domingo, 16 de noviembre de 2008

EL BAILE DE MANUELA




Mario Hernán López.

Ya habían pasado más de diez años desde la última celebración en familia de una fiesta de quince. Las imágenes de esa noche quedaron para siempre en la memoria de los sesenta invitados: los tres brindis con champaña, el baile del vals de la quinceañera repetido y torpe con muchachos tímidos en la pista, el discurso sentido del papá mientras sostenía una copa temblorosa, la alegría total de las tías decoradas con peinados altos que se destripaban a la media noche con el bailoteo, las regalos en cajas de todos los tamaños envueltos con papeles de colores y amarrados con moños de ojo grande, la música tropical a todo volumen, la serenata tristona a la media noche.

Como las cosas han cambiado tanto, para celebrar los quince de Manuela hicimos un curso intensivo de lenguaje juvenil tratando de comprender y asimilar los rituales de estos tiempos. Sabíamos de antemano que la fiesta debía tener un DJ: alguien que organiza el baile, escoge a su antojo la música y ocupa el lugar que por siempre ha tenido el discómano en las fiestas tradicionales.

Resuelto el primer asunto, debía solucionarse el problema de los músicos para la ocasión; consultamos algunos expertos:

- ¿Quiere punk rock refinado, ska, metal, funk, neo punk, chil out, tropipop, metal gótico, tecno, trans, dans, Hip-Hop? ¿Es una fiesta de emos?

La pregunta era incomprensible. Para cualquiera que se encuentre por encima de los treinta años esas denominaciones parecen referirse a músicas hechas para animar una fiesta con Lucifer. Frente a la dificultad para tomar una decisión fue necesario consultar algunos jóvenes de la familia: “Llévele un grupo de Ska”. Propuso el que suele usar ropas estrafalarias durante toda la semana.

Una mañana desperté con una idea que parecía espléndida para animar la fiesta: un par de mimos llegaban con indumentarias negras, los rostros pintados de blanco y dos canastas con flores púrpuras que eran distribuidas delicadamente entre las mujeres. Al llegar al fondo del salón los mimos hacían juegos con cintas multicolores, arrojaban al aire objetos fosforescentes y la fiesta adquiría una bella teatralidad. Era hora de buscar otro consejero:

- Usted está loco, dijo, pero si quiere le busco los actores con el traje negro y las cintas.

Con todo detalle le conté el sueño a mi mujer, no pareció muy convencida de la propuesta. Busqué algunos amigos veteranos en esa batalla, todos coincidieron en que se trataba de una idea bonita pero debía consultarla con Manuela. “¡Ni se te ocurra!” Respondió, recordándome que habitamos dos mundos en el que cada uno acumula, saca cosas a cuenta gotas y oculta los pedazos deslucidos por el tiempo.

A Manuela le aprendemos de sus gustos musicales, de los gestos ensayados en el espejo, de la forma minimalista de conversar con los amigos, de las maneras naturales en que expresa su cariño, de los temores fundados cuando queremos entrar sin permiso en su intimidad. Ahora que celebra sus quince años, sin advertirlo y al mismo tiempo deseándolo, ella cambia el color de las cosas, la forma de mirar, la duración de las noches, el tamaño de los secretos, el sabor de los besos.

Esa noche abrazamos a Manuela, le dimos las gracias por habernos escogido para acompañarla en la celebración, dejamos que el volumen del ska y el rock le destripara lentamente el peinado a las tías educadas y risueñas mientras los jóvenes saltaban en la pista poseídos por la alegría de un baile con el diablo.

3 comentarios:

adiela dijo...

Hola Mario, al fin he podido entrar en la web y ha sido maravilloso encontrarme con esta "conversación" sobre los 15 de Manuela; me ha emocionado mucho y confirma lo dicho...el tiempo pasa... y nuestra jerga intelectual nada tiene que ver con el lenguaje sutil y minimalista de los sms o de las conversaciones en vivo de nuestros queridos jóvenes. A propósito que es el o la ska...y los otros bailes o ritmos? Ilustrame ya que antes de la fiesta hiciste un Máster con las respectivas averiguaciones. Un beso, Adiela

Anónimo dijo...

Adiela. Una tarde encontré un personaje en el Hall de la Universidad que ofrecía música bajada de la red; el tipo tenía más de doscientos ritmos y varaciones del metal y el funk completamente dosconocidos para cualquier mortal que sobrepase los treinta años.

De todas maneras te llevaré Ska a Málaga.

Saludos.

Mario

Anónimo dijo...

Padres como vos pocos, ideas como las tuyas, me atrevo a decir que solo tienen tu nombre, que momento sublime fue leerte...