento de una noche en el Cauca, para mi la desaparición de Luis Gonzalo –amigo carísimo- es como una grapa de sombra en un espacio muy sensitivo de mi alma.

A Amparito e hijos mis condolencias.

*SOCIÓLOGO

Manizales, noviembre 2008.

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(1) Luis Gonzalo Arboleda, fue agrónomo egresado de la Universidad de Caldas, infatigable trabajador directivo del Sena Regional Caldas, como Jefe de su Unidad Agropecuaria. Amó su oficio y su institución con una pasión desbordada casi desde el momento de su grado. Vivió y murió en el culto de ese amor, “en olor de santidad”. Inteligente, sensitivo, desdeñoso, entraba en pena con la muerte de un pájaro o la interrupción de la marcha irreverente de una “arriera” con su carga amorosa. Murió en la su vereda la Palma al amanecer el 4 de un dia jueves, a lo César Vallejo, el 25 de septiembre de éste año 2008. Su noche tuvo que ser una batalla y si llegó al amanecer fue para ”madrugar poeta, nómada, al crudísimo dia de ser hombre” (Desnudo en barro), porque supo como ninguno acompañar la cartilla tecnológica con el arte de suspirar en el juego infantil de las palabras.

(2) Sermón sobre la muerte.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Un par de semana antes de su muerte nos encontramos en Juan Valdez; tomamos tinto a sorbitos, prendimos un par de cigarrillos y Luis Gonzalo se dejó venir con un par de historias frescas y descaradas sobre el estado fisiológico de su corazón.

Hablamos de las novelas de Vallejo y le torcimos, sin pudor, la vida privada a algunos amigos comunes y presentes.

Una hora y media más tarde nos levantamos de la mesa con la cara adolorida de tanto reirnos.

Mario

Anónimo dijo...

Carlos Ricardo querido ¿esa foto no es de Jorge Iván Gómez?

Anónimo dijo...

FAVOR COLOCAR LA VERDADERA Y DOS NOTAS DE PIE DE PAGINA.
GRACIAS CARLOS RICARDO,
OSCARO.

Anónimo dijo...

la foto es de cachucha, gafas y los dedos de la mano izquierda sobre los labios. Se encuentra en todas sus columnas de MESA DE CAFE.

la primera nota de pie de pagina ayuda al lector a hacerse una idea del personaje. favor!

gracias.
oscaro.

Anónimo dijo...

De muchas maneras celebreo qué, asi sea de difunto, Luis Gonzalo acompañe lalocadelacasa...

Anónimo dijo...

ESTA COMO ARISCA ESTA NOTA, PUES AHORA VIENE BIEN CON LA FOTO Y EL PIE DE PAGINA PERO SE ESFUMÓ EL CUERPO DEL DELITO. SERÁ OTRA JUGARRETA DEL CHALO?. DEBE ESTAR MURIENDOSE DE LA RISA "DE LO QUE ALGUNOS NO ACOSTUMBRAN" POR ANDAR TOMANDOSE EN SERIO.

LUIS GONZALO POR SU ESPIRITU BURLON Y ANDARIEGO ERA UNO DE LA LOCA. Y ESE ESTADO DE ANIMO Y ESA ENVERGADURA.. ES EL ESPACIO PROPIO DE SUS HABITANTES.

LO QUE MAS ME GUSTA!

OSCARO.

Anónimo dijo...

Oscar: Sólo puedo darte un gran abrazo de acompañamiento por la muerte de tu amigo. No lo conocí hasta ahora con tu escrito.
Rodrigo

Anónimo dijo...

Formidable, Oscaro eres delantero nato!

Anónimo dijo...

Sobre su escritorio de funcionario del SENA, Luis Gonzálo tenía un letrero que decía: "por favor no respire que estoy fumando".

ML